SOBRAN LAS PALABRAS

No es ciudad para jóvenes

NATALIA ESCRIBANO

BURGOS No es ciudad para jóvenes. La falta de oportunidades laborales provoca la salida de decenas de personas de la capital y del conjunto de la provincia en busca de un futuro y de otra vida que aquí no encuentran. En muchos casos no es una salida traumática porque comienza en la etapa de formación y es casi algo natural que si has estudiado en otra provincia busques trabajo en ese lugar. Las familias lo asumen como una situación normal.


Sin embargo, si se suman a esos éxodos para estudiar un grado que aquí no encuentran, el goteo de jóvenes que dicen adiós a su tierra por motivos laborales después de haberse formado aquí, este fenómeno se convierte en una sangría poblacional. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística que muestran ese éxodo indican que en el año 2016, un total de 6.757 burgaleses se marcharon de la provincia burgalesa, lo que da una media de 18 personas al día. La mayor parte más de 4.000 lo hicieron a otras provincias y el resto al extranjero. Esta provincia es incapaz de retener el talento y la juventud. Mientras esto sucede, seguimos viviendo como si nada, como si no importara, sin poner ni una tirita a la sangría poblacional.


En ciudades como Valladolid se han puesto manos a la obra y ya tienen funcionado el programa de retorno de talento para los exiliados laborales, una iniciativa que se desarrolla desde el Ayuntamiento de la capital. También la Junta de Castilla y León dispone de una iniciativa de este tipo que busca ayudar en el regreso a los ciudadanos de la región que se buscaron la vida en el extranjero y ahora quieren regresar.


Medio millón de euros es la cantidad que el Consistorio vallisoletano ha destinado a esta iniciativa durante 2017 y para este ejercicio no se escatimará el esfuerzo económico. El resultado ha sido satisfactorio para el equipo de Gobierno, 17 exiliados regresaron con las ayudas del pasado año y todos tenían buenas perspectivas laborales, de nuevo en su tierra. Algo es algo. Es una oportunidad para regresar y para sumar un vecino a la ciudad que tiene una nueva posibilidad de desarrollar su proyecto de vida en su tierra. La edad de los que decidieron regresar fue de entre 27 y 46 años y en cuanto a su formación académica una amplia mayoría eran ingenieros. Este programa comenzó como algo experimental, pero ya lo han exportado a otras ciudades españolas como Castellón, Córdoba y Barcelona. ¿Para cuándo llegará a Burgos?

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