El Correo de Burgos

Opinión

EL GABINETE

¿Pensamiento positivo?

01/02/2019

PONGAMOS en el lugar que le corresponde al pensamiento positivo: sabemos que cuando uno es demasiado optimista es fácil que tome peores decisiones, te hace analizar la realidad solo desde una perspectiva, y ese exceso de confianza se puede tornar en falsas esperanzas.

En buena lógica, ser optimista no garantiza que consigamos las cosas. Fantasear constantemente sobre conseguir “algo” incluso puede ser un freno para lograrlo.

Lo adecuado sería tener lo justo en ilusión y una meta bien valorada, incluir algo de realismo, objetivos realizables, etc. En este sentido, un poco de pensamiento negativo es incluso recomendable.

Una psicología mal entendida y aplicada, e infectada de gurús motivadores que usan frases lapidarias que llegan a ser un insulto a la inteligencia, listas de recomendaciones donde la actitud del pensamiento positivo llega a ser un mandato. La tiranía de tatuarse una sonrisa cuando no lo sientes.

Encontramos una legión de libros de autoayuda que nos proponen positividad, metas cegadoras para llegar a otro nivel superior de persona. Y si no lo consigues es porque no tienes suficiente pensamiento positivo ganador, como te recordaban machaconamente esas cintas de Amway. Finalmente, el culpable eres tú mismo -no te quejes, pues que te despidan es una oportunidad-. Y así, el control social es ejercido en forma de culpa hacia uno mismo, una sociedad que finalmente es un campo abonado para la autoculpa, las depresiones y el burn out.

No pocos autores apuntan que parte de la causa de la crisis fue un exceso de optimismo: construir más y más, hacer grandes obras que traerían grandes beneficios (en aquella época recuerdo haber escuchado cientos de veces y sin excepción lo de: “los pisos nunca bajarán, yo no venderé nunca mi piso por menos”); los bancos firmaban hipotecas y, después, muchos vendían esa deuda, así que era imposible perder.... Todo un frenesí de entusiasmo.

Pero la obligación de ser optimista también la encontramos en otros sistemas totalitarios, por ejemplo lo hemos visto en la revolución de las sonrisas, incluso en las izquierdas, pues también se dio esa exigencia en la ex Unión Soviética.

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