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Un espacio ajeno al circuito oficial
Creadores plásticos, escritores, diseñadores, músicos y otros agentes culturales celebran el local abierto de la Asociación Artística Cuadras
A.S.R. / Burgos
La autogestión es posible. La prueba del algodón se ejecutó ayer en el número 13 de la calle Hornillos. Allí la Asociación Artística Cuadras abre su trabajo al público en un local que es estudio de artista, pero también sala de exposiciones, y aula para impartir talleres, y garaje para bicicletas, y, sobre todo, un punto de encuentro para compartir inquietudes, reflexiones y propuestas.
Iván Cuadras, su alma máter, aunque no el único, admitía estar un poco nerviosillo ante la inauguración. ¿La autofinanciación en cultura es posible? «Lo es, pero con mucho esfuerzo, dedicación y cariño. Son tres aspectos importantísimos. Yo nunca he recibido una subvención», resaltaba feliz por ver a tantos amigos arropándole.
Y es que una importante representación de la cultura burgalesa acudió a la cita. Creadores plásticos, escritores, músicos y otros agentes departían y aplaudían la iniciativa.
María José Castaño había retado a la nieve y conducido desde Cascajares para apoyar el proyecto. «Es algo fabuloso. Todo lo que sea generar un punto de encuentro y de arte ya es importante», resumía. De la misma opinión era su colega Juan Manuel Criado Bartolomé: «Hay que alentar iniciativas así, hay que coger estas buenas energías».
No está reñida la paleta cromática con la pluma y a Jorge Villalmanzo no se le agotaba el discurso. Al poeta le gusta mucho, y le parece muy necesario, la idea de descentralizar el arte. «Me recuerda mucho a los artistas de la vanguardia neoyorquina, que abren su estudio al público, que muestran dónde y cómo trabajan, su vivienda... Va más allá de la simple exhibición de una obra, va a su génesis, al qué, al por qué. Es muy visual, muy poético».
Había también músicos como los integrantes de Parda Liada, diseñadores como Ion Etxebeste, representantes de otras asociaciones como Estela Rojo (Colectivo Leniam) y otros agentes como el coordinador de actividades culturales de la Universidad de Burgos, Carlos Lozano, y el jefe de Gestión Cultural de Caja de Burgos, Óscar Martínez. Los dos convenían en resaltar la importancia de que los artistas se muevan como lo hace la sociedad. «La cultura no puede depender solo de las subvenciones y de las instituciones», decía Lozano. «En la balanza de la cultura no pueden pesar solos las instituciones. Es necesario que se equilibren los platos. Nosotros tenemos que saludar estas iniciativas», agregaba Martínez.
Asomaban los viejos conocidos y también nuevas caras. Entre estas últimas aparece Rachel Merino, una joven artista que se está reencontrando con Burgos tras pasar dos años en Valencia. Su mirada virgen lo pintaba así: «Es necesario un lugar cultural fuera de los circuitos institucionales. Los artistas burgaleses llevan tiempo reagrupándose y es muy gratificante ver como los grandes hacen un esfuerzo por conocernos a los más jóvenes». Al tiempo afirmaba estar deslumbrada por la «calidad humana» de aquellos.
Pocas palabras dijo otra de las patas importantes de este proyecto. Fernando Arahuetes recibía en bata embadurnada de pintura. Sus cuadros, coloridos, mimetizados con el regocijo del momento, ya colgaban en la pared y él, entre saludo y saludo, subía a la escalera para intervenir una columna. Le ayudaba Jimena, una niña de 6 años, que de mayor quiere ser pintora. Hay futuro en la Asociación Artística Cuadras.




