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«Estaba poseída por el diablo»

El vallisoletano Jesús Hernández, sacerdote exorcista de las diócesis de Castilla y León defiende los 13 rituales con la menor de Burgos Dice haberse ocupado de 200 manifestaciones satánicas

07/12/2014 M. A. V. VALLADOLID

El sacerdote Jesús Hernández.El sacerdote Jesús Hernández.

J.M. LOSTAU

No entiende a qué viene tanto «revuelo». Para él, los exorcismos son el pan nuestro de cada día. Se ha ocupado de 200 en cuatro años y medio. El sacerdote vallisoletano Jesús Hernández Sahagún defiende que los 13 rituales que practicó para alejar al diablo de una menor burgalesa que había intentado suicidarse están más que justificados: «Sí, era un caso de posesión y mi trabajo ya acabó, más no puedo comentar sin quebrar el secreto de mi ministerio».

Hernández Sahagún es el presbítero exorcista de las diócesis de Castilla y León. Hasta el día de ayer, su nombre no había trascendido a los medios de comunicación. Pero la denuncia de los tíos maternos de una menor burgalesa contra los padres de ésta ha dado al trastee con ese anonimato.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Burgos investiga qué papel desempeñaron estos rituales practicados entre abril y junio de este año entre la presunta comisión de delitos de lesiones graves, trato degradante e inducción al suicidio sobre una menos. «Los tíos creen salir en defensa de la chica pero todo está tomando un camino que ya se verá»,dice.

El sacerdote vallisoletano es un veterano con una apretada agenda que incluye confesar en la Catedral de Valladolid, oficiar de capellán en el convento de Las Salesas o en el centro penitenciario de Villanubla. Y ayer fue en un principio remiso a hablar con este periódico: «Esto no es brujería, ni superchería, sino algo muy sagrado».

Solo se mostró dispuesto a conversar sobre las cuestiones generales del caso y de su oficio. «Póngase usted en la angustia de unos padres que ven cómo su hija padece anorexia o intenta suicidarse, sin que ningún tratamiento parezca hacerle efecto. No es extraño, ni anómalo, que acudan a la Iglesia».

A continuación, vino lo que conoce como un periodo «de discernimiento» en el que el presbítero exorcista recopiló los antecedentes del caso, «sobre todo con los testimonios de los padres y de la propia menor» y encontró pertinente llevar a cabo los exorcismos. «Hay muchos otros casos en los que, con claridad, se ve que la intervención corresponde a los psicólogos», apunta.

Hernández Sahagún reconoce que, tal como consta en la denuncia, estos fueron 13, si bien matiza que, «en el décimo se podía considerar que el trabajo había acabado». No entra en detalles sobre la constatación de la sanación, pero no quiere que quepa duda ni de la presencia del maligno en la joven, ni de la necesidad de repetir una y otra vez el ritual.

«Quienes creemos en el demonio creemos también en su enorme fuerza y resistencia. Si una vez no es suficiente, hay que repetir la oración». En este caso, como en todas las posesiones, explica que «el demonio se manifiesta, a veces con el habla, pero también con el silencio». Porque, aclara, el exorcismo que practica es «una oración liberadora», en un «ritual perfectamente reglado y autorizado al más alto nivel».

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