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JOSÉ Mª BERMÚDEZ DE CASTRO / Director del Cenieh

«Cambiaría un premio millonario de lotería por un cráneo completo de Antecessor»

El codirector de los yacimientos de Atapuerca habla de su amor por la ciencia


22/05/2012

 

ROCÍO PACHECO / JAVIER GARCÍA / Burgos
El encuentro se demora pero Rocío y Javier disfrutan de sus diez años y convierten con rapidez la espera en una aventura. Curiosean y juegan entre ellos sin rastro de nervios por lo que vendrá cuando les conduzcan al despacho del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) en el que su director, José María Bermúdez de Castro, ultima «aburrido papeleo» antes de atenderlos.
Mientras llega el momento, Mari Carmen, la profesora de estos dos alumnos del centro educativo Jesús-María, vecino del Cenieh, por cierto, les pregunta qué quieren ser de mayores. Javier no duda y enumera: «Ecologista, aunque eso ya lo soy, y arquitecto, como mi padre, aunque tampoco me importaría ser periodista». Rocío se anima y confiesa: «Paleontóloga». Será por eso que al terminar la entrevista no puede reprimirse y comenta formal: «Veo que el suyo es un trabajo muy interesante».
El codirector de los yacimientos de Atapuerca sonríe y la anima a estudiar y a perseguir su sueño. También a Javier, con el que se identifica por su amor a la arquitectura. Lo confesará un par de veces en este encuentro afable que culmina con un posado de los tres protagonistas, Bermúdez de Castro y Rocío y Javier, los dos en nombre de la clase que configuraba en grupo el cuestionario lanzado al investigador.
Pregunta.-¿Nos puede explicar cómo es un día en este centro de investigación?
Respuesta.-Los días aquí suelen ser bastante entretenidos. Hay muchísimo trabajo. Para un investigador realmente las jornadas más productivas son aquellas en los que estudia y descubre cosas y adquiere nuevos conocimientos. Pero hay ocasiones en las que hay que ocuparse del papeleo, de rellenar documentos que piden las administraciones y esos momentos son bastante aburridos. En general, de lo que se trata y lo que yo quiero precisamente es que cuando vengamos a trabajar nos sintamos como en casa, es decir, en familia, contentos, relajados... El objetivo que me propongo como responsable del Cenieh es que los trabajadores tengan esa sensación. No siempre ocurre porque a veces el trabajo es muy duro o menos estimulante, aunque por suerte el trabajo del científico es entretenido y por eso se nos pasa los días volando.
P.-¿A qué edad y porqué le empezaron a interesar los restos humanos?
R.-Cuando era ya un poco mayor. Eso fue porque hubo una época en España, que vosotros no habéis vivido, en la que los temas relacionados con la evolución humana y con la prehistoria eran tabú y por lo tanto no se hablaba de ellos. La primera vez que yo escuché algo sobre ellos fue cuando tenía 20 años y estudiaba en la universidad. A mí siempre me había gustado el ser humano y todo lo que estuviera relacionado con él, el periodismo, la sociología, la arquitectura... En la universidad descubrí que la evolución humana era preciosa y desde entonces mi empeño fue dedicarme a ella.
P.-¿Cuál es la mayor alegría que ha obtenido en su trabajo?
R.-Hay varias importantes. Quizá dos de las más relevantes fueron el descubrimiento de fósiles humanos en el yacimiento de la Cueva de la Gran Dolina y la publicación de la especie Homo Antecessor. Lo primero ocurrió en 1994 y lo segundo en 1997. Creo que estas dos han sido las dos alegrías más importantes pero también recuerdo que la primera vez que vine a Atapuerca a excavar en 1983, estuve diez días como un estudiante más y fue una experiencia maravillosa, lo pasé muy bien. Al año siguiente fue cuando encontramos el primer fósil humano, que para mí quizá fue la mayor emoción, un hallazgo importante para alguien joven como yo en su segundo año de excavación.
Cada persona tiene unos valores, unas aficiones... hay quien desea ser millonario, por ejemplo, otros quieren ser religiosos y ayudar a los demás, ese es su valor, algunos eligen el fútbol... Para un científico el mayor valor es el conocimiento, aprender, saber, descubrir, todo eso nos emociona. Para nosotros encontrar un fósil es tan especial como para quien quiere ser millonario ganar cientos de miles de euros al día. Sentimos la misma alegría que los que ganan la lotería de Navidad y salen en la televisión muy felices. Cambiaría eso por un cráneo completo de Homo Antecessor, aunque no me vaya a producir ningún beneficio económico.
P.-¿Qué se intenta transmitir con el Museo de la Evolución Humana?
R.-El Museo de la Evolución Humana es el espacio donde se tienen que exponer y contar los hallazgos que se realizan en los yacimientos de Atapuerca, entre otros. En segundo lugar, los centros de investigación sirven para poner en valor lo que hemos encontrado. Es decir, si tu te encuentras un fósil y te lo llevas a tu casa no tiene valor porque carece de contexto, por mucho que lo coloques en una vitrina. Hay que estudiarlo y eso hacemos en éste y en otros centros de investigación, analizar fósiles para darles valor, para saber cuántos años tiene, qué representa o de qué nos informa sobre la vida en el pasado. Toda esa información se la pasamos al MEH y a otros lugares que lo pidan para que lo conozca todo el mundo. El MEH es, por lo tanto, el transmisor que debe tener la sociedad para que esta conozca lo que nosotros hacemos.
P.-¿Le gusta trabajar en un lugar que habla de la evolución del hombre? ¿Por qué?
R.-Sí. Aunque hay muchas cosas que me gustan, hay otras profesiones que también me interesan mucho, las sigo y leo sobre ellas, me gusta por ejemplo la arquitectura, también el periodismo es interesante, la sociología y la ingeniería. Pero de las cosas que me gustan la que más desde luego es la evolución humana, para mí es fascinante y por eso me dedico a ello. Si volviera a nacer y pudiera me dedicaría a lo mismo. También me gusta mucho el mundo de los seres vivos. Yo estudié Ciencias Biológicas y eso me supuso estudiar todos los animales que existen, las plantas... la naturaleza al completo. Este estudio forma parte de lo que ahora se llama en el colegio el Conocimiento del Medio, dentro de este ámbito el ser humano me interesa especialmente.
P.-¿Cuándo y por qué se pensó en hacer el Museo de la Evolución Humana?
R.-Es una idea que surgió en el año 2000. Lo hablamos con el alcalde de Burgos de entonces, Ángel Olivares, el primer día de su mandato en la ciudad. Nos llamó a Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y a mí y acudimos a su despacho. Allí nos preguntó qué podíamos hacer con Atapuerca porque le interesaba mucho y le propusimos la idea de hacer un museo. Le gustó y comenzó el proyecto. Pensó además que el lugar ideal para construirlo era el solar donde ahora está, que primero fue un convento, después, un cuartel militar de Caballería y finalmente se convirtió en un aparcamiento de coches sin más valor que ese, que estaba muy bien pero era estéticamente feo. Ángel Olivares pensó que el solar de Caballería, que así se llamaba, era el mejor sitio para el futuro Museo de la Evolución Humana que con el tiempo le ha dado al centro de la ciudad un aspecto totalmente distinto.
P.-¿Cómo podemos iniciarnos en este trabajo tan interesante de investigar?
R.-Primero hay que estudiar mucho, todas las asignaturas que te gustan y las que no también. A mí me pasó. Al final se puede llegar a este trabajo por dos vías fundamentales, cursar Ciencias Biológicas o Historia, donde aprendes Arqueología, que aunque no existe como carrera sí hay máster. A partir de ahí debes ir metiéndote en este mundo, ir a excavar y, ante todo, sacar muy buenas calificaciones. Es complicado, claro, pero ocurre en todas las carreras universitarias, encontrar trabajo es difícil pero no imposible, por eso lo más importante es sacar buenas notas y tener claro el objetivo, saber dónde quieres llegar. Eso sí, es muy importante estudiar siempre lo que te gusta.
P.-Para investigar, ¿es importante formar un buen equipo?
R.-Hoy día es absolutamente necesario, imprescindible. Antes, en los siglos XVI, XVII o XVIII, los investigadores eran personas que trabajaban de manera individual y normalmente tenían recursos económicos para dedicarse a ello. Eran ricos y por eso tenían tiempo libre para la investigación, lo hacían como afición. Gracias a eso surgieron grandes científicos. Pero en la actualidad la ciencia solo se puede concebir si se trabaja en equipo. Esos equipos pueden ser más o menos numerosos, de dos miembros o de centenares, depende de los trabajos. De hecho, algunas investigaciones obtienen mejores resultados al repartir los estudios en distintos grupos y reunir la información obtenida.
En nuestro campo, en concreto, los grupos suelen estar formados por dos o tres personas que estamos en contacto con otras tantas en otros lugares del mundo, porque somos poquitos y debemos trabajar en red. Además, ya sabéis que hoy en día con los teléfonos móviles, los ordenadores y las redes sociales nos podemos comunicar con facilidad con el mundo entero.
En este centro se hace con frecuencia. Por ejemplo, el investigador Emiliano Bruner trabaja aquí con un chico pero está en permanente relación con centros de Estados Unidos, Francia y España. Hablan a través del ordenador mediante videoconferencia y funcionan como un equipo de trabajo virtual que publica sus trabajos científicos en importantes películas.
P.-Como a la gente le gustan mucho estas cosas sobre evolución humana, ¿se podrían hacer unos campamentos de verano?
R.-Sí. Lo que pasa es que las excavaciones requieren un trabajo muy profesional y nosotros a Atapuerca llevamos a jóvenes que han terminado su carrera y a los que ayudamos a formarse. Ahora mismo, no obstante, la situación económica nos obliga a reconsiderarlo. Enseñar a treinta personas supone también pagarles el alojamiento, la comida... y quizá eso ya no va a ser posible. Los campamentos para chicos más jóvenes no podrían hacerse en las excavaciones porque requeriría mucho esfuerzo.
Sí que sería interesante que en campamentos de Burgos hubiera monitores que acercaran a los chavales al parque arqueológico y dedicaran un tiempo de enseñanza al mundo de la prehistoria de una manera muy práctica. También podrían conocer los yacimientos. La verdad es que eso sería muy interesante y podría hablarse con los responsables del MEH o con la Fundación Atapuerca.
P.-¿Cuánto tiempo están investigando un resto?
R.-Puede investigarse durante dos horas o durante 20 años. Se hace un estudio inicial pero como la ciencia avanza al cabo de unos años hay que revisarlos ya que continuamente surgen técnicas nuevas que permiten llegar más lejos. Y así varias veces. Los fósiles están siempre siendo estudiados. Los que aparecieron hace 100 años han sido revisados en varias ocasiones. Por ejemplo, a los restos de Neanderthal que aparecieron en 1856 en el Valle de Neander se les han extraído trocitos pequeños para obtener el ADN, los genes. Y eso se ha hecho con un resto aparecido hace 170 años.

 

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