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El taco y el joder - El Correo de Burgos

LESLIE Y HAMMOND

El taco y el joder

AGUSTÍN HERRERO

DIOS LES CRÍA y ellos se juntan. Así es, ha sido y será afortunadamente per seacula seaculorum. Mariano tiene el mismo mostacho que Sacris y Roldán, diríase que los tres están cortados por el mismo patrón ácrata y de sutil percepción del devenir de la vida y el tiempo cuando pasa de los sesenta. Echo en falta los paseos con ellos a media mañana, aguas arriba del Arlanzón en domingo, hasta Fuente el Prior. Pero es el segundo, un galápago que esconde su genialidad en la sencillez que tiene en el hablar y sonreír pícaro. La semana pasada ha inaugurado una tremenda exposición de fotografía en la sala de Fundación Caja Círculo de Plaza España a la que asistió la gente guapa de la ciudad, amén de amigos incondicionales. Por cierto, prometí mi presencia y no cumplí por cuestiones que no vienen al caso y bien pueden ponerse como escusa. Al día siguiente se leía en prensa y demás, el éxito del estreno al que el mismísimo Juanvi Herrera, presidente de la Junta de Castilla y León cumplió lo prometido al estar como un clavo y el primero en abrazar a este pedazo de artista que tenemos en Burgos. Sacris es una rara ave de paso que en contra de todo pronóstico y como suele ser, es profeta en su tierra, reconocido, y respetado. Algo tendrá el paño cuando se vende caro. Al fondo, la sala se ve oscura y las obras colgadas son de tamaño singular. De un metro cuadrado. Greguerías según Esquivias, fotografías que trascienden del sentido lógico y sugieren el inconsciente que llevamos dentro y quiere salir. Una lata de roja Coca-Cola taladrada por otro rojo sacacorchos de la Rioja que flota en el más negro de los negros. Navaja o muérdago de mar, abrigando la cheira con mango de hueso. Aire que muta su color al sublimarse en agua con un grifo de fundición de por medio. La llama ilumina una falsa electricidad con casquillo de latón y cera encendida. No llega mi calenturienta mente al significado de la maleta de viajante con luz propia en su interior. Lo dejaré para la próxima visita. Pajaritas de papel vuelan libres en busca de refugio real. Una cajetilla de Strike ya fumada asoma la verdad del miedo. Casco homologado de motorista, fuera de tiempo y lugar. La prensa y el globo echan un pulso imposible. La balanza de la justicia inclina su fiel hacia la fina pluma. Candil viajero. Surcos de arena peinados con la plancha de fuego. El icono del huevo o la gallina nos lo pone difícil. Una lucha desigual en el damero maldito. Nada queda escrito para siempre en las enciclopedias cuando se reabren. Y así, muchas mas andanadas de sensibilidad que escarban en nuestra personalidad. Pero de todas, sólo una es la más codiciada para mí, un taco de plástico que habla por sí mismo. Joder.

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