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Los Centros de Apoyo al Menor de Cáritas trabajan con 450 jóvenes

La ONG cuenta con seis en territorio burgalés El objetivo es prevenir situaciones de exclusión social

V. MARTÍN
30/11/2014

 

Acompañar a los menores en su desarrollo fomentando el uso adecuado de su ocio y su tiempo libre y facilitarles, en el ámbito de la educación, apoyo al estudio y ayuda en las tareas escolares son las acciones que se realizan desde los centros de apoyo al menor de Cáritas Diocesana. El objetivo es, mediante el trabajo en edades tempranas, prevenir situaciones de exclusión social.

En Burgos, Cáritas cuenta con seis centros de este tipo repartidos entre la capital, Aranda de Duero, Miranda de Ebro, Villarcayo y Lerma, por los que actualmente pasan cerca de 450 niños y jóvenes.

Los centros surgieron hace diez años, mediante un convenio de colaboración con la Junta de Castilla y León, con un objetivo distinto al que ahora tienen. En un inicio «aparecieron para cubrir la necesidad de una zona en cuanto al acompañamiento en el tiempo de ocio y tiempo libre de los chavales de la zona», explica Susana Fernández, educadora social del Centro de Apoyo al Menor Vela Zanetti de la capital burgalesa.

Ese contexto servía para «interviniendo en el ocio, poder encontrar situaciones de carencias o riesgo de exclusión social», añade, mientras que actualmente, «los centros se han especificado en el trabajo con niños y jóvenes en riesgo de exclusión social desde un plano educativo», matiza Alfredo Calvo, responsable de formación y sensibilización de Cáritas Burgos.

¿Quién acude?

Bien es cierto que los centros de las zonas rurales, como son Villarcayo y Lerma siguen manteniendo el espíritu de centro abierto a la comunidad y centrados en el ocio y el tiempo libre. «En estos lugares los chavales con dificultades están relacionados con niños en situaciones más normalizadas porque al ser poblaciones más pequeñas si se hiciera una distinción estaríamos creando una especie de guetos entre ellos», aseveró Fernández.

En cuanto al resto, los niños y jóvenes que acuden a los centros de apoyo al menor llegan derivados desde tres ámbitos distintos. Por norma general, la mayor parte de ellos acude al centros derivado «o bien desde el propio colegio o desde la propia Cáritas» explica la educadora y, además, «existen dos plazas destinadas a menores con medidas judiciales», es decir, «un juez determina mediante una medida judicial que el joven debe venir a este centro por un periodo de tiempo».

Razones cambiantes

Detrás de cada niño o cada joven existen necesidades muy distintas y que, además,han cambiado a lo largo de los años «porque las circunstancias sociales también han ido variando».

Si bien antes las «necesidades eran más educativas y de apoyo escolar o aprovechamiento del tiempo libre, ahora, a esas hay que sumar emocionales y conductuales, sobre todo». Los motivos de este cambio «son las circunstancias que vivimos ahora, la situación de crisis en la que está el país».

Y ¿qué tiene que ver lo uno con lo otro? Fernández lo tiene claro, «los niños tienen unas necesidades que, si sus padres están preocupados porque no pueden pagar las facturas o no tienen para darles de comer, van a dejar a un lado porque su primera preocupación es sacarlos adelante».

De este modo, «muchos menores llegan con carencias afectivas y emocionales que les llevan a problemas conductuales. Es la pescadilla que se muerde la cola», añade.

Ahí es donde entra el centro y es que «el apoyo escolar se convierte en la excusa perfecta para hacer una intervención social», matiza Calvo. El papel del educador es, por tanto, fundamental. «Mientras hacemos la tarea con ellos, vamos cogiendo confianza para poder ayudarlos en todo lo demás», explica la educadora del Vela Zanetti. Calvo resalta que «lo que más destacan los jóvenes que han pasado por estos centros es el vínculos que les une con los educadores sociales».

Además, es primordial tratar de mantener un contacto con la familia de los niños. «En casi todos los caso se intenta tener una relación con la familia y el colegio y que participen del centro porque se trata de hacer un seguimiento global», comenta Fernández.

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