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Atalaya redujo sus menús en un 11% por la marcha de inmigrantes

La ONG pasó de 32.697 comidas anuales en 2013 a 28.909 en 2014 / La media de usarios diarios del comedor baja de 60 a 40 / Sin embargo, aumenta ligeramente el número de familias atendidas

V.MARTÍN
19/04/2015

 

La población inmigrante es el punto de partida de una asociación burgalesa que tiene como meta «dignificar a las personas en riesgo de exclusión para situarles en una ciudad que no es la suya», explica Esther Soler, coordinadora de general de los programas de Atalaya Intercultural. Surge en el año 2002, «por la reflexión de cuatro congregaciones religiosas, los Jesuitas, las Hijas de la Caridad, las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y las Religiosas de María Inmaculada, al ver que a Burgos llegaban muchos inmigrantes». En 2012 se sumaban los Salesianos.
Durante el año 2013, última anualidad de la que la asociación ha hecho balance- aunque se encuentran inmersos en la memoria del 2014, de la que ya se pueden extraer algunos datos- atendieron a 3.235 personas de 44 nacionalidades diferentes. De ellas, 435 fueron atendidas por primera vez.
Entre los servicios de la asociación destaca el comedor y es que en el año 2013, se dio atendió a 340 personas y se repartieron 32.697 comidas y cenas. Sin embargo, en 2014, el número de comidas se ha reducido un 11%, «llegando a los 28.909 menús». «El número de personas que acudieron en 2014 ha disminuido porque muchos han regresado a sus países, se marchan a buscar trabajo a otras ciudades o no pueden entrar en nuestro país», explica Soler.
Todas esas personas hacen uso del comedor mediante un carné que «antes se renovaba cada quince días porque quien encontraba trabajo ya no volvía y ahora lo renovamos cada mes ya que es más complicado encontrar un empleo».
Otra parte fundamental de Atalaya es atender a las familias. Una de las preocupaciones de la ONG es que «en 2014 se ha incrementado ligeramente el número de familias que llegan pidiendo ayuda». En este sentido, la principal asistencia son las bolsas de alimentos que se reparten a cada familia una vez al mes. «Cada lunes entregamos bolsa a 18 familias, de tal forma que esta ayuda, que proviene del Banco de Alimentos, se da a 72 familias al mes». Una cifra que «ha aumentado ligeramente respecto al año anterior». En cuanto al ropero, 253 familias fueron atendidas en el año 2013. «Funciona dos días por semana, lunes y miércoles y se realizaron 442 servicios».

Inicio y objetivos

Lo que comenzó como un proyecto, desde el año 2006 es una asociación y mientras que, en un primer momento, el papel de la asociación era «atenderles, orientarles, ayudarles a conseguir los papeles y encontrar un trabajo, entre otras cosas», la crisis económica ha llevado a la asociación a cambiar su planteamiento de ayuda. «Atalaya se ha ido adoptando a la situación de crisis», comenta Soler y añade que «ante esta situación, llegan menos personas a nuestros país, hay muchas más dificultades para entrar y, además, se está echando a muchos de ellos».
Por eso, «la asociación también se centra en dar formación escolar a los niños, a los jóvenes, cursos de formación prelaboral o clases de español para mejorar la integración y que aumenten sus posibilidades de encontrar un empleo».
La hermana Soler es persistente en la idea de que «todos somos inmigrantes, si hacemos un repaso por nuestra historia es lo que vemos y ahora también, cada vez más padres tiene a sus hijos en Inglaterra, Alemania o Francia en busca de un trabajo, ellos también son inmigrantes».
Soler muestra su indignación al pensar que «en España cuando se ha necesitado mano de obra para trabajar y poder mantener la Seguridad Social se hizo un llamamiento para que viniera gente de fuera a trabajar» y «ahora, como se les puede mantener, se les echa o se les ponen mil trabas para entrar porque nos molestan» pero «nuestros hijos sí pueden ir a otros países». La hermana pone el ejemplo de la población africana, «es complicadísimo conseguir un visado para entrar en Europa y la única forma es recorrer cientos de kilómetros, llegar a Marruecos y atravesar las vallas de Melilla».
Sin duda el color de la piel sigue siendo un factor de discriminación, «todos somos seres humanos y tenemos una misma dignidad, Atalaya para ayudar a que esas personas no acaben en la calle». Aunque la asociación es conocedora de la situación de precariedad a la que también se enfrentan muchas familias españolas, la hermana Soler explica que «por el momento el proyecto se centra en la población inmigrante porque su problemática va más allá, se están quedando marginados».
Es el caso de muchas de las personas que acuden al comedor que las hermanas gestionan en la antigua residencia de estudiantes de la avenida Palencia. «Muchos no tienen absolutamente e incluso viven en casas abandonadas», asegura.

Otros servicios

La vivienda es otro pilar fundamental, actualmente la asociación cuenta con tres pisos de acogida, dos de ellos «cedidos por dos congregaciones en los que viven dos familias». En otra casa, «viven 10 chicos solos, a los que visita un coordinador, pero a comer y a cenar vienen al comedor» y «seis jóvenes más viven con los Salesianos».
La formación y la búsqueda de empleo son dos servicios más de la asociación. «A ellos acceden quienes llevan un tiempo en la ONG y dominan el idioma, sino lo hacen se les ofrecen clases de español». A estas últimas acuden, «50 personas por la mañana y 30 por la tarde». Justo después de esa clase, llega el apoyo escolar, de lunes a viernes y durante hora y media con 60 niños de primaria, mientras que de lunes a jueves, se da a 30 alumnos de ESO.
Atalaya imparte en diferentes centros de la ciudad talleres prelaborales que «permiten a los inmigrantes formarse». Entre ellos, Electrificación de viviendas, Servicio doméstico, Mantenimiento, Cuidados geriátricos, Informática básica y Metal y Carpintería. A ellos se suma, el taller sobre Habilidades sociales para el empleo, que «pretende facilitar el éxito en la búsqueda de empleo».
El servicio de Asesoría Jurídica permitió en 2013 atender 72 consultas. «Amycos nos facilita un abogado que atiende los jueves consultas sobre todo sobre agrupamiento familiar, nacionalidad o inserción».
Un trabajo intenso que llevan a cabo más de 200 voluntarios «de todas las edades» y «condiciones». Alumnos de bachillerato, antiguas maestras, jubilados, trabajadores, todos aportan su granito de arena.

Ocio y tiempo libre, una parte esencial de la atención

La búsqueda de empleo, la formación o la vivienda forman son sólo una parte de la atención y los servicios que Atalaya Intercultural presta pero no los únicos. El hecho de estar viviendo una situación complicada provoca que la mayoría de las personas que acuden a pedir ayudad a la asociación no siquiera piensen en actividades de ocio o de tiempo libre.
Para Atalaya Intercultural, se trata de una faceta de la vida fundamental para el desarrollo integral de la persona. «A veces uno necesita despejar la mente, dedicar su tiempo a otras cosas que no sea sólo formarse, trabajar, buscar empleo, también hay que compartir momentos con otros», explica la hermana Esther Soler.
El objetivo de ofertar actividades de ocio y tiempo libre es «posibilitar lugares de encuentro, de reunión y convivencia para conseguir la integración real de las personas inmigrantes que viven en nuestra ciudad y poder construir una sociedad intercultural», comenta la religiosa.
Para conseguirlo, «los sábados, los jesuitas prestan un salón de sus instalaciones y un equipo de voluntarios prepara actividades como karaoke, bingo, tarde de cine, excursiones o una merienda con comida procedente de los diferentes países de los participantes para conocer distintas culturas». De media, «unas 30 personas se reúnen cada sábado en el punto de encuentro».
Por otra parte, para los más jóvenes, «se organiza todos los sábados una tarde de futbito- de 18.00 a 21.00 horas, en el polideportivo de los jesuitas», comenta, «es una actividad muy acogida, unos 20 chicos acuden cada fin de semana».

Campos de trabajo

Cada verano y con el objetivo de dar continuidad al comedor, la asociación organiza campos de trabajo para jóvenes. «Viene voluntarios de toda España, por norma, unos 20 más 5 ó 6 coordinadores», comenta la hermana , «se encargan del comedor y de hacer actividades con entre 60 y 80 niños». Se desarrollan en dos tramos, «del 18 al 31 de julio y del 1 al 15 de agosto».
Para participar como voluntario, se requiere, «ser mayor de 18 años, tener espíritu cristiano y experiencia con niños como monitor de tiempo libre».

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