La demanda solvente

EN 2011, la banca española ha dedicado el grueso de la financiación obtenida en el Banco Central Europeo para invertir masivamente en deuda pública. En cambio, no sólo no concede crédito nuevo a empresas y familias, sino que éste sufrió el año pasado su mayor caída desde 1962 (el 3,3% interanual). Al mismo tiempo, el descenso de las hipotecas alcanzó el mayor de su historia con un 6% (un bajón de 67.271 millones de euros). Estos datos los acaba de hacer públicos el Banco de España y confirman claramente que el grifo del crédito sigue cerrado y no por falta de liquidez. El ‘truco’ es sencillo: el banco toma el dinero prestado del BCE al 1% y lo invierte en deuda pública, generalmente la de su país de origen, con una rentabilidad mucho mayor; por ejemplo, el bono español a diez años paga el 5,10%. En esa diferencia de tipos está parte de las ganancias de los bancos.
 La reactivación del crédito es el gran objetivo de la reforma financiera del Gobierno pero el sector se defiende argumentando que quieren dar crédito pero el problema radica que en España no hay «demanda solvente»; vamos que no fían porque desconfían de usted, de mí y de lo que es peor, de los empresarios que son los que realmente asumen más riesgos y son los que a fin de cuentas crean empleo. Honestamente, tengo dudas de que haya vida inteligente en Bruselas. El enroque de Francia y especialmente de Alemania en su defensa de las políticas de austeridad, hace que el gobierno de Europa focalice su preocupación en la disciplina presupuestaria y en la consolidación fiscal por encima de nuestro mayor problema que es el del crecimiento. En este orden de cosas y con un gran sentido de la responsabilidad, el pasado lunes España se alineaba con países como Italia, Reino Unido e Irlanda y otros ocho más, para rebelarse contra la tesis de algunos funcionarios y políticos europeos -Merkel y Sarkozy entre ellos- que insisten en que lo único importante es reducir el déficit y la deuda pública. La carta, dirigida al Consejo y a la Comisión Europea apunta a ocho claves para reactivar el crecimiento y uno de ellos señala textualmente que, «los bancos, no los contribuyentes, deben ser responsables de sufragar los costes de los riesgos que se asumen» y reclaman «una declaración muy clara y visible de apoyar a las microempresas». Concluyo con un ejemplo. Irlanda (4,5 millones de habitantes) ha aprobado un plan para crear 100.000 empleos en cuatro años, de entre las medidas resalta una: los dos bancos pilares, el Banco de Irlanda y el Allied Irish Banks, estarán obligados a cumplir cada año con unos objetivos de crédito para las pequeñas y medianas empresas por un valor de 3.500 millones de euros para este año y de 4.000 durante el siguiente. Mientras en esta España de nuestros afanes la práctica es bien distinta: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Y así nos va…hasta ahora.

ÁNGEL ORTEGA