El Correo de Burgos

Opinión

EL EQUILIBRIO DEL TREN

La nueva religión

05/02/2019

EN 1931 Manuel Azaña dijo que España había dejado de ser católica, pero no acertó. España posee, aproximadamente, un 70% de católicos. Innegable es que, últimamente ha bajado cuatro puntos, quizá como consecuencia la pérdida de fe, las dudas sobre el papel de la Iglesia, su responsabilidad en ciertos casos de corrupción o el nubarrón que la sobrevuela consecuencia de denuncias por casos de pederastia.
Lo cierto es que la Iglesia ha ido perdiendo progresivamente clientela y con ello el monopolio de la impartición de sacramentos, por lo menos en la forma en que los conocíamos. Hasta hace poco, los Sacramentos de la Iglesia, Bautismo, Eucaristía, Matrimonio …, eran de obligado cumplimiento y era la Iglesia quien marcaba su ley. Pero, un día, pasó. El primero en caer fue el matrimonio que, con su conversión en civil, disputó a la Iglesia el honor de regular los gananciales y con ello el gusto de colocar flores en los altares, pasando a las concejalías el derecho al arroz y al adorno floral.
Era el primer paso. Sólo faltaba que algún ilustrado cavilase que sobraba depender de la Iglesia para cumplir aquellas tradiciones y osase participar que, sí era posible lo uno, también podía ser posible lo otro. Así surgieron el bautismo civil, la primera comunión civil y lo que te rondaré morena.
En Rincón de la Victoria, bonito pueblo de Málaga, una mujer solicitó al Consistorio de la localidad, una comunión civil para su hija. Laica, vamos. Que reflejase el paso de la infancia a la adolescencia, sin perder el blanco, el cancán y resto de bendiciones. Pero eso sí, sin cura.
Lo siguiente no tardó. En Getafe una concejala del PSOE, ha parido la primera fórmula de bautismo civil, (acogimiento civil, le llama) como alternativa al bautismo, alegando que se trata de dar la bienvenida al recién nacido a la comunidad y a la ciudadanía. Con padres, padrinos y resto de concurrencia de punta en blanco, mientras se leen a un bebé, atentísimo, los derechos que le otorga Naciones Unidas. Vaya chorrada. Tanto que, tras dos años de la implantación de estos festejos, sólo han celebrado siete “bautizos” y dos “comuniones”.
Y como de una chorrada sólo puede salir otra, a una concejal de Lorca no se le ha ocurrido otra cosa que casar a dos perros, Alma y Dody. No faltó, siquiera, la referencia a la felicidad y el amor mutuo que se había de tener la pareja que, por supuesto aceptaron alegremente, seguramente pensando en el posterior viaje de novios.
Ratifico lo que dice Carlos Herrera cuando afirma que en España no cabe un tonto más. La Iglesia haría bien en tomar buena nota.

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