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Fuenteminaya exige mantener los centros de Educación Especial

El Ampa del centro entiende que en los colegios ordinarios sus hijos no estarán cubiertos

21/02/2019 LORETO VELÁZQUEZ

Los padres confían en poder poner algún día columpios adaptados en el patio del colegio.Los padres confían en poder poner algún día columpios adaptados en el patio del colegio.

L. V.

Convencidos de que en un colegio ordinario, sus hijos no estarán cubiertos como necesitan, el AMPA del colegio Fuenteminaya, hace un llamamiento ciudadano para que les apoye en su lucha contra el posible cierre en 2025 de los centros de Educación Especial. «El sábado nos uniremos a la manifestación de Valladolid que ha convocado la plataforma ‘Educación Inclusiva sí, Especial También’», animaba la secretaria del Ampa, Cristina San Martín.

La polémica parte de la petición que ha formulado el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad -a través de una enmienda al anteproyecto de Ley de Educación-, por entender que este sistema es segregador y discriminatorio. «Basa sus exigencias en un informe del Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad, un órgano externo a la ONU (informe sesgado y no vinculante), y en una hoja de ruta que tiene ya planificada el CERMI desde hace más de 10 años», denuncia el Ampa arandino. Y lo hace con preocupación porque el colegio especial Fuenteminaya «puede verse afectado. La ambigüedad de algunos partidos políticos a este respecto; las propuestas para convertir los centros de Educación Especial en ‘centros de recursos’ y la falta de respuesta a las propuestas del CERMI, resultan especialmente alarmantes», advierten.

Desde hace treinta años, el Ampa del colegio Fuenteminaya representa a familias de alumnos con diferentes capacidades y pluripatologías, que no han podido continuar sus estudios en un centro ordinario, precisando de una atención más directa e individualizada así como de una adaptación curricular «totalmente diferente a las que se establecen en los centros ordinarios y que guardan relación con sus capacidades y su evolución». Así, explican, el centro cuenta con profesionales especializados como maestros de pedagogía terapéutica, una fisioterapeuta, una enfermera, maestras de audición y lenguaje, ayudantes técnicos educativos… Todo con un objetivo: fomentar las capacidades y habilidades de cada niño.

Convencidos de que todo refuerzo es positivo, el Ampa ha puesto en marcha con el apoyo de la dirección del centro escolar, un nuevo programa de clases extraescolares que incluye un huerto, terapias con musicoterapia y con asistencia con perros. «Les gusta mucho», celebra la secretaria del Ampa, Cristina San Martín, con la esperanza de poder hacer más. «Lo difícil es conseguir financiación para poder hacer más cosas», admite agradecida a la Escuela de Folclore, que cederá a esta causa la recaudación del concierto del 30 de marzo.

En el colegio -explica- queda mucho por hacer y por arreglar y aunque hace dos años, la Junta de Castilla y León renovó el patio delantero, algunas ventanas y aseguró con vallas el acceso de los autobuses, hay todavía muchas asignaturas pendientes como ventanas, baños... «El Ayuntamiento está con nosotros y se ha comprometido a allanar la parte trasera para que los niños con movilidad reducida se puedan mover de forma autónoma y segura y también nos ha dicho que van a pintar la fachada», destaca sin perder de vista la humedad que entra por el ventanal de la escalera.

Por parte del Ampa trabajan también en este objetivo. «Estamos intentando cambiar la imagen y que el colegio sea más luminoso, adaptado y agradable», apunta a sabiendas de que los colores y la luz, son básicos para estimular a estos niños.

A largo plazo, todos comparten el mismo sueño: un parque con columpios adaptados para el patio exterior del colegio. «Sabemos que es complicado pero en ello estamos».

Respecto al profesorado, aunque está cubierto, los padres insisten en la importancia de la estabilidad. «Sabemos que pasa en todos los coles pero aquí, el hecho de que los profesores cambien, afecta mucho a los niños. Es como volver a empezar», argumentan mientras proponen como solución la creación de una figura «que se mantenga siempre», y que sirva de nexo de unión entre los niños y los nuevos profesores.

Calles

Una vez fuera del cole, la vida se complica; empezando por unas calles, en las que en muchas, casi no se puede transitar con una silla. Rebajes, aceras demasiado estrechas o pivotes dificultan su día a día. «El puente viejo, por ejemplo, ha quedado fenomenal», destaca sin olvidar las dificultades que tienen por ejemplo, las personas con ceguera o con problemas de visión. «La inclusión debe empezar por la adaptación. Necesitamos que se eliminen las barreras arquitectónicas», apremia.

Desde hace poco tiempo cuentan, eso sí, con columpios adaptados en muchas zonas de la ciudad como Virgen Viñas, San Antón, el parque de la plaza de toros, de la Glorieta Rosales, el Barriles o en la zona bajo el ambulatorio Sur, entre otras. «Sabemos que hay mucha gente que no lo sabe, pero en este tipo de columpios tienen prioridad los niños con necesidades especiales», recuerda mientras deja claro que cualquier niño es libre de utilizarlo. «Nuestros hijos están encantados de jugar y compartir con más niños».

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