Sonorama Ribera

Ajenjo: «¡Ha sido brutal!»

El director del festival asegura haber vivido un sueño un año más y condiciona la próxima edición a la habilitación del nuevo recinto: «Hay que ser responsables. Este verano ha sido un tránsito»

El concierto de Izal el sábado por la noche se convirtió en uno de los más multitudinarios de esta edición.
Rodrigo Mena-Sonorama Ribera

A.S.R.

«¡Ha sido brutal!». Estas tres palabras bastan a Javier Ajenjo para definir la edición 21 del Sonorama Ribera horas antes de poner la guinda con los conciertos en la zona de acampada. El director, que ayer celebraba su cumpleaños, asegura haber vivido un sueño un año más. «Los objetivos se han cumplido. Hemos tenido un festival mejor. Estamos muy contentos con la calidad en sonido, artistas y repercusión. Volvemos a ser una referencia en la escena nacional. Ha sido brutal», resume consciente de que aún quedan flecos.

«Hemos hecho parte de los deberes que teníamos. A pesar de contar con el mismo recinto, hemos mejorado, aunque la comodidad de antes, con 20.000 personas, es difícil que vuelva», dice al tiempo que condiciona la celebración de la próxima edición a la habilitación del nuevo espacio (la parcela que está frente al aparcamiento de camiones, que se extendería hasta el río). Espera sentarse con el Ayuntamiento lo antes posible para ponerse manos a la obra y llegar a tiempo.

«Sin ese nuevo recinto no habrá festival. Hay que ser responsables. Este año ha sido un tránsito complicado, hemos tenido que invertir un montón de dinero para tener más metros, pero no se puede depender del parque de Bomberos o de una entidad privada como es Asebutra. Queremos utilizar lo que es de todos los arandinos», señala y apostilla que «será un parque para toda la ciudad que le va a permitir tener un nuevo recinto a Sonorama, no es algo para nosotros solo, es algo que permitirá mejorar nuestro pueblo».

Sonorama quiere más, pero no a cualquier precio, por lo que, en palabras de Ajenjo, es esencial «equilibrar un festival profesional con el corazón, con esa gente que no deja de luchar por su tierra y de creer en un sueño que se llama Sonorama Ribera. Esto se ha convertido en un monstruo y necesitamos reforzar nuestras posiciones con gente que nos ayude a ser mejores».

Se quita el sombrero ante el trabajo de Policía, Cruz Roja y Protección Civil, responsables de que no se haya registrado ninguna incidencia reseñable. «El mejor público de España lo tenemos en Aranda de Duero», advierte, aunque reconoce que en una ciudad que duplica su población surjan inconvenientes y molestias. «Pero damos pasitos. Ayer (por el sábado) conseguimos que la propia gente limpiara el parque de la Isla», ejemplifica.

Cifra en casi 25.000 personas (incluidos los artistas, la gente que los acompaña y demás invitados) las que se han juntado cada noche en el recinto ferial, pero incalculable resulta dar el dato de quienes toman las calles durante el día. «Habrá 30.000 personas tranquilamente, doblaremos nuestra población, y esto se deja notar en todos los sitios. Nadie imaginaba que esto pudiera pasar en un agosto castellano», aventura.

Los cartelones que adornan la mayoría de los bares del centro (y no solo) con ofertas de cachis y bocadillos y la animación a la hora del vermú dan fe del beneficio que Sonorama deja en la ciudad.
El éxito de la plaza del Trigo es indiscutible. Poco más que decir. Varry Brava, por sorpresa, Cala Vento, El Meister y Comandante Twin volvieron a convertirla ayer en una fiesta. La Sal y el Rollo, más que asentadas.

Y los últimos escenarios incorporados al festival de día ganan terreno. La nueva ubicación del de Santa Catalina, en el patio del centro cívico, ha sido un acierto, aunque, matiza el director, hacen falta mejoras como la dotación de un techo en la escena, la habilitación de espacios de sombra o la instalación de una barra, «aunque también hemos decidido no ponerla para que pudieran trabajar los bares del barrio». Mientras, el Charco va viento en popa, con cada vez más adeptos a esa suerte de oasis.

Las novedades en el recinto ferial también han funcionado bien. El Escenario Humor, a rebosar. El Sonorama Baby, «imparable». Tanto que, bromea Ajenjo, como se despisten va a superar al grande. «Lo más importante es que estamos haciendo cantera, que los niños entienden que la cultura tiene un coste», observa feliz de verle crecer.

Otro acierto ha sido la separación de los escenarios y de la zona de restauración y el mercadillo, este año en parte del aparcamiento de camiones. «Se ha desahogado una parte importante del recinto», apunta el representante de la Asociación Art de Troya, alma de esta cita comprometida, además, con un puñado de causas, desde la del Tren Directo a la feminista pasando por los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El éxito del escenario de humor abre la puerta a otras artes
Javier Ajenjo vuelve a escoger el adjetivo brutal para referirse al devenir del Escenario Humor, puesto en marcha esta edición, inédito en un festival de música y que ha sido un éxito. Todas las noches ha estado a tope, con gente que se ha tenido que quedar fuera. Con todo, el director baja el entusiasmo y detecta aspectos a mejorar sugeridos por los propios artistas. Por ejemplo, la ubicación. No puede estar tan cerca de los escenarios musicales. Contra su sonido han tenido que luchar la treintena de monologuistas que han pasado por él (Loulogio, Agustín Durán, Enrique San Francisco, David Navarro, El Niño de la Hipoteca, Pantomima Full...).

«¿Cabe? Perfectamente. Ha sido un éxito a nivel de abrir una vía de expresión dentro del festival que no se había producido en este país nunca y vamos a seguir trabajando ahí para que algún día en Sonorama pueda haber teatro independiente, danza o cualquier otra disciplina. Queremos que haya oportunidades para todos», remarca entusiasmado.

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