Patrimonio religioso

Como si no hubieran pasado los años por ella

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad restaura su talla con la vuelta a la policromía de 1932 y la colocación de cuatro lágrimas de cristal

El rostro de la imagen mantenía la carnación de los años 30.
Israel L. Murillo

A.S.R.

El paso por el quirófano ha permitido a la Virgen de la Soledad recuperar el esplendor arrebatado por el paso de los años, el humo de las velas y otras calamidades que habían hecho mella en esta talla realizada entre 1903 y 1905 por el célebre imaginero Ildefonso Serra. La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santiago creyó un buen momento intervenir en esta imagen y la puso en manos del restaurador Fran del Hoyo, que trabajó durante dos meses a contrarreloj para hacer coincidir su presentación con el 25 de julio.
La última vez que se había metido mano a la Virgen de la Soledad fue en 1992. Florentino Lomillo realizó una repolicromía que con el tiempo estaba tornando en amarillenta. La Cofradía decidió atajarlo. Encargó un estudio para ver el estado. Se hizo una cata en uno de los pies, que estaba roto, y se detectó el avanzado deterioro de la policromía subyacente.

«Se decidió hacer una nueva, pero cuando empecé a limpiarla, en un proceso costoso porque fue a punta de bisturí, levantando capa a capa hasta llegar a la original, la sorpresa fue que en el rostro sí mantenía esa pintura original, que no era la primigenia, la de primeros de siglo, porque esta sufrió un incendio en los años treinta que obligó a hacer una repolicromía, llevada a cabo por el imaginero burgalés Eulogio Valladolid, que se pudo recuperar y ver cómo eran los colores originales. Se decidió volver al tono de esos años treinta porque si lo hacíamos al de antes del fuego nos arriesgábamos a perder las dos», se explaya Del Hoyo.

Y para conseguirlo ha recurrido a técnicas de viejos imagineros. El restaurador ha trabajado mediante veladuras y con óleo a la vejiga, técnica usada en las carnaciones del siglo XVIII, una suerte de barniz que va cubriendo poco a poco las deformaciones de la pieza hasta conseguir el tono original.

«Se sellaron todas las grietas, que tenía muchas debido al movimiento que hace perder flexibilidad a las colas usadas, y se sustituyeron los elementos de anclaje por otros más modernos y menos dañinos para la obra», explica y agrega que además se ha limpiado la capa de suciedad que cubría la base y aflorado «un marmolado muy bonito» que tenía.

Más subjetivo, apostilla, es otro de los cambios introducidos. Se han colocado cuatro lágrimas de cristal en vez de las 17 que había pintado Lomillo en su restauración en los años noventa. «Eran demasiadas porque originalmente solo tenía cuatro», anota. Añade que se han hecho de cristal y se ha huido del «barroquismo de las lágrimas de las tallas andaluzas, las nuestras son mínimas pero buscan resaltar el sentimiento de la Soledad».

«Esta operación ha servido para ponerla a punto y devolverla a un estado no primigenio pero sí intermedio después del incendio», concluye Fran del Hoyo al tiempo que advierte que no se trata solo de recuperar su aspecto físico, sino también el simbólico: «Es una Virgen que en Burgos está muy arraigada y a la que se profesa mucha devoción, que brinda un doble peligro, porque la gente puede decir ‘esta no es mi Virgen, me la han cambiado’».

El responsable del trabajo ha dispuesto de poca documentación para ejecutarlo. Apenas hay fotografías de las primeras salidas de la Soledad y las que existen son en blanco y negro. Tampoco aparecen documentos más allá de un libro escrito por el mayordomo de la Cofradía, Alfonso Díez.

«Como es del siglo XX, muchas veces no se le da importancia hasta que pasa el tiempo y va tomando protagonismo. Se infravalora el patrimonio de ese siglo, pensamos que no tiene la calidad y escultóricamente es muy buena», remacha este restaurador, que, tras más de veinte años en este mundo, sabe de lo que habla.

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