El Correo de Burgos

Opinión

EL EQUILIBRIO DEL TREN

Navidad

28/12/2018

QUERIDOS LECTORES, familia, amigos, moteros, camaradas, vecinos, facebookers, bloggers youtubers, tuiteros y demás muchedumbre. Aunque pueda parecer presuntuoso por mi parte, quiero hablar en nombre de los navideños. Sí. Aquellas personas que cuando llega el día de Santa Bárbara ya estamos pendientes del día en que encenderán las luces de la ciudad o lleguen las barracas a la Plaza Mayor o pongan la pista de patinaje o la churrería del Arco de San Juan. De aquellos que todavía felicitamos a postal o cantamos emocionados el «we wish you a merry christmas». De aquellos que, en fin, todavía nos emocionamos con el aguinaldo solidario de los moteros el día de Navidad.

La Navidad es esa época del año que hace que a quien más, quien menos, se le cargue de congoja el corazón al oír las penas que cargamos por ser habitantes de este mundo. Estas fechas nos ablandan los corazones y profundizan nuestro sentido de la amistad y la camaradería. Nos felicitamos unos a otros con grandes abrazos y elocuentes frases marcando nuestro júbilo. Por medio de un wasap, expresamos nuestro espíritu navideño con grandes muestras de solidaridad o videos animosos de todo tipo con campanitas y villancicos. Salimos a la calle preparados para imbuirnos de ese marchamo navideño, pero sólo nos incorporamos en la marabunta consumista que acoge estas fiestas y que llena nuestras calles de gente, con el cuello encogido por el frio, rauda y preparada para no volver a casa sin una buena bolsa llena de obsequios o hermosos paquetes de regalos.

Mientras, la Navidad en la tele, nos envía los consabidos anuncios de juguetes o los excesivos de colonias, a la gente de a pie nos trae la escasa iluminación, los villancicos cantados bajo el frio burgalés en la Plaza Mayor, los mercadillos navideños o la moda de las cenas de trabajo o comidas de antiguos colegas.

En otros tiempos, una Navidad más tradicional, más emotiva, nos hacía ver las cosas de otra manera y a partir del diez de diciembre ya cantábamos villancicos a voz en grito, anunciando la inminente llegada de estas fiestas. El día 23 ya cantábamos aquello de «mañana es nochebuena, pasado Navidad…» y el 24 animosos decíamos «hoy es Nochebuena, mañana es Navidad…», luego el gusto por el primer turrón o su «…vuelve a casa, vuelve…por Navidad». ¡Qué tiempos aquellos! Algo se ha perdido mucho, pero lo que debe perdurar es que la Navidad y su compañera Nochebuena son las fechas adecuadas para recordar a los que ya no la podrán pasar con nosotros. Feliz Navidad a todos.

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