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Alonso se prepara como un triatleta para resistir un calendario de locura - El Correo de Burgos

EL ÚLTIMO GRAN RETO DEL 'NANO'

Alonso se prepara como un triatleta para resistir un calendario de locura

El bicampeón asturiano, como Leo Messi, prefiere correr, competir, que entrenarse por eso añade el Mundial de resistencia al de F-1. Jefes de equipo, preparadores e, incluso, compañeros de parrilla, le recomiendan que no tiene sentido que intente semejante reto

Fernando Alonso, con las pesas, en su gimnasio.
EL PERIÓDICO

MIGUEL MARTÍNEZ

Participar, lo que se dice participar, quizá esté al alcance de algunos, de un puñado de atletas. Puede que haya un pequeño grupo de chiflados que no quiera disfrutar de un solo día de descanso en un año, en toda una temporada, capaces de adaptar su cuerpo y su mente a carreras de F-1 al sprint de hora y media, y pruebas maratonianas de resistencia de 6 o 24 horas. Que afronte ese reto con la intención de ganar carreras en las dos disciplinas y al menos un título, solo hay uno. Es Fernando Alonso, y no, no está cuerdo.

Los preparadores físicos se lo desaconsejan, los pilotos amigos, como Mark Webber, que pasó de la resistencia a la F-1, y de la F-1 a la resistencia, se lo quieren quitar de la cabeza —«está loco si lo intenta», dice el australiano— la mayoría de los jefes de equipos dicen que no se lo consentirían a ninguno de sus pilotos —«es imposible rendir al 100% en los dos mundiales», apuesta Christian Horner, de Red Bull—, pero a Fernando Alonso le entra por un oído y le sale por otro. Lo que le aburre es pasar un fin de semana sin competir.  Alonso, como Leo Messi, quiere jugar siempre. Menos rondos y más partidos. Por eso el Nano se ha construido, en su Asturias querida, su propio circuito de karting, para no parar. «Por mí, correría todos los fines de semana», solía decir Fernando. Alonso se ha metido en la cabeza ganar el Mundial de Resistencia y luchar por las victorias y podios con el McLaren-Renault de F-1.

Los coches no se parecen en nada. Uno es tracción trasera, otro tracción total; uno carrozado, el otro, monoplaza; uno esta diseñado para hacer una carrera de hora y media, otro para 6 o 24; uno con tus propios reglajes y, en el otro, debes compartir asiento, cinturones, estrategia y reglajes con otros dos pilotos… «Eso es lo más extraño», dijo tras bajarse del coche de Daytona, con los músculos entumecidos. Fue a finales de enero. Fue su primer contacto con la especialidad de resistencia, una pequeña muestra de lo que le espera.

El ciclismo, lo más divertido
De momento, lo que hace es entrenarse a lo bestia físicamente, trabajar el cuello, los brazos y, sobre todo, lo que se denomina core, el centro del cuerpo que más sufre las fuerzas del coche. Con menos de 50 pulsaciones en reposo, se ha entrenado con equipos y corredores profesionales de ciclismo como Carlos Sastre, Chechu Rubiera o Samuel Sánchez. «El ciclismo es lo que más me gusta; correr, lo que peor llevo. El gimnasio o la natación no me disgusta». Y lo peor es que no puede buscar toda la fuerza, toda la explosividad, toda la resistencia que quisiera, porque, además, y esto es ya para nota, debe  bajar el peso de un cuerpo donde no hay un gramo de grasa.

Adelgazar como sea
La introducción del Halo —el arco de seguridad sobre la cabeza del piloto— en los coches de F-1 para 2018 elevará el peso de los monoplazas unos 15 kilos y llegarán o sobrepasarán el peso mínimo de 732 kilos que se comprueba con el piloto sentando en el monoplaza. Así que cada kilo que el piloto tenga de más, será para añadir al conjunto. Y en F-1, 10 kilos suponen cuatro décimas de penalización por vuelta, mas o menos la diferencia entre el primero y el cuarto en la clasificación.

El 2019, el peso del piloto se contemplará aparte, por el reglamento, no se medirá junto al del coche, pero este año toca sufrir y adelgazar, y eso complica la preparación de quien quiere abordar dos mundiales como Alonso. Junto a Edoardo Bendinelli y Frabizzio Borra, sus dos preparadores, diseña la pretemporada. En 2015, otro año de exigencia por el peso mínimo del coche, bajó su pesó a 62 kilos, a base de trabajo aeróbico y dieta; el año pasado llegó a 66 tras ganar masa muscular.

Dentro de dos semanas, se presentará en Montmeló con 64 kilos y un trabajo acumulado excepcional hasta hace una semana: 1.820 kilómetros sobre la bicicleta, además de 437 kilómetros corriendo y nada menos que 59 kilómetros a nado. En cuanto a otros deportes y gimnasio, el bicampeón del mundo ha dedicado 60 horas de karting. Son sus propios datos entre los que no cuenta los partidos de tenis y paddle, las jornadas de esquí... Eso para él es chatarra. Solo contabiliza el entrenamiento extremo.  Aún le queda febrero, pero lo que ha hecho hasta ahora significaría un triatlón de 1.800 kilómetros, una barbaridad, la locura de un piloto empeñado en ganar en dos mundiales antagónicos, como el día y la noche.

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