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El legado de Héctor Rojas sigue en manos de la NASA

En su nuevo libro, Pierre Monteagudo aborda las presuntas torturas que sufrió el astrofísico venezolano para borrarle «recuerdos de su mente» / Su próximo objetivo: acreditar que las imágenes del Apolo 11 en la Luna eran «falsas»

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
03/06/2019

 

La muerte del astrofísico venezolano Héctor R. Rojas en «extrañas circunstancias» mantiene en vilo a su compatriota, admirador y biógrafo oficial. Un día antes de llegar a Burgos, Pierre Monteagudo nos comunica que traerá consigo un ejemplar de su nuevo libro: ‘La tecnología del cosmos’. Después de sacar a la luz los informes 1, 2 y 3 de la NASA que revelan las aportaciones del científico para que la misión del Apolo 11 en la Luna fuese un éxito, este concienzudo docente e investigador trata ahora de esclarecer por qué Rojas fue «víctima de algunas atrocidades que están tipificadas como tortura». Con documentos y pruebas testimoniales sobre la mesa, y pendiente de que el organismo espacial desclasifique el report 4, Monteagudo también establece una conexión entre el material localizado en el único satélite natural de la Tierra y el caso Roswell.

¿Por qué decidió la Administración estadounidense torturar a Héctor Rojas? Como ya demostró en su anterior entrega (‘Expediente Rojas, NASA Reports 1/2/3’), el astrofísico latinoamericano sabía demasiado y la difusión pública de sus investigaciones ponía en jaque a una potencia mundial en plena guerra fría con la Unión Soviética. Por si fuera poco, tuvo la osadía de corregir un flagrante «error»: la publicación en revistas científicas de una foto del cráter Copérnico de la Luna «cuando en realidad correspondía al cráter Kepler».

A partir de ese momento comenzó la pesadilla. El doctor Rojas fue retenido y sometido a un dolorosotratamiento para borrar «recuerdos de su mente». Por fortuna, «tenía una voluntad de hierro para superar adversidades» y en un momento dado «se sintió con fuerzas para contar algunos pequeños detalles de lo que le habían hecho». Esas confesiones a la gente de su entorno han permitido a Monteagudo juntar muchas piezas de un puzle todavía incompleto. De momento, entiende por qué el científico venezolano «decía que le habían hecho daño». No en vano, todavía debe dilucidar «si su muerte pudo ser a consecuencia de las secuelas derivadas del tratamiento».

Su «prematuro» fallecimiento no es el único misterio que gira en torno a la vida y obra de un astrofísico denostado por el Gobierno norteamericano. En ‘La tecnología del cosmos’, Monteagudo acredita que Rojas también trabajaba para el Pentágono. No es de extrañar que el estamento militar se interesase por su trabajo, sobre todo tras descubrir que «en las capas superficiales de la Luna hay ciertos minerales que no se conocían en la Tierra». Su composición química, con «propiedades muy exóticas»y similares a las de las denominadas tierras raras, dio lugar a un metal «ultraligero, prácticamente irrompible y maleable que se deforma con el tacto y que cuando lo dejas de presionar vuelve a su forma original». Obviamente, un descubrimiento de estas características, vital para la industria armamentística, debía mantenerse bajo el más estricto secreto.

¿Qué tiene que ver el caso Roswell en todo esto? En su día, investigadores como Stanton T. Friedman o Javier Sierra acreditaron que «esa aleación fue recuperada en el teatro de operaciones que montaron en 1947 en el condado de Roswell». Quién sabe si fueron «cientos o miles de trozos», pero a Monteagudo no le cabe duda alguna de que se localizaron tras el «impacto de una aeronave». Por aquel entonces, Rojas permanecía al margen. Sin embargo, las características de ese material cósmico lunar descritas por el doctor «coincidían a la perfección con los testimonios de los testigos del caso Roswell».

‘La tecnología del cosmos’ sale a la venta este semana. 600 copias y 180 ya en reserva. Entretanto, Monteagudo aguarda con impaciencia que se resuelva su segunda apelación ante la NASA para que desclasifique el report 4. En dicho informe, se confirma el hallazgo de material desconocido en la Luna y se demuestra que el trabajo de Rojas fue «absolutamente imprescindible para el aterrizaje» y para «preservar la vida de los astronautas». Tras un primer rechazo, el docente espera que Estados Unidos «haga justicia» con el legado de su compatriota y no catalogue su contenido como «ultrasecreto». Entre otras cosas, porque han transcurrido «más de 50 años» y lo conveniente sería «cumplir la ley de libertad de información». De lo contrario, el biógrafo del doctor Rojas se vería obligado a «reiterar la falta de transparencia de la NASA al no publicar uno de sus estudios que, por ley, debe estar en el servidor de información técnica y científica que ellos gestionan».

Si algo tiene claro Monteagudo es que «el último episodio de esta historia no está escrito ni de lejos». Su intención es seguir indagando en el pasado de Rojas y mostrar al mundo el contenido del report 4. Si la NASA se niega, acabará dando con él porque tiene constancia de que se distribuyeron varias copias en francés por Europa. En paralelo, estudiará «alrededor de 200 folios» que recogen un «estudio sobre la cartografía de los fondos marinos de la Tierra, con submarinos atómicos estadounidenses, gracias a una aplicación del método Rojas de las transformaciones sucesivas», el mismo que permitió conocer la superficie de la Luna.

Por si no tuviese bastante, el profesor también pretende contrastar una información «inédita» que conoció la semana pasada. Según parece, Héctor Rojas expresó su «malestar» tras descubrir que «las imágenes del aterrizaje sobre la Luna eran falsas». El viaje se realizó, de eso no cabe duda. Por eso no tiene sentido que Armstrong, Aldrin y Collins «se prestaran para esto». Sea como fuere, esta revelación supondría una cal y otra de arena para quienes ponen en tela de juicio la misión espacial.

Rojas y Tesla: la conexión de «dos grandes líderes modernos»

La vida de Héctor Rafael Rojas y Nikola Tesla guarda muchas similitudes. O mejor dicho, «paralelismos impresionantes». Sus trayectorias profesionales siempre destacaron por sus elevados conocimientos y «un altruismo elevado a una potencia desconocida». Para Pierre Monteagudo, Rojas y Tesla eran «dos grandes líderes modernos» que perseguían el mismo ideal:«el beneficio de los pueblos del mundo y el progreso de la humanidad».

Por desgracia, los intereses económicos de gobiernos y empresas privadas frenaron en seco sus ansias de contribuir al bien común. Nunca lo tuvieron fácil y fueron denostados pese a sus brillantes aportaciones. Rojas, por ejemplo, «terminó en una situación deplorable porque ni siquiera cobraba a sus estudiantes por darles clases universitarias de física, química y matemáticas». Aún así, «nunca se le escuchó quejarse y nunca dijo que le hiciese falta dinero. Cuando había comida y le servían comía. Si no, se iba a dormir tranquilamente».

Tesla, por su parte, tuvo que «perdonar los millones que se había ganado por las patentes de sus inventos relacionados con la energía eléctrica». Su principal objetivo era garantizar la «gratuidad del suministro» y acabó pagando caro su altruismo. Al final, los dos observaron con impotencia cómo sus «aspiraciones legítimas» eran «cercenadas por los intereses mercantiles o militaristas del orden establecido».

Como nunca es tarde si la dicha es buena, Monteagudo espera que las autoridades norteamericanas puedan «pasar página» de una vez por todas para «rendir un tributo póstumo a la memoria de Rojas» -también «en honor a su familia»- y «reconocer que existe el report 4».

 

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