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«La justicia no puede ser ojo por ojo»

El padre Ángel, fundador de la ONG Mensajeros de la paz, se refiere a los atentados de París en la apertura de la XI Semana de la Solidaridad del Centro de Cooperación de la Universidad de Burgos en una Sala Polisón llena

A.S.R.
17/11/2015

 

Con la perenne sonrisa bonachona con la que acostumbra a asomarse a cualquier programa televisivo o se deja fotografiar rodeado de niños en una aldea de África, irrumpió ayer el padre Ángel, fundador de la ONG Mensajeros de la paz, en una repleta Sala Polisón en la apertura de la XI Semana de la Solidaridad organizada por el Centro de Cooperación de la Universidad de Burgos.
Llegó con el convencimiento de que Un mundo mejor es posible. ¿Cómo es ese mundo?
«Es el que todos deseamos y queremos para nuestros hijos. El mundo de hoy es, sin duda alguna, mejor que el de hace cien y doscientos años. Vivimos en un lugar por el que merece la pena seguir trabajando», introduce el religioso y centra en la solidaridad y en el diálogo los puntos en los que hay que empeñarse para que la sociedad contemporánea siga adelante.
«Nos falta saber dialogar tanto entre los hombres como entre los partidos y los gobiernos», observa y añade que esa carencia se ha evidenciado más que nunca tras los atentados de París. «No vale la venganza, la respuesta no son las armas ni la violencia, hay que dialogar. Es necesario pedir y exigir justicia, no faltaba más, pero el diálogo es la herramienta. La paz no es fruto de la guerra, diga quien lo diga, aunque estuviera escrito en la Sagrada Biblia», sentencia.
Reconoce el padre Ángel que la empresa es difícil y más cuando hay tantas muertes por medio. «Es complicado porque todos creemos que estamos en posesión de la verdad y que solo hay un camino, una manera de actuar y de ser, y hay varias. Todos creíamos que la religión católica era la única y la verdadera y no es así, existen otras y hay que respetarlas como pedimos que lo hagan con la nuestra», señala y apuesta por la educación para erradicar esa violencia y conseguir que la sociedad actual camine hacia adelante.
«Lo que ha pasado en París ha sido una locura y hay que prevenir actos así, hay que educar en las escuelas, en las iglesias... Nadie tiene derecho a acabar con la vida de nadie por muy juez que se crea o muchas bombas y armamento que tenga. Nadie es dueño de la vida de nadie. Los atentados son una barbaridad y se debe hacer justicia, pero esta no es ojo por ojo, no se puede matar porque tú me has matado. Hay que hacerlos pagar su pena y actuar para que no vuelva a suceder más», sostiene.
Los gestos de solidaridad con la población francesa llegados desde todas partes del mundo son, para este incansable mensajero, muestras de que otro mundo mejor es posible.
«Nunca en la historia de la humanidad hubo tanta solidaridad ante un acontecimiento como el ocurrido en París. Todas las naciones, mandatarios e ideologías se han manifestado en contra de estas matanzas cuando antes nos matábamos unos a otros e incluso lo justificábamos, ahora no lo hace nadie», dice.
¿Los gobernantes son conscientes de la importancia de la educación en la prevención de este tipo de actos? ¿Cómo casa esta necesidad con los sucesivos recortes?
«Un pueblo culto, cuando tiene escuelas, universidades y cuida la formación, es más rico en solidaridad, más humanitario. Por eso todos creen que hay que hacer hincapié en este ámbito y aquellos que intenten recortar ahí pierden una parte de la sociedad», contesta y recuerda en este punto el empeño que demostraron siempre Julio Anguita, exdirigente de Izquierda Unida, y Nicolás Castellanos, misionero establecido en Bolivia.
¿Pero se dan cuenta los políticos actuales de ello?
El padre Ángel se muestra benévolo con los mandatarios. No les tira de las orejas y les echa un capote. «Son los gobernantes quienes pueden construir ese mundo mejor. En sus manos está hacer carreteras, universidades y subir las pensiones. Ellos son los responsables y hay que animarlos a ello o quitarlos de donde están para que vengan otros y lo hagan mejor», destaca este religioso que ha recogido el reconocimiento de la sociedad por la labor realizada por la ONG que fundó en 1962.
Mensajeros de la paz, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 1994, nació con un objetivo inicial de acoger a niños y jóvenes en situación de abandono y exclusión. Con el paso de los años ha extendido su labor a otros sectores sociales desprotegidos como el de las mujeres que sufren la violencia machista.
«Las mujeres víctimas de machismo son demasiadas y aunque solo hubiera una es una lacra con la que hay que terminar. ¿Cómo? Empezando en la guardería y en la escuela. Parece que es el macho el que debe mandar en la sociedad», reflexiona.
Y cuando se le interroga por la dificultad de cambiar las tornas, el religioso apunta que no lo es tanto y viaja desde Burgos a esos países africanos a los que llega el brazo de Mensajeros de la paz. «Allí la mujer es la matrona, la que sostiene la casa sin duda alguna», advierte y al mismo tiempo aplaude el coraje de las mujeres, «que están conquistando lo que siempre debió ser de ellas: el puesto de matrona de la sociedad».

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