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La especial conexión de Alonso y Denzel

El pequeño salmantino cuenta con la compañía del labrador desde hace un año y medio

V. MARTÍN / Burgos
04/02/2018

 

Para Covagonda Cienfuegos, madre de Alonso, el anteproyecto de Ley de Acceso al entorno de las personas usuarias de perro de asistencia en Castilla y León es una necesidad. Con la puesta en marcha de la norma, Denzel- un labrador color chocolate- podría acompañar a Alonso a cualquier parte pero, «sobre todo podría acompañarle al hospital cada vez que toca hacer una prueba o hay un revisión, le aportaría muchos beneficios».

Alonso tiene cinco años y una encefalopatía epiléptica neonatal lo que le produce un retraso psicomotor grave. Covadonga aclara que «Alonso no está diagnosticado todavía, tiene un tipo de enfermedad genética, pero aún no sabemos cual». El periplo médico de Alonso comienza en Salamanca, «donde le diagnosticaron parálisis cerebral» aunque «no fue así». De allí, «nos marchamos a Oviedo- ciudad natal de Covadonga- desde donde le trasladaron a Madrid y tras dos años allí, solicitamos al Sacyl el traslado al hospital SantJoan de Deu de Barcelona».

Fue precisamente en la capital condal donde comienza la historia de la búsqueda de Denzel. «Mientras estábamos en una sala de espera entró un golden retriever del programa de perros de asistencia del hospital y fue la primera vez que mi hijo movió un poco la mano». Aquel leve movimiento fue una señal. «Lo tuve claro, Alonso necesitaba un perro y aunque todo el mundo pensaba que estaba loca, yo no cejé en mi empeño».

Covadonga consultó en diversas escuelas de adiestramiento el coste de un perro de asistencia y vio que «su precio podía alcanzar los 15.000 euros». A partir de ese momento, la familia inició una campaña de patrocinio para conseguir el dinero, pero en ese proceso y a través de un amigo, apareció Pomi, un famoso adiestrador de perros. «Le expliqué nuestra circunstancia y él nos comentó que cualquier perro con unas condiciones concretas, incluso siendo un perro de protectora o perrera, podía ser adiestrado como perro de asistencia». Comenzó en ese momento la búsqueda de un can. «Mientras veíamos fotos por internet, cuando llegamos a la imagen de Denzel, Alonso empezó a hacer ruidos y a reír y llamé a Pomi». El perro se encontraba en una asociación de Sevilla y en la llamada Pomi le contestó que «viajaba en dos día a la ciudad y que él se encargaría de conocerlo».

Tras conocer a Denzel- un perro que había sido abandonado en dos ocasiones- Pomi lo tuvo claro. «Es él» rezaba el mensaje que el adiestrador envió a Covadonga. Tras un semana con el entrenador, el perro llegó a la casa de Alonso hace un año y medio, donde un adiestrador le sigue entrenando para que obtenga el certificado de perro de asistencia. «No tenemos ninguna prisa, por el momento se ha convertido en el escudero de Alonso».

Desde que llegó a casa «vimos que no le perdía de vista, siempre está pendiente de Alonso, también de su hermana Olaia, pero de Alonso especialmente, sabe que no es un niño como los demás», comenta Covadonga, «es un terapia para él, pero mañana puede ser una necesidad porque no sabemos qué va a ser capaz de hacer Alonso».

Con Alonso, «Denzel no es un perro especialmente cariñoso sino que desarrolla con él un instinto de protección, le mordisquea los pies como hacen las madres con sus crías para estimularlas». Hay un conexión especial entre ambos. «El pasado mes de junio le subió la fiebre a Alonso y Denzel no paraba de llorar y dar vueltas, cuando llegamos al hospital sufrió una convulsión febril, parecía que Denzel intuía que pasaba algo», comenta. En otra ocasión, mientras el pequeño sufría un hipoglucemia, «Denzel no se movió de su lado mientras yo me preparaba para ir al hospital».

Ahora, el pequeño está empezando a ponerse de rodillas y a gatear con la ayuda de Denzel. Alonso tiene, sin duda, una historia de superación de esas que ponen los pelos de punta. Progresa día a día y lo hace gracias a «mucho esfuerzo, dedicación y dinero y con poca ayuda». El pequeño «está en un momento fantástico, pensamos que es posible que no tenga problemas cognitivos sino una barrera física que le impide demostrar lo que es capaz de aprender».

El laborioso camino para convertirse en perro de asistencia

Los perros de asistencia necesitan una preparación y un entrenamiento previo que desarrolla la figura del adiestrador. El trabajo con el animal es intenso y siempre se ajusta a las necesidades de quien será su dueño. Aunque las razas más utilizadas son los labradores y los golden retriever porque «ya viene con ciertas capacidades de serie como que son más sociables y tienen una buena capacidad de aprendizaje o que disponen de un buen tamaño para desarrollar diversas tareas», la realidad es que «cualquier perro, de raza o cruzado, que tenga buenas características podría servir como perro de asistencia», tal y como explica Juan Ramón del Campo, adiestrador en la delegación burgalesa de la Asociación Profesional de Expertos y Técnicos en Terapia Asistida con Animales Española (Apettece).

Del Campo apunta que «luego hay que hacer una selección individual, conociendo el carácter del perro y sabiendo quién será su destinatario». Así las cosas, la primera fase del entrenamiento de un perro de asistencia se centra en la selección del ejemplar y es que «el perro se va a entrenar en función de las necesidades del usuario al que va a ayudar y por eso cada ejemplar debe contar con unas características». En el caso de los perros señal- adiestrados para avisar a personas sordas- «deben contar con una sensibilidad auditiva alta» o en el caso de tener que ayudar a una persona con discapacidad física, debe «ser capaz de tolerar muchos estímulos y seguir estando pendiente de su trabajo».

Con la selección se mantiene una entrevista con el usuario para conocer sus necesidad y a partir de ahí comienza el entrenamiento. Si se hace desde cachorro, comienza «sobre los 4 meses». Se empieza «trabajando obediencia y socialización porque es aún muy pequeño» para «después pasar, a partir de los seis meses, al trabajo propedéutico, el entrenamiento propio de las habilidades que va a desarrollar con su usuario». El entrenamiento durará entre 6 meses y un año.

La fase de entrenamiento «varía dependiendo de a quien va a ir dirigido el perro». Por ejemplo, para niños con autismo, «el perro trabaja para evitar situaciones de fuga con maniobras de anclaje, es además un instrumento transicional que les aporta seguridad para salir a la calle e incluso se trabaja con ellos para que calmen posibles ‘rabietas’».

En el caso de los perros de alerta médica como pueden ser los destinados a las personas con diabetes «el entrenamiento es realmente complicado y es que hay que trabajar con ellos para que estén atentos todo el día y se despierten cada tres o cuatro horas por si se produjera una posible hipoglucemia» .

El método de adiestramiento se centra en el clicker. Es una herramienta que «indica por sonido- un click- que el ejercicio que ha hecho el perro está bien, entonces se le recompensa con juego o con comida», comenta Del Campo, quien apunta que «esa recompensa va disminuyendo poco a poco hasta llegar a un reconocimiento por caricias o palabras del trabajo bien hecho».

Una vez el perro sabe su funciones, llega la fase de acoplamiento. «Esas funciones se traspasan al hogar y al usuario y a este se le enseña a ‘usar’ al perro». Además, luego hay una fase de seguimiento y es que «el usuario puede dejar de realizar acciones que luego retoma y que hay que reentrenar».

 

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