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Altura de miras en la política
PEDIR altura de miras a muchos de los políticos que transitan por nuestras ciudades semeja a aquello de exigirle peras al olmo. Más allá de que los ciudadanos votantes no aprenden así pasen treinta o trescientos años y el sistema, además, tampoco ayude. Aunque muchos consideren que tan malo es una mayoría absoluta, porque deriva en absolutismo -y en situaciones peores-, peor es un gobierno en minoría; y ello a pesar de que las leyes ponderan al alza las competencias de los órganos políticos para la adopción de decisiones. Los problemas, hic et nunc, aparecen cuando se trata de asuntos cuyo calado o definición jurídica precisan de mayoría absoluta.
El Ayuntamiento de Aranda de Duero presume de una peculiaridad que se relaciona con una de las situaciones expuestas más arriba: ninguno de los equipos de Gobierno desde la reinstauración de la democracia ha gozado de mayoría absoluta. Así que las componendas y acuerdos han sido necesarios para el gobierno municipal bien en su versión de pacto estable o en la de los apoyos puntuales. Al margen de esto, los resultados han sido desastrosos como bien ejemplifican asuntos como la Plaza de Toros, las sentencias incumplidas por la ubicación de la depuradora de aguas residuales o de la infame subida salarial de los funcionarios -cuya deuda con sus convecinos asciende quizá ya a los seis millones de euros-, el puente inacabado sobre el río Bañuelos, la falta de Presupuesto desde la década pasada, revisiones o adaptaciones de planes generales de ordenación urbana cuyo coste es dinero tirado por la alcantarilla, la falta de un puente que una Allendeduero con Santa Catalina...
Paro ahí porque, de seguir, me quedaría sin espacio para objetar que el actual escenario municipal con seis formaciones políticas distintas convierte la praxis pública en una almoneda donde cada cual se oculta en su covacha y se reza o se implora para que nada cambie; ya saben, cuanto peor, mejor. En tiempos de bonanza económica tal escenario poco importaría dado que los ciudadanos se han rendido ya ante la inoperancia y la laxitud de nuestros políticos. Pero en tiempos de aguda recesión quizás sea obligado que los intereses de la ciudadanía se impongan por una vez tanto a los de partido como a los personales y se conforme en el Ayuntamiento de Aranda un equipo de Gobierno con mayoría estable que gobierne, aunque para tal tarea deban ejercer de políticos, en el buen sentido del término y también de la función.




