Cada vez menos optimistas

Como dijo Balzac en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte, y si no que se lo digan a los empresarios autónomos, que están resabiados de experimentar que, y cito a Trias, «en esta vida hay que morir varias veces para después renacer». Y saben que «las crisis, aunque atemorizan, sirven para cancelar una época e inaugurar otra».
Cada día leemos en los medios de comunicación como este colectivo, que conforma más del 90 por ciento del tejido productivo de la comunidad, y de la provincia, asfixiado por la pérdida de confianza del consumidor y por tanto la caída del consumo, la morosidad, o las trabas para acceder al crédito se ven obligados a cerrar. La semana pasada era la Federación de Autónomos de Castilla y León quien nos recordaba la penitencia impuesta; y esta semana la Unión de Campesinos hacía lo propio, sobre el sector agroganadero y es que la situación no requiere menos. Y lo requiriere no sólo porque estén desapareciendo empresarios autónomos, empleadores, que también, sino porque a los que quedan les está cambiando el carácter, están perdiendo una de sus principales cualidades: el optimismo, y eso no es bueno.
Los autónomos, hasta la fecha, eran optimistas, y lo eran porque frente al pesimista que siempre tiene una excusa, ellos siempre tienen un proyecto. Cual Ave Fénix son capaces de resurgir de sus cenizas, son capaces de poner al mal tiempo buena cara; saben que el primer paso para la solución de los problemas es el optimismo, creen que todo tiene arreglo y tienen medio camino recorrido porque parten de la base de que todo se puede hacer.
Los autónomos son personas con confianza en sí mismos, con energía para trabajar sin mirar el reloj, son perseverantes y firmes, se esfuerzan para conseguir su meta; tienen asumido que el fracaso es parte del éxito y no se desaniman. Son optimistas porque creen que siempre hay una solución. Pero esto está cambiando, y cierto pesimismo se ha colado en sus corazones, porque a pesar de seguirlo creyendo, consideran que nadie va a intentar solucionarlo.
Vamos por mal camino, pues si el «optimismo conduce al poder, el pesimismo lleva a la debilidad» (W. James).

Ana Plaza