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Lágrimas celestes por el burgalés que no está

El cielo contuvo el sollozo hasta primera hora de la tarde. Los Cucos ganan el Yanta


07/07/2014

 

SAMANTA RIOSERAS / Burgos


Olió a tierra mojada, sonó al mester de juglaría, supo a cangrejo -y a morcilla, como no-, se vio entre gotas de lluvia y se vivió con la misma alegría de cada año.
El Burgalés Ausente dijo ayer adiós a las fiestas patronales pero comenzó a tachar días en el calendario para empezar las próximas.


El cielo, quizás enfurruñado o melancólico sabedor de su fin, dejó escapar sus lágrimas intermitentemente hasta que explotó en mitad de un larga sobremesa, convirtiendo las callejuelas entre los puestos de las peñas en una escultura cinética de paraguas que jugaban a abrirse y cerrarse.
Soltó el primer sollozo en el tradicional recibimiento a los burgaleses ausentes que llegaban desde México, Uruguay, Cuba, Bahía Blanca y Buenos Aires. 


«Lástima que el sol no brille, pero estar aquí con vosotros es como si lo hiciese», decía al micrófono Inés de la Rosa, en representación de aquellos que, gracias a la Operación Añoranza, tienen la oportunidad de conocer sus raíces. «Venimos de diferentes lugares, pero en todos hay esencia burgalesa».
Durante el acto, Amancio Villafruela, aprovechó la oportunidad para recordar a Rafael Frühbeck, que falleció el mes pasado, e invitar a todos los que están lejos a ejercer, como él, de embajadores: «Burgos, Burgos y Burgos», reiteró.


El presidente de la Diputación, César Rico, y el alcalde, Javier Lacalle, también tuvieron palabras para «todos los que han llegado estos días desde otras comunidades autónomas y países».
Pero se olvidaron de los verdaderos ausentes, de los que no pueden ni acercarse a su ciudad durante las fiestas. De los jóvenes, y no tan jóvenes, que han tenido que emigrar, que escapar del suelo burgalés en busca del trabajo que no han encontrado ni les han ofrecido.
Bailaron los danzantes que dieron paso al «arte y salero» de los Gigantillos que comenzaron sus movimientos con un beso -acompañados por el oooh del público- que bien se pareció a un cabezazo.
Tras un sentido tierra sagrada donde yo nací, suelo bendito donde moriré se inició la peregrinación hasta la Virgen del Álamo, donde se ofició la misa al son de las canciones del coro y el soniquete de los paraguas arriba y abajo.


Corrieron las ostias, sagradas, en una ceremonia muy de andar por casa en la que la comunión se convirtió en un sírvase usted mismo con cuencos circulando entre los feligreses.


Cucas cocochas con cangrejo
Guardadas las formas, llegó la hora de mancharse las manos con el adobo del morro, de ensuciarse las comisuras de los labios con los granos de arroz de las morcillas, de pintarse la nariz intentando dar un bocado al pincho de turno mientras en la otra mano se dejaba derramar el tinto y la cerveza.
Se contuvo el cielo y casi no sollozó durante la hora de la comida, servida sobre pedazos de pan y platos de plástico.


Para exquisiteces ya estaban los platos de la 47 Edición del Buen Yantar que este año llevaban como ingrediente obligatorio el cangrejo de río. Al estilo tradicional, con salsa marinada o en versión crema.
No faltó innovación en las 40 propuestas, ni en las presentaciones. En El Crucero, hasta el hielo formaba parte de la decoración, con cangrejos dentro de los cubitos. En el plato tampoco faltó imaginación: vinagre de módena y piel de trucha para simular  los reteles con los que se pesca el ingrediente principal.
Alfredo, en la Peña Recreativa Castellana, decía que son «tan considerados» que habían optado por una brocheta para que no se manchase las manos el jurado.
Entre ellos, no podían faltar Antonio Arrabal y Miguel Cobo que degustaron los platos sin prisa y atendiendo a las peticiones fotográficas. «Llevan la libretita y no dicen nada», «a mí me que estaba soso», comentaban los peñistas.


«¡Que no, que está todo cojonudo!», gritaba Cobo, tras reconocer que el cangrejo es «complicado de cocinar». También de digerir. «Aquí tengo preparado el almax», decía Arrabal enseñando el sobre.
Cobo no escatimó en pasar tiempo con los concursantes que aprovechaban para enseñarle sus propios productos. Hasta pudo probar un vino chacolí de La Bureba en el Club Modelismo Castilla.
Pero el triunfo en los fogones se lo llevaron las Cocochas con cangrejo de Los Cucos, que confiaron en su apuesta desde el principio. En el plato voluntario ganó la fusión de lo tradicional con lo actual: Chips de olla podrida, de Los Titos.

 

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