El Correo de Burgos

Opinión

SIN OFENDER

Tropezar dos veces... o tres...

03/02/2019

ESTÁ CLARO QUE EL HOMBRE es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra... o tres... Prueba de ello es el rumor que corre estas semanas por la ciudad de que nuestro alcalde se plantea ampliar la anchura de la acera derecha de la calle Vitoria -en su tramo final de entrada a la plaza del Cid-, utilizando para ello el tercer carril con que cuenta esta carretera... ¿De verdad?
¿Acaso no escarmentó cuando a voz en grito le dijo toda la ciudad hace años, que era una locura peatonalizar la calle Vitoria a su paso por Gamonal, y después de salir en todos los telediarios del país tuvo que rectificar de su intención?


¿O más recientemente cuando se le ocurrió cerrar los domingos la calle Santander al tráfico para tener que abrirla de nuevo meses después porque quedó claro que no servía para nada dicha medida? Bueno sí, para gastarse miles de euros del dinero de todos en pagar a los policías que frenaban a los incautos que sólo querían salir del centro e intentaban hacerlo por esta vía, no por fastidiar sino porque era la única existente en ese punto de la ciudad para ello...


Empiezo a pensar que este hombre tiene algún trauma con la calle Vitoria, porque está empeñado en acabar con ella sí o sí, a pesar de ser el único eje que comunica la ciudad de punta a punta con cierta fluidez.


Porque si no, ya me dirán si es buena idea quitar el carril en el que en esos apenas 40 metros que prevén quitar, confluyen los autobuses de más de 10 líneas que lo usan CADA DÍA para tomar la calle Santander y seguir sus recorridos; los cientos de vehículos de reparto que DIARIAMENTE -lo repito- salen o entran para atender los comercios de la Plaza de la Libertad y calles anexas; además de los miles de coches que DIARIAMENTE -una vez más por si al alcalde se le había pasado el detalle-, giran de nuevo hacia la calle Santander o sólo quieren ir al parking que, ¡qué curioso! tiene su entrada al final de dicho carril.


¿Y todo para qué, para ver si el dueño del restaurante le regala un bono para comer gratis su delicioso lechazo de por vida? Porque no es imprescindible contar con una acera más grande ahí, cuando la de enfrente ya lo es por las dos...


Ya tuvo una oportunidad de oro para ‘jubilar’ la calle Vitoria años atrás con la transformación en bulevar de los 11 kilómetros de vía que atravesaban la ciudad también de punta a punta, y la perdió, pues teniendo todo el campo para él solito hizo del lugar una simple calle de ida y vuelta con aceras de terror en días de sol o lluvia, anchas como desiertos... ¿Y aún quiere más?

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