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El contacto con los animales como terapia

Al Centro de Terapias Asistidas con Animales Mil Encinas acuden 35 usuarios a la semana, entre ellos, niños con Trastorno del Espectro Autista

V. MARTÍN
02/04/2017

 

Al Centro de Terapias Asistidas con Animales Mil Encinas, en Carcedo de Burgos, acuden cada semana 35 familias. Entre esos usuarios hay niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), como es el caso de Markel, de nueve años. En este centro, las personas ‘trabajan’ con caballos, perros, gatos e incluso cobayas. Aunque este proyecto nacía en 2014 y se desarrolló en «espacios alquilados», tal y como explica uno de sus creadores, Sara Burgos, «en enero de 2016, Pablo González y yo pusimos en marcha nuestro propio centro de terapias».

El espacio gira entorno a las terapias y a sus usuarios, «todo allí está preparado para ellos», comenta Burgos y explica que «aunque las terapias con animales no están regladas como tal, ahora empieza a haber titulaciones y formación académica». Perros y caballos son los grandes protagonistas de este centro porque «son animales sociales, que también funcionan con el sistema límbico- una zona del cerebro encargadas de regular las emociones, entre otras funciones- y es que no debemos olvidar que todas las conductas están motivadas por una emoción y estos animales nos facilitan el trabajo con las emociones». Pero no solo las emociones, «las terapias con animales son integrales, trabajan a nivel emocional, educativo y físico», comenta Sara.

Las intervenciones asistidas con animales «pueden ser terapéuticas, cuando marcamos objetivos, o lúdicas, en las que el fin último es divertirse y pasar un momento de ocio y desconexión», comenta. Por eso, cuando llega una persona al centro «lo primero que hacemos es una valoración y marcamos los objetivos de una forma anual- como un curso escolar- con revisiones continuas, así, una vez tenemos los objetivos elegimos al animal y al terapeuta».

En el caso concreto de las personas con autismo, que «por norma tienen dificultades de comunicación, crean un vínculo con el caballo que vas más allá del lenguaje verbal, además los caballos exigen una rutina muy marcada, algo que para las personas con TEA es fundamental, les ayudamos a trabajar en sus habilidades sociales y en su conducta porque no deja de ser un espacio donde conviven con otras personas, así como en su autonomía personal y a vencer los miedos».

Para su creadora, «el centro es «un triángulo donde todos nos ayudamos, animales, terapeutas y usuarios» y explica que «la terapia asistida por animales es instrumento para la prevención de la disfunciones físicas, pero también para la mejora de la calidad de vida, algo que ya se ha demostrado científicamente». Por su parte, Javier Arnáiz, orientador del centro El Alba de Autismo Burgos explica que «por el momento no hay terapias con animales avaladas científicamente, pero sí es cierto que las actividades con animales resultan positivas y gratificantes para algunas personas con autismo ya que les proporciona relajación y momentos de ocio con la familia».

«Son niños increíbles con una gran capacidad para sorprendernos»

Markel tiene nueve años y tiene autismo. Una de sus ‘mayores dificultades’ es la relación con los animales y es que, tal y como explica Reyes, su madre, «cada vez que íbamos por la calle dando un paseo y veía un perro, daba igual si estaba a dos kilómetros, se ponía muy nervioso y gritaba, era algo incontrolable». La tensión y el estrés no solo llegaban con los canes sino que se extendía a «cualquier tipo de animal».

En aquel momento, conocieron la existencia de Mil Encinas y decidieron acercarse. «Allí nos encontramos con que no solo trabajaban con caballos sino que también había perros, gatos y cobayas, y decidimos ver qué nos podían aportar», explica Reyes.

Los inicios fueron complicados y es que Markel «ni siquiera quería acercarse a las cuadras, no veía a los caballos, pero sabía que estaban allí y era incapaz». En aquel momento, Sara empezó a trabajar con Markel, «todo mediante juegos y objetivos» y en este año «el cambio ha sido enorme, ha pasado de cero a cien». Markel ha encontrado en los caballos un momento de diversión, de ocio y de «perder el miedo poco a poco» y es que «ahora los cepilla, los acaricia, los achucha, es muy feliz cuando llega el miércoles porque sabe que le toca ir a ver a Pipo y a Vilma»- dos de los caballos del centro.

Con perros y gatos «el avance está siendo más lento, pero igual de importante». Ahora Markel «tolera estar con ellos mientras monta a caballo, algo antes era impensable, y Sara sigue trabajando con él en el plano inferior», es decir, cuando Markel está a la misma altura que los canes.

Para Reyes, esta terapia no solo ha servido a Markel para «perder poco a poco el miedo» sino que «disfruta haciéndolo, es su día de ocio y diversión». Entre los beneficios, explica que «no solo disfruta del entorno y del aire libre, sino que ha creado un vínculo, una relación, con dos personas ajenas a su pequeño círculo de comunicación».

Señala que el autismo es una condición «muy dura», con la que hay que «trabajar constantemente». Pide a la sociedad «más comprensión» y es que «un niño con autismo no tiene ningún rasgo físico característico y muchas veces la gente juzga sin saber lo que creen que es ‘mala educación’ o una rabieta, cuando no esa así». Recuerda que «el autismo tiene muy diversas manifestaciones y los niños con autismo son seres increíbles, con una enorme capacidad para sorprendernos».

 

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