Publicación / Ensayo

«Las soluciones de ayer no valen para los problemas de hoy»

El monje de Silos Víctor Márquez aborda y reflexiona sobre el mundo actual en‘La santidad de lo cotidiano’, que presenta mañana en la Sala Polisón del Principal

A.S.R. / Burgos

Víctor Márquez Pailos quita importancia al momento en el que decidió hacerse monje -«todos sentimos una vocación, una invitación en la vida, e intentamos responder a ella, en este caso en un monasterio»- y enciende los focos sobre serlo cada día. Su reto es cómo ser religioso hoy. Esa, dice, es para él la pregunta más viva y a la que trata de dar respuesta a través de sus libros. A El rostro de la soledad, Cartas desde el silencio y Conversaciones en Silos se suma un nuevo título, La santidad de lo cotidiano (Almuzara), que presenta mañana en la Sala Polisón del Teatro Principal en compañía del periodista Jesús Fonseca y del director de la Fundación Jorge Guillén y profesor de la Universidad de Valladolid, Antonio Piedra (20 horas).

La obra se plantea como un diálogo con un interlocutor que realiza una serie de preguntas a las que el autor intenta «dar una respuesta lo menos tópica y más personal posible» y que se dirige, principalmente, a laicos, a ateos, a las personas que están fuera de la religión. 

El aborto, la eutanasia, los movimientos sociales, la necesidad de diálogo, el reto de las nuevas tecnologías, la progresiva secularización de la sociedad, el sentido de una vida monástica... son cuestiones que se asoman a las páginas de este volumen, con el subtítulo Las humildes verdades de un monje de Silos.

«Mi ánimo es salir al paso de una espiritualidad desencarnada, que se está construyendo al margen de la cultura y el pensamiento contemporáneos. Esto para mí es un problema. Se trata de que la Iglesia sea discípula para poder ser maestra y para conseguir esto ante todo hay que saber escuchar los problemas de la gente de hoy, con independencia de su ideas y creencias. Me preocupa una espiritualidad de grandes movimientos, grandes sonrisas, grandes proclamas, de mensajes fáciles y simples, que genera gran entusiasmo y muchos seguidores pero encuentra la gran dificultad de hacerse oír fuera de su propio redil», expone el monje, quien destierra cualquier polémica del libro, que se postula como «una alternativa a esta espiritualidad» y una «apuesta por lo cotidiano».

Márquez considera que una parte de la Iglesia sí está apartada del día a día. «En el fondo esta distancia es inevitable, es una institución dos veces milenaria y el presente parece tan insignificante, tan pequeñito, en comparación con esa larga historia que corre el peligro de dar respuestas del pasado cuando cada presente requiere una palabra de Dios. Las soluciones de ayer no valen para los problemas de hoy», enfatiza y dice más: «No creo que estemos más alejados de Dios que nuestros antepasados. Dios está vivo y presente hoy en las inquietudes del hombre, pero hay que saber buscarlo y escucharlo en la voz de los pobres y en la de las personas con las que coincidimos cada día».

Márquez Pailos acude al papa Francisco para trazar el reto de los cristianos, que hace extensivo a todos los seres humanos: «No podemos quedarnos encerrados ni en nacionalismos, ni en confesionalismos, ni en localismos, ni en sectarismos ni en provincianismo (...). La especie humana debe salir al encuentro del territorio del otro. En los temas candentes como el aborto, el modelo de España que queremos, la tensión entre la economía de mercado y la socialdemocracia... hay que cultivar un clima de diálogo y no de confrontación, esta es estéril y no sirve para nada. (...) La verdad no la poseemos nadie, es un camino sin retorno».

Por ese diálogo apuesta, por ejemplo, cuando habla del aborto «Tenemos que sentarnos todos a la mesa y reconocer unos en otros el derecho de cada uno, el de la vida del no nacido y el de decidir de la madre. Ambos derechos son compatibles», señala y hace suya la propuesta de una Ley de Maternidad.

No esquiva tampoco la mirada a una progresiva presencia de la gente en la calle exigiendo sus derechos. «Lo interesante del 15M, de los movimientos sociales y de la actividad emergente de los ciudadanos en las redes sociales es la irrupción de la desesperación, que es la forma última de libertad y de esperanza que le cabe al ser humano cuando no le queda otra», indica y añade que estos levantamientos a él, personalmente, le parecen «el indicio de una gran manifestación de esperanza».

Estos entrecomillados son mínimas pinceladas de un pensamiento más profundo escrito desde una celda del monasterio de Silos que se desparrama sin remedio por La santidad de lo cotidiano.