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El día de la marmota
PUEDE QUE ya lo sepan. Posiblemente lo habrán visto en la televisión, en alguno de los apasionantes informativos que nos brinda. Si no, yo se lo cuento. El jueves fue el día de la marmota. Como cada 2 de febrero, este simpático animal, con el que los dormilones del mundo nos identificamos, culmina su hibernación y, de paso, predice (según afirman los granjeros estadounidenses, sabios como los granjeros de todos los rincones del planeta) el final del invierno. El augurio de este año no ha sido optimista para los que reclamamos un Burgos tropical. Más allá del folclore, este día se hizo famoso gracias al cine, por ser en el que se quedó Atrapado en el tiempo Bill Murray, enloquecido a golpe de bucle cósmico.
Pues bien, así me siento yo, secuestrada por la desidia de los políticos españoles. Si por lo menos una simpática marmota me amenizara la existencia... Pero nada. Me conformaré con Soraya. El último despertar en tan sempiterno rizo lo protagoniza el nuevo ministro de Educación que, como hicieran sus antecesores, todos igual de ilustres, ha apostado, verbalmente, por una reforma profunda de este ámbito y ha apelado a la colaboración de todos.
En ocasiones, los hechos delatan, como ocurre con la primera decisión de este señor, de apellido Wert, en materia educativa: la retirada de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía. Si pensaban que no había nombre menos atractivo, ahí lo tienen: Educación Cívica Constitucional.
No digo que la que está a punto de ser eliminada sea mejor. Ahórrense las elucubraciones. No me quedo con ninguna. Lo que me gustaría es que las ilustrísimas lumbreras que reparten el bacalao -por triple en el caso de Wert- se olvidaran de intereses electorales y puramente partidistas y dejaran de detenerse en tontadas, cívicas de nombre. En materia educativa urge ya un pacto para que no quede a merced de promesas cada cuatro años, una reforma que busque de verdad el bien común, a saber, una formación de calidad para las futuras generaciones, que harto tendrán con lidiar con la herencia que les dejamos. Si no, diga lo que diga la marmota, el invierno será largo.




