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El acusado del crimen de Padre Silverio: «Se me fue la cabeza»

Ayer comenzó el juicio de O.V. R., acusado de asesinato / Su familia aseguró que días antes del hecho notaron que «no estaba bien» y acudieron en dos ocasiones a su psiquiatra, que «no le atendió»

V. MARTÍN / Burgos
20/02/2018

 

«No sé por qué lo hice, se me fue la cabeza». Esas son las palabras que se recogen en la declaración que O. V. R, de 43 años, realizó el pasado 11 de noviembre de 2015, tras acuchillar a sus compañeros de trabajo en la empresa Josmy- ubicada en la calle Padre Silverio- y matar a un vecino de la zona de 80 años, que esperaba a un taxi en la calle del Carmen. Una declaración a la que se acogió ayer en la primera sesión del juicio, donde solo respondió a las preguntas de su abogado.

A O. V. R. se le acusa de un delito de asesinato con alevosía y dos delitos de asesinato en grado de tentativa, por los que la Fiscalía pide 34 años de internamiento psiquiátrico al entender que el trastorno psíquico que tenía diagnosticado- trastorno bipolar- así como el abandono de la medicación que tomaba hicieron que el acusado tuviera entonces «completamente anuladas» las facultades mentales para comprender el alcance de sus actos. «No sabe por qué cogió el cuchillo, no es consciente de lo que ha hecho y está en una nube», recogía la declaración, donde el acusado aseveraba que «había sido un impulso».

O. V. R., diagnosticado de trastorno bipolar desde el año 1997, aseguró en la vista que ha llevado «una vida normal»- de hecho tuvo pareja y se compró una vivienda con ella en un pueblo cercano a la capital- gracias a «seguir el tratamiento» y al apoyo y los cuidados de su familia. Precisamente fueron sus familiares quienes días antes del suceso notaron que «no estaba bien, le noté muy triste», aseguró la tía del acusado, mientras que la hermana- enfermera de profesión- apuntó que estaba «especialmente acelerado, esquivo y distante», después de que «la doctora le retirara parte de la medicación porque lo había encontrado bien». Con el ánimo de que el acusado fuera revisado por su psiquiatra, su tía le animó a acudir al hospital Divino Valles. «El lunes me vino a buscar al trabajo para que fuéramos al médico porque ella decía que no me veía bien», explicó O. V. R.

Ya en la consulta, tras hablar con la enfermera y esperar «durante bastante tiempo, la doctora no nos atendió», añadió, pero al acusado se le redujo la dosis de antipsicóticos. Tras la infructuosa cita, la mujer informó a la hermana del acusado de lo que había ocurrido, por lo que unos días después se desplazó a Burgos con su marido para acudir con el acusado de nuevo a la consulta. «Estuvimos hablando con la enfermera para intentar ver a la médica porque consideramos que era de vital importancia, pero en aquella ocasión tampoco nos recibió aunque sí realizó un cambio de tratamiento a mi hermano», apuntó la hermana.

La tía del acusado aseguró que O.V. R. «siempre ha sido responsable con su medicación y muy consciente de su trastorno». De hecho, «en veinte años solo ha tenido 3 ingresos». Los dos primeros en 1997 y en 1998, «cuando los médicos aún trataban de dar con un diagnóstico», apuntó la hermana. El último ingreso sería en 2012. O. V. R abandonó la medicación y se escapó de la vivienda de su hermano- donde residía hasta el día de los hechos- y se marchó a Madrid. Tras ser localizado y de nuevo en Burgos «fue ingresado unos meses», pero al margen de ese episodio «solo ha habido alguna recaída por episodios depresivos».

Desconocen el trastorno

Por su parte, los dos ex compañeros de trabajo del acusado, heridos en los hechos, aseguraron en la vista saber que «tomaba pastillas», pero desconocer que el acusado tenía un trastorno mental, aunque tal y como apuntó la defensa de O. V. R. en las declaraciones tomadas tras los hechos manifestaron lo contrario.

A pesar de que el acusado mantuvo en su declaración el día de los hechos que «no se había producido ninguna discusión previa», su ex compañero F. F. R. explicó que «nunca había sido fácil trabajar con él» y que «siempre había tenido un comportamiento raro conmigo», mientras que el otro ex compañero, A. M. S, confirmó que ni ese día ni en días anteriores había tenido un enfrentamiento con el acusado.

Además del internamiento del acusado, la Fiscalía también solicita la prohibición de acercarse a los familiares de la víctima a una distancia inferior a 300 metros durante cinco años tras el cese del internamiento. Misma medida que pide en el caso de los dos heridos. Además, solicita una indemnización de 160.000 euros a los familiares de la víctima y en más de 59.000 euros a los dos heridos.

Un cuchillo «para cortar fruta»

El 11 de noviembre de 2015, O.V. R. acudió a su puesto de trabajo como cualquier otro día, eso sí, «llegó un poco tarde», tal y como apuntó en la vista su ex compañero y herido F. F. R. Los dos empleados de Josmy se encontraban en la lonja que la empresa tiene en la calle Padre Silverio preparando el material para realizar el trabajo, cuando el acusado acuchilló a A. M. S. por la espalda y sin mediar palabra.

Al oír los gritos de su compañero, F. F. R acudió a ver qué ocurría y al llegar al pasillo «lo acuchilló a él también en el abdomen». En ese momento, los dos heridos salieron del lugar dirección calle del Carmen para pedir ayuda mientras el acusado les perseguía. En el trayecto es cuando mata de una puñalada en el abdomen a A. S. S., de 80 años y vecino de la zona, quien se encontraba esperando a un taxi.

Reiniciada la persecución y con los heridos llegando a la tienda de Josmy en calle del Carmen, el hermano del acusado sale del local para intentar detenerle aunque tiene que acabar huyendo él también debido al estado de su hermano.

En la huida, uno de los heridos pide a un testigo que llame a la Policía mientras grita «me quiere matar». Ese mismo testigo será quien presencie como el acusado «se autolesiona en el abdomen» quien finalmente cae al suelo, lugar al que acude su hermano y donde es detenido por la Policía.

En el momento en que O. V. R. cae al suelo, su hermano solicita a un conocido que estaba en el lugar que se lleve el cuchillo a la tienda, donde más tarde los recogerá la Policía. Es en el interrogatorio que la agente mantiene con el hermano del acusado tras los hechos cuando este explica que «unos días atrás había echado en falta el cuchillo en casa y tras preguntar al acusado por él, este le explicó que se lo había llevado para cortar fruta».

 

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