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EDUCACIÓN

Un espacio que apuesta por la educación activa y emocional

Una veintena de alumnos se forman en Magea Escuela Activa, un centro que aboga por la disciplina positiva, el contacto con la naturaleza y el respeto a los ritmos de cada niño

V. M.
09/06/2019

 

Una manera de educar que tenga al niño como centro de la actividad, que considere sus capacidades, intereses y ritmos es posible y cada vez son más las familias que buscan ofrecer a sus hijos este tipo de educación activa y que en Burgos conforma la base de Magea Escuela Activa. Tras ponerse en contacto con la Junta de Castilla y León y conformarse como cooperativa de familias, en 2014 nacía Magea Escuela de Educación Integral, un centro que apuesta por la pedagogía activa y que propicia en cada niño el desarrollo de sus capacidades personales respetando su proceso natural.

Situado a pocos kilómetros de la capital burgalesa, en Castrillo del Val, centra en sus ejes educativos la motivación de los alumnos, se deja a atrás la clase magistral para potenciar su autonomía y un aprendizaje más práctico y pegado a la realidad con la que conviven. El espacio, en contacto directo con la naturaleza, cuenta con 19 alumnos matriculados, divididos en grupos de pequeños y mayores a los que se les denomina Colibrís y Cocodrilos.

En el curso 2016/ 2017 Ibone Valerdi y Arantxa Arroyo fueron contratadas por la cooperativa de familias como docentes y fue en aquel momento cuando las profesoras desarrollaron el proyecto educativo con el que hoy continúan. «Vieron cómo trabajábamos y nos propusieron gestionar la escuela porque, al fin y al cabo, las familias tienen sus propios trabajos y no pueden dedicar todo su tiempo al proyecto y, además, no estarán siempre en el centro porque sus hijos crecen».

Dicho y hecho, las docentes tomaron las riendas del espacio, transformaron la cooperativa de familias en una cooperativa de trabajo y pasaron a denominarlo Magea Escuela Activa. En ese momento se sumó a la plantilla Lorena Valerdi, quien se encarga de las labores de secretaría escolar y en el curso 2018/ 2019 lo haría Javier Sagredo, maestro especialista en Educación Física e Inglés.

Desde hace más de un año, las responsables de la escuela trabajan en conseguir ser centro autorizado por la Junta de Castilla y León, una certificación «basada especialmente en criterios arquitectónicos- debemos construir un gimnasio- además obviamente de la formación adecuada de los docentes», explica Valerdi, quien apunta que «ya nos han dado visto el proyecto del gimnasio y estamos pendientes de la licencia, cuando esté construido seremos un centro autorizado».

Hasta que llegue ese momento, la escuela sigue funcionando a ritmo normal y ofreciendo a sus alumnos un espacio único de aprendizaje centrado «en la neuroeducación- ciencia que estudia cómo aprende el cerebro- unida a la legislación educativa», comenta Valerdi. A través de esta forma de enseñar, los niños aprenden a partir de las experiencias que viven a diario con diversos proyectos que permiten reforzar sus capacidades sociales. Puede parecer que es un planteamiento pedagógico ‘desenfadado’, pero en realidad es un sistema muy organizado y permite obtener los resultados que se desean porque las lecciones se adaptan al niño y a su entorno.

Un de los pilares de esta fórmula pedagógica es el contacto con la naturaleza. «Se ha demostrado científicamente los resultados que tiene, no solo para un buen desarrollo motriz y el buen conocimiento de los ciclos de la naturaleza sino también a nivel de aprendizaje porque tiempos intercalados entre naturaleza y trabajo en el aula mejora la atención y la concentración».

Otro de los principios pedagógicos fundamentales de Magea se centra en el agrupamiento multinivel. «En algunas activas tratamos de agrupar a alumnos de tres edades diferentes, como ocurre en la escuela rural tradicional», comenta la maestra. Esta acción permite «un aprendizaje significativo desde la motivación porque el ritmo de cada niño es diferentes y en un aula con varias edades no se marcan objetivos generales para todos iguales sino que cada uno tiene los suyos propios y marca su propio ritmo». Además «favorece la colaboración y no la competitividad» y el aprendizaje se produce en muchas ocasiones a través de las neuronas espejo, es decir, «por imitación».

Todo este planteamiento no tendría sentido sin el acompañamiento emocional que los docentes del centro prestan a los alumnos. «Es importante que los niños sean ellos mismos, que expresen sus emociones y sus sentimientos», comenta Valerdi, quien compara el aprendizaje con dos trenes que van en paralelo. «En uno de ello van los contenido académicos y en el otro el acompañamiento emocional». Para ello, los docentes apuestan por la disciplina positiva, un programa que «trabaja la conciencia emocional, la autorregulación, el conocimiento del funcionamiento cerebral cuando surge una emoción, poner nombre a las emociones permite a los niños comprender qué les pasa».

En este punto, la labor del educador o del acompañante es clave. «Hay una palabra que usamos que es ‘repesa’, que significa: reconocer, permitir y validar y soluciones aceptables», explica Valerdi, que hace hincapié en la importancia de «hacer ver al niño que todas las emociones son válidas y que lo que puede no ser adecuado es la acción con que se expresa».

METODOLOGÍA
Aunque la base de enseñanza es común a pequeños y mayores como es el trabajo con materiales, la metodología utilizada con ambas grupos tiene variaciones. Con los más pequeños, Magea desarrolla una enseñanza centrada en metodologías como Montessori, Waldorf o Reggio Emilia, que abogan por el uso de materiales que fomentan la experimentación y el descubrimiento y el aprendizaje autónomo a través de las actividades prácticas y los juegos creativos. Así, «el aula cuenta con espacios de la vida práctica, sensorial, lenguaje y matemáticas».

Ya con los mayores, la escuela desarrolla su propio método, ideado por Valerdi e inspirado en los materiales Montessori y en el Sistema Amara Berri, que cubre el curriculum oficial propuesto por la Consejería de Educación del gobierno regional. «El aula también se divide en rincones, en este caso de lenguaje, matemáticas y ciencias». Durante el tiempo en el aula, cada niño decide con qué quiere trabajar y «todo el material está preparado en bandejas, el papel del docente es guiar su trabajo, presentar el material y los conocimientos», comenta la maestra, quien señala que «todos los proyectos permiten al niño trabajar de forma autónoma y tienen carácter autocorrectivo».

Cada semana los niños determinan sus compromisos y «eligen un proyecto de cada área para realizarlo». En ese punto entra en juego el método pedagógico de Valerdi. «Utilizan una guía para cada tema con cuatro pasos marcados: el uso de material, la realización de una ficha, completar el cuaderno personal y el registra de trabajo, que es donde entra en juego la evaluación del maestro».

En esta propuesta de aprendizaje se da especial valor a la motivación. «La motivación debe nacer desde dentro y para ello hay que atender las necesidades de los más pequeños», comenta la docente, «se trata de lograr su interés por determinados temas creando situaciones reales, por ejemplo si a un niño no le gustan los números, hacer una receta con él y que vea que necesita conocerlos para poner las medidas exactas».

Fuera de las aulas, en el exterior, los alumnos disfrutan de un área de juegos, un huerto, un compostera y y un hotel de insectos. «Todas las familias han participado en la fabricación y en el mantenimiento de los espacios», explica Valerdi, quien señala que «el papel activo de las familias es clave en el desarrollo de los niños, por eso intentamos que los niños tengan en casa una continuidad pedagógica y de disciplina en casa».

Cada día, tanto pequeños como mayores realizan asambleas de entrada y salida. «A primer hora saludamos a todos los niños por su nombre y en la sesión de salida nos cuentan qué ha sido lo mejor de su día. Además los mayores participan en la ‘Hora de las mujeres sabias’, una actividad que les permite conocer diversos referentes de mujeres de diversos áreas del conocimiento».

Al margen de la actividad escolar, la escuela desarrolla cursos y seminarios tanto para familias como para todo el ciudadano que quiera participar además de hacer asesoramiento en educación activa y disciplina positiva a otros centros. En verano, la escuela oferta un campamento, abierto a toda la ciudadanía, para «favorecer la conciliación familiar».

 

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