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Aprender a programar a cualquier edad

65 personas participaron ayer en la II edición de ‘La Hora del Código’ que tuvo lugar en ‘La Estación’

V. MARTÍN
08/12/2017

 

Un ordenador o una tablet y muchas ganas de aprender. Esos son los dos únicos elementos que tuvieron que aportar los 65 personas- 45 niños y 20 adultos- que participaron ayer en la segunda edición de ‘La Hora del Código’, que se celebró en al instalaciones de ‘La Estación’ y que organizaron los Grupos de Innovación Docente la UBU DIGIT y NeuroTICs junto con la delegación de alumnos de Ingeniería Informática y la colaboración de FabLab Burgos.

Se trata de una cita de carácter mundial que implica a decenas de millones de estudiantes, de más de 6 años, en más de 180 países y que consiste en una introducción amena de una hora de duración a las Ciencias de la Computación, diseñada para mostrar que todo el mundo puede aprender a programar de una forma entretenida y así comprender los fundamentos básicos de la disciplina sin experiencia previa y de forma gratuita.

Una iniciativa que en la capital burgalesa surgía «de la mano del Grupo de Innovación Docente porque uno de sus objetivos es divulgar el aprendizaje de Ciencias de la Computación y a través de todos los recursos que actualmente está ofreciendo Estados Unidos nos involucramos como medio difusor para que en colegios e institutos empiecen a pensar como introducir al programación en el programa educativo», explica Carlos García.

El aprendizaje de la programación ha variado a lo largo de los años, «mientras que antes se aprendía a programar como se aprendían los idiomas- a través de la sintaxis- ahora contamos con recursos que nos permiten programar ‘haciendo’, es un cambio de filosofía y si seguimos siendo grandes consumidores de aplicaciones, seguiremos queriendo saber cómo se desarrollan».

Y es que, tal y como apunta Fernando Feijoó, miembro de Fablab-entidad colaboradora del evento- «ya estamos trabajando con robots cooperativos, que están al lado del trabajador asistiéndole en diversas tareas y a esos robots hay que programarlos». De esta manera, señaló que la figura del programador se ‘desdibuja’, «ya no tiene tanto sentido, sino que cualquier usuario debe saber programador porque, en muchas ocasiones, le ayudará a mejorar en su trabajo y en el día a día».
los talleres

La jornada se centró en la realización de dos talleres. En el caso concreto del dirigido a a niños de Infantil y Primaria se desarrolló en torno a un juego de Star Wars con quince pantallaçs- cada una con un objetivo- que «deben ir pasando», comentó López. «Es un juego muy creativo y dinámico ya que a través de un lenguaje de bloques podemos aplicar los mismos conceptos de programación básicos».

Para los más mayores, el taller tuvo un carácter más ambicioso. «En la primer parte hemos usado el mismo diseño de bloques para facilitar a los participantes la interacción y con el que han desarrollado un algoritmo de búsqueda, dado un punto hay que llegar al final por diversos caminos», comenta López. Ya en la segunda parte, los asistentes aprendieron a desarrollar «una pequeña aplicación móvil».

El objetivo deseable de este tipo de citas es introducir la programación en los centros educativos. «La programación no deja de ser una abstracción de la matemática lógica y además contamos con grandes recursos pero los profesores tiene ahora un trabajo por delante para saber cómo poder utilizar este propio lenguaje dentro de sus propias asignaturas, no necesario y únicamente en matemáticas, sino que debe ser un uso trasversal».

En este sentido, «cobra fuerza el famoso ‘Do it yourself’ americano- ‘Hazlo tú mismo’- que va muy en línea con cómo nuestros escolares están aprendiendo en su día a día, que es con un aprendizaje basado en proyectos y en el caso de Fablab también es nuestra filosofía, aprender las cosas haciéndolas», comentó Ricardo Fernández, miembro de Fablab.

 

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