EFECTOS SECUNDARIOS

A peatonalizar se ha dicho

VIRGINIA MARTÍN

EL PASADO DOMINGO y sin ir más lejos el viernes, los burgaleses pudimos experimentar la peatonalización de la calle Santander. Soy una firme defensora de un casco histórico peatonal, pero en esta ocasión solo puedo calificar la decisión de ‘salida de pata de banco’.
Empezaré por los días elegidos para su peatonalización, domingos y festivos. Domingos y festivos. Jornadas en las que todos los comercios de la zona- locales y grandes cadenas- cierran sus puertas para disfrutar de su merecido descanso semanal y que, como es obvio, dejan a la vía sin ningún tipo de actividad ni atractivo salvo la de comprar unos pasteles para el postre de la comida dominical.
En segundo lugar centraré la atención en la idiosincrasia de la propia vía. La calle Santander es actualmente la única vía de comunicación con la zona noroeste de la ciudad, después de que hace años se decidiera peatonalizar uno de los sentidos de la circulación de la calle San Lesmes y por ella transcurren decenas de autobuses urbanos- algunos menos los domingos y festivos- pero claves para llegar a barrios como G-3 y el propio hospital universitario o Villímar. Lo peor de este corte circulatorio es que parece sacado de la manga, sin ninguna reflexión previa y dirigido a quienes viven en la zona.
Si el objetivo de esta medida es buscar nuevos espacios públicos para los ciudadanos, creo que hay otras zonas más idóneas para conseguir tal objetivo. Véase las calles Trinidad o General Sanz Pastor para las que existen alternativas que conecten la calle San Francisco con la Avenida del Cid como la calle Azorín, y no una calle crucial para la conexión de una ciudad con un planteamiento alargado y para la que no hay alternativa si se peatonalizara de forma permanente. No, al menos, una alternativa que no implique perder aún más tiempo en el coche o en el transporte público para llegar a nuestra casa o a nuestro puesto de trabajo.
La segunda fase de peatonalización temporal es aún más insostenible y es que afectará al tramo de la calle Vitoria entre Gran Teatro y la plaza del Cid, así como a la calle San Pablo, entre la calle Progreso y la calle Valladolid. Dentro de esta segunda fase, está contemplado también el cambio de sentido de la calle San Lesmes para proponerlo como vía alternativo.
Un cambio que llega con el nuevo Plan de Movilidad Urbana aún en fase de creación y sin una adecuada reorganización del mapa de autobuses.

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