El Correo de Burgos

Opinión

LESLIE Y HAMMOND

Estantes llenos

07/01/2019

Este año nuevo es con nosotros, paciente y bondadoso. Generoso. Además de las obligadas fiestas, da holgura para arrancar sin entrar a bocajarro en talleres, ministerios y despachos. Hoy también es día muelle de relajo y sesteo. Imaginar que tuviésemos que estar al pie del cañón después de Reyes Magos que cada vez dejan menos en el calcetín. En realidad, hoy es día de estufas y chimeneas encendidas que nos hacen pensar en lo pasado y futuro. El presente no existe. Pasado, presente y futuro son la misma cosa y coexisten a la vez sin margen de maniobra. De esto saben bien los nuevos filósofos y el reloj atómico que coordina satélites y sueños rotos. Cuento 24 horas para que este lunes perdido termine y desde ya, corramos como locos endemoniados, cada uno en lo nuestro. Para unos será la salud, para otros el dinero y para los más, el amor. Esta última conjetura con sabor francés que endulza el dolor y la pobreza. Aunque hay quien prefiere sanar las penas del querer, con dinero y botica. Bien, en las notas escritas a BIC que apunto en servilletas de papel cada madrugada de café en los Braseros de Luis Cernuda, arrastro una tarea pendiente que ya he borrado. Ordenar mi trastero. Seis metros cuadrados en garaje frío y seco con puerta galvanizada y cerradura sencilla. Estanterías que guardarán celosamente recuerdos que han pasado por mis manos en un seis de enero mágico, serena, íntima y ejemplar. He visto encoger mis últimos veinticinco primaveras en poco más de una docena de cajas de cartón. Juguetes rotos que nunca tiraré, guardan olor a plástico recién desembalado de mis chavales con cinco años. Teléfonos que aún funcionan, conversaciones inconfesables y secretos de alcoba. La Polaroid que tanta vida retrató en cuadrados blancos de papel y magia química de revelado. Color que ninguna impresora consigue en este siglo de luces difusas. Toda la mañana de ayer, con estantes de frío aluminio y tornillos hexagonales que soportarán de por vida, recuerdos con la luz apagada. Nadie abrirá nunca más esos recuerdos ni falta que hace, han ganado vida propia y ya duermen para que nadie les despierte. De eso se trata. Entre los trastos más preciados, la silla de manillar que llevó a mis cuatro chavales en bicicleta cuando rondaban los doce meses. Lo traje de Holanda y me habla de lo que fui y nunca seré. Recuerda la fuerza en mis piernas e ingenuidad que me dejado llegar más lejos de lo que debía. Ahora todo son zorrerías, miedos y cuitas. El tiempo vuela y poco hacemos que quede para siempre. Hoy es el primer día de nuestra pequeña historia. Ser felices.

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