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La Espuela / Luis Mayoral, gerente de la Asociación Síndrome de Down Burgos

«Encontrar a alguien que sabes que nunca te la va a jugar es un tesoro»

Burgalés del 53, sus primeros pasos laborales fueron con su padre en su sastrería, después abrió una tienda de moda y detrás de la barra del bar Mayoral se curtió en la noche burgalesa. La necesidad de ser útil a su hijo Daniel le llevó, junto a otros padres, a fundar hace 30 años la asociación de la que es cabeza visible. Le gusta el cine, la literatura, la buena mesa, es licenciado en Políticas por la Complutense de Madrid y hubo un tiempo en el que quiso ser periodista

A.S.R.
14/01/2018

 

Pregunta- ¿Qué político se ha perdido este mundo?
Respuesta- La política es muy canalla y es muy difícil transitar por esa vida sin dejar un reguero de cadáveres. Eso lo aprendí enseguida. Mi vocación de servicio público la he encauzado a través de la asociación.

P.- ¿Y qué periodista le hubiera gustado ser?
R.- No me hubiera importado ser Iñaki Gabilondo.

P.- ¿La unión siempre hace la fuerza?
R.- Es muy difícil contestar que no. Pero siempre tiene que haber alguien que sepa por dónde tienen que ir las cosas. El hecho de que la gente esté unida no significa que se cambie el mundo a mejor porque puede estar confundida. Tenemos ejemplos históricos en los que masas de gente, como el nazismo, estaban equivocadas.

P.- ¿Cómo es el hilo que cose el tejido asociativo burgalés?
R.- El asociacionismo burgalés es potente, sobre todo en el sector de la discapacidad. Lo que nos cuesta es mirarnos menos el ombligo y girarnos hacia los demás, buscar lo que une y no lo que desune. En las asociaciones burgalesas hay un protagonismo muy acusado de las personas que históricamente las dirigimos. Cuando nos jubilemos, que estamos todos a punto, ese problema se va a diluir porque como han nacido con nosotros las vemos como nuestra casa y en la casa de cada uno no entra mucha gente.

P.- ¿Qué tesoro esconde el 21?
R.- Los Down no tienen dobleces, escribió Grijelmo en el prólogo a un libro, y encontrar a alguien que sepas que nunca te la va a jugar es un valor muy positivo. Otro es su capacidad de engancharte y agradecerte las cosas. Lo muestran con una facilidad que no tenemos nosotros. A mí me cuesta abrazar y besar, quizás por la propia ciudad, el frío contrae.

P.- ¿Le costó mucho descubrir esos valores?
R.- No, los tenía en casa. Daniel, además, fue desde el principio un niño particularmente afectuoso.

P.- ¿Qué monstruos le acechan?
R.- Hay uno claro, que es propio de la persona, que es la enfermedad. El fantasma de la incapacidad me viene a asolar habitualmente y me sume en la intranquilidad. También me es difícil de domeñar el de quedarme a la intemperie, debajo del puente, perder toda tu zona de confort. Me pasa desde pequeño, sin motivos porque, aunque procedo de una familia humilde, no vivíamos en la miseria.

P.- ¿Cuándo se le olvidó ser políticamente correcto?
R.- No puedo presumir de incorrecciones ni de saltarme normas. Además está el problema de la representación. La imagen que mucha gente tiene de la asociación es la mía. Uno tiene que ser cauteloso con su perfil más personal.

P.- ¿Cuántos cuentos le han contado?
R.- De pequeño, pocos, y me los creía todos, y de mayor algunos han intentado embaucarme pero no lo han conseguido, aunque suene a suficiencia.

P.- ¿A qué político le cantaría las cuarenta?
R.- En general, me llevo bien con la gente y me costaría. La política municipal tiene el problema de ser, curiosamente, demasiado local. Les falta preocuparse más de lo que ocurre fuera.

P.- ¿Nunca saca la pata del tiesto?
R.- Me contengo mucho.

P.- ¿Y le cuesta?
R.- Sí, pero realmente cuando hay cosas sobre las que hay que actuar, actúo, aunque sea una acción callada e intentando evitar los focos. Prefiero hablar e intentar convencer que dar un titular.

P.- ¿Qué estelas en la mar le deslumbraron?
R.- He tenido pocos maestros. Quizás ha sido un problema por mi indefinición hacia lo que quería hacer en la vida, es más fácil encontrarlos cuando hay un objetivo. Yo siempre he buscado un mentor, alguien a quien recurrir en momentos difíciles, pero no lo he hallado. Me convence no demasiada gente. Quien más me ha ayudado ha sido mi mujer, Marisol.

P.- ¿Es un lobo solitario?
R.- Podría haberlo sido, pero necesito a gente que me haga caso. Aunque en mi paseo de la mañana, que me es muy útil, hablo solo. Machado dijo que el que habla solo espera que le hable Dios.

P.- ¿Le habla?
R.- Evidentemente, no.

P.- ¿Cuál es el problema?
R.- No creo demasiado en él.

P.- ¿Y qué se cuenta cuando habla solo?
R.- De todo, en el paseo de hoy pensaba que quizás habláramos en la entrevista de literatura.

P.- Hablemos. ¿Es más Quijote o más Sancho?
R.- Más Quijote, aunque admiro profundamente a Sancho. La visión del Sancho político sería muy útil para muchos políticos de ahora. Deberían tenerlo en la mesilla.

P.- ¿Qué libro tiene ahora en la suya?
R.- Estoy con Homenaje a Cataluña, de Orwell, y acabo de leer A sangre y fuego, de Chaves Nogales, una reflexión sobre la Guerra Civil.

P.- ¿Ha encontrado referentes en literatura?
R.- Sí, tengo muchos. Saramago es el gran novelista del siglo XX. Ha sido capaz de introducir asuntos de actualidad, la muerte, la ciencia, el amor... Luego sigo a los bestseller, Vicent, Reverte, Marías, Vila-Matas, Almudena Grandes...

P.- ¿Y Machado?
R.- Machado es el mentor que siempre quise y no tuve. Lo tiene todo. Y a mí me gustaría que se me recordara como alguien que no ha hecho daño a nadie, como decía él, un hombre bueno. Él es fiel a sus raíces y al final se tiene que refugiar en la tierra de la inocencia que es la niñez. Todos vamos hacia ese lugar.

P.- ¿La infancia es la verdadera patria del hombre, que decía Rilke?
R.- Es lo que quisiera, pero la larga sombra de mi madre generó de forma inconsciente una burbuja de la que fue difícil salir. Era una mujer espléndida, trabajadora, atendía a sus cinco hijos, a sus padres impedidos, ayudaba a mi padre en la sastrería y lo hacía todo en casa. Ese manto protector con el que muchas madres rodean a sus hijos a mí me impidió, en parte, porque también ayudó mi carácter tímido y reservado, hacer amigos, relacionarme. Aunque sí creo que al final de la vida, que es muy jodida, tiendes a volver a ese momento.

P.- ¿Suspira por ser qué personaje libresco?
R.- Un caballero medieval y justo, entregado a una causa y que se lleva a la chica. Ivanhoe, el Capitán Trueno...

P.- ¿Cuándo quiso ser superhéroe y qué poder invocó?
R.- Nunca, salvo cuando quise ser el Capitán Trueno, pero para quedarme con Sigrid. Yo tenía un problema con las chicas. La primera con la que anduve me dejó por soso.

P.- Si su vida fuera una película, sería...
R.- Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah, con William Holden, que interpreta a un tipo madurito, inadaptado, un exmilitar que se convierte en asaltante de bancos para sobrevivir, y El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford.

P.- ¿Se echa más de menos al santo Job en la barra de un bar o en un despacho?
R.- La sensación de angustia del tendero y el tabernero ante la ausencia del cliente es algo que no deseo a nadie. No sabes lo que es mirar a la calle y esperar a que entre uno. Aquí no dependes tanto de los demás.

 

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