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Cuatro décadas para reivindicar las capacidades de las personas sordas

Aransbur nació ante el abandono y desamparo de un colectivo considerado inferior por su discapacidad auditiva / El diagnóstico precoz, los tratamientos y adquirir su propio lenguaje de signos les permite llevar una vida normal a día de hoy

MARTA CASADO
09/12/2017

 

Año 1977. La tecnología aún era analógica y las capacidades diversas aún no estaban presentes en una sociedad que caminaba hacia la democracia. Hasta entonces ser sordo conllevaba una atención benéfica-caritativa propia de la época preconstitucional. «Los afectados por pérdidas auditivas eran tratados como sujetos enfermos o inferiores compensando a sus familias con subsidios», recuerda el director de Aransbur, José Luis Arlanzón. Entonces la lengua de signos, propia de las personas sordas no estaba reconocida ni permitida en centros de educación especializados a los que acudían los niños, muchas veces separándose de sus familias. «Las personas sordas no accedían a la certificación de estudio básicos y por ley no podían heredar, legar, testar u obtener el carnet de conducir», explica.

En este contexto nace en 1977 una asociación promovida por padres de niños sordos en Burgos y provincia. «Los padres no sabían donde acudir en el ámbito rehabilitador, protésico, educativo, formativo, asistencial, laboral y social», narra. Las cosas han dado un giro de 180 grados. «Se ha logrado el reconocimiento de la Lengua de Signos y las particularidades sociales de la comunidad sorda y su identidad como minoría lingüística lo que ha permitido que una nueva generación adquiera el lenguaje en las primeras etapas de la vida, accedan a estudios superiores y profesiones cualificadas y aporten a la sociedad el beneficio de su diversidad», resume Arlanzón. También los avances médicos han permitido generalizar la detección precoz de la sordera, que se realiza en todos los hospitales en los primeros días de vida del bebé, y el desarrollo de avances tecnológicos y quirúrgicos como el implante coclear.

A día de hoy, y tras 40 años de experiencia, en Aransbur trabajan en la sensibilización social de este colectivo por un lado. Y por otro representar, defender e implicar a las familias en el proceso de normalización de los niños con deficiencias auditivas que podrán lograr aquello que se propongan con un desarrollo integral. Para ello es clave el diagnóstico precoz, la intervención temprana y el desarrollo de un medio de comunicación útil para salir del aislamiento, suprimir las barreras de comunicación y por tanto acceder a formación, información cultura...

El Centro María Cristina que Aransbur tiene en Fuentecillas permite prestar servicios como el de primera acogida, a padres de bebés con sordera; orientación, asesoramiento, formación, escuela de padres y madres; en los niños se realiza una atención temprana y se ofrecen servicios de logopedia, apoyo formativo, comedor escolar, espacio de ocio y tiempo libre. También se prestan ayudas técnicas. En cuanto a acciones vinculadas a la formación y al empleo en este caso tanto a personas sordas que han realizado sus itinerarios en la asociación, o adultos sordos integrados en la comunidad de Aransbur pero «también atendemos a personas sordas adultas en busca de empleo o mantenimiento o mejora del mismo que no sean socias», aclara Arlanzón.

Por otro lado, la entidad también cuenta con un Centro Especial de Empleo. Con ‘Mira lo que te digo’, empresa del tercer sector que presta servicios de accesibilidad audiovisual, han logrado que la discapacidad de sus empleados se convierta en la capacidad necesaria para desempeñar su rol. Entre los perfiles contratados hay estenotipistas, diseñadores, informáticos, técnicos de comunicación audiovisual, ilustradores y personal de servicios auxiliares.

En el Centro María Cristina cuentan, además, con 31 personas contratadas para la atención a 88 familias con perfiles variados (psicólogos, logopedas, intérpretes de Lengua de Signos, mediadores comunicativos, gestores, rehabladores, administrativos o personal auxiliar, entre otros).

Aransbur acaba de celebrar sus 40 años con actividades y charlas pero tras cuatro décadas y, a pesar de lo conseguido, la lista de demandas para atender el colectivo es alta. No se cumple como debieran las leyes en el ámbito de la educación, la sanidad, accesibilidad e igualdad de oportunidades (Ley de Integración y Accesibilidad Universal, Ley de Lenguas de Signos y Apoyos a la Comunicación Oral, Ley de Dependencia y la Ley Audiovisual. No existe tampoco coordinación entre las distintas dependencias y entidades públicas implicadas como sanidad, educación, servicios sociales o empleo. Las barreras de comunicación siguen siendo muy altas por falta de intérpretes de Lengua de Signos, tampoco se ha actualizado el catálogo de prestaciones ortoprotésicas y las ayudas técnicas y de nuevas tecnologías de información (emisoras de FM, vídeocomunicadores, sistemas de comunicación visual mediante realidad virtual...) tampoco son de fácil acceso. Otras demandas están más relacionadas con el ámbito laboral como el acceso del colectivo a empleos dignos y de calidad o mejorar el acceso al empleo público adaptando las pruebas y la evaluación objetiva a las aptitudes y capacidades para el desarrollo de la función laboral solicitada.

Quejarse no significa pararse. Y en Aransbur lo saben bien. Cuarenta años de trabajo no permiten estancarse ni resignarse. Seguirán trabajando en programas de atención temprana inclusivos y desarrollando herramientas y aplicaciones tecnológicas para facilitar la accesibilidad comunicativa. Por otro lado trabajaran en la adaptación a nuevos modelos de acreditación de Servicios de Promoción de la Autonomía Personal (SEPAR) mientras persiguen la homologación del Centro María Cristina como Centro de Rehabilitación, Logopedia y Formación. Con el objetivo de lograr la implicación del centro en las federaciones y redes del tercer sector y la implicación de las personas sordas en la toma de decisiones y participación en los procesos de integración social.

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