El Correo de Burgos

Opinión

LESLIE Y HAMMOND

Público y privado

21/05/2018

LA RETINA burgalesa se acomoda a lo que ve y hace suya las cosas nuevas que al final, se quedan para siempre. Uno de los edificios más importantes por estar en lugar privilegiado es, la Biblioteca de San Juan. Esa que está dentro de una caja mágica de cristal que puede gustar más o menos al paladar no adiestrado en arquitectura. De la que decían que se habían olvidado de quitar los andamios puestos. Es una buena obra de manos de un arquitecto burgalés con familia en Sasamón. El tiempo vuela y por entonces, algunos defendíamos que ese espacio urbano se quedase sin construir y de ello naciese una plaza pública. Hoy es el día en que reconozco, el contenedor de libros y volúmenes, suma mucho más de lo que resta. Pero no es tanto un análisis de la intervención como dotación pública que bien nos viene, sino la reciente noticia provocada por el fallo de sentencia judicial de la Audiencia Nacional, que condena a pagar 300.000 € europeos a la empresa contratista. Si, como suena. La Justicia es lenta como el caracol, pero implacable como una mordedura de serpiente cuando te llega. Hace diez años empezaron las obras que se paralizaron casi dos por causas técnicas relacionadas con la presión del río en los cimientos. Nuevo proyecto, nuevos gastos, nuevas contrataciones, lo que costaba 7.000.000 € se puso en 14.000.000 € cuando se estrenó, hace seis años, justo al doble. Existe una máxima aprendida en los tuétanos del esforzado contribuyente, las obras públicas siempre se encarecen y nadie responde de ello, puesto que al final lo pagamos entre todos. Así va a pasar en este caso. Si esto sucediese en la empresa privada, a alguno se le untaría de pez y plumas de gallina. Lástima que esta historia siga pasando a pesar de la meticulosidad de los procesos de contratación del sector público. Algo no funciona bien en el proceso que junta lo público y lo privado. Ayuntamientos, Comunidades Autónomas, el Estado mismo es promotor de obras pequeñas, medianas, grandes y gigantes, ejecutadas casi siempre por empresas privadas de mayor o menor solvencia y experiencia. Lo público y lo privado son dos mundos difíciles de reconciliar en la medida que al tocarse entran en colisión, velocidades, intereses, expectativas y riesgos muy distintos. la fractura está precisamente en el sentir que una y otra parte tienen de lo que cuesta ganar el dinero. La función pública se gana el jornal honestamente, nadie lo pone en duda, y siempre llega. La calle es jodida y traicionera.

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