El Correo de Burgos

Opinión

EL EQUILIBRIO DEL TREN

Fajinitis

19/02/2019

En el ámbito castrense es corriente que cuando un coronel está en trámites de un previsible ascenso a general, cambie su carácter, su talante e incluso su razón y pase a ser una persona diametralmente opuesta a la que había sido pocos días antes. Tal situación cubre a los nominados con una capa gris, a veces negra, que obliga a que la exigencia eleve su nivel, de bien a lo siguiente. A partir del momento de su designación, se inicia la campaña. Todo será manifiestamente mejorable y todo lo actual se discutirá hasta que su impronta quede perfectamente definida. Tal situación, en que pasan el día haciendo campaña, se denomina “fajinitis”, simbolizando la colocación del fajín del generalato. Sólo se conoce una forma de alivio: el ascenso a general. De no ascender, la “fajinitis” se mantendrá permanentemente o hasta confirmar su ausencia, con lo que el coronel, consciente de que su escenario militar acaba en aquel empleo, vuelve a ser quien antes era.


Salvas sean las distancias, este “padecimiento” ha venido dándose a nuestra clase política en los últimos 40 años. Cada vez que unas elecciones asoman, los políticos pasan a ser personas diferentes a quienes habían sido durante los anteriores cuatro años, es decir las personas oscuras y sombrías que habían permanecido sentados o acostados en sus sillones del Parlamento. Ello supone que, a partir de la convocatoria, los políticos modifican el talante, ponen sonrisa “profidén” y se lanzan a la calle a besar niños y abuelas.


Pedro Sánchez, que ha convocado al pueblo para unas elecciones generales el próximo 28 de abril, se ha metido en campaña, es decir en plena “fajinitis” y ha comenzado dándose un homenaje de dieciocho minutos dirigido a su parroquia (la que le queda) para contarles lo “bien” que ha ido todo durante esos pocos meses que ha detentado el poder. El PP no le va a la zaga. Sus candidatos salen a la calle buscando acercarse a su público, hasta que, en el poder, regresen a los ancestros de Génova 13, donde permanecerán recluidos hasta las próximas elecciones. Los nuevos partidos no hacen menos. Promesas de todo tipo y todo visiblemente perfilado.


El señor alcalde, consciente de que sus posibilidades de ser reelegido con una mayoría aplastante son muy limitadas, no para. Va de aquí para allá inaugurando obras, arreglos de calles, buscando la obra que le dé la marca del campeón. Cualquier corte de lazo es importante y válido para conseguir un voto más.


En fin, como dijo Sánchez, “llámenme clásico, pero sin presupuestos uno no puede gobernar”. Me permitiría añadir: Ha comenzado la “fajinitis”; perdón, la carrera electoral.

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