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LA ESPUELA / Carol Martín

«Los gobernantes necesitan chocolate para alegrar su vida... y la nuestra»

Se levanta cuando las calles aún no están puestas para endulzar la vida a los clientes de Los bizcochos de Carol, la tienda de repostería que abrió hace cuatro años en el Arco del Pilar.

ALMUDENA SANZ
21/01/2018

 

Pregunta- ¿Los bizcochos son de Carol y de cuántos más?
Respuesta- Detrás tengo el apoyo de toda mi familia, la mía y la de mi marido, Raúl, la de sangre y la política. Aunque estoy sola trabajando: cocino, atiendo, despacho, decoro... ¡Lo hago todo yo!

P.- ¿Cuándo fue más salada?
R.- En el momento en el que dije que traspasaba el anterior negocio y ponía este.Hubo quien dijo ‘mira qué salada la niña’.

P.- Y se puso dulce...
R.- Me pongo dulce todos los días con mi gente. Se lo merecen.

P.- ¿Es más dulce o salada?
R.- Soy más ácida... (ríe).

P.- ¿Qué carrera se le atragantó?
R.- Fue una nocturna, me comí todo el polvo del mundo y como soy asmática lo pasé horrible. Se me atragantó de tal manera que he olvidado dónde fue. La terminé, aunque sufrí mucho.

P.- ¿Cuándo se desinfló como un bollo en el horno?
R.- En la Behobia-San Sebastián hace dos años. Lo di todo. Me había preparado muy bien esa carrera, era muy emotiva, fui con mucho subidón, y al cruzar la meta me vinieron muchas cosas encima.Me abracé a mi marido, que la había terminado antes, y a unos amigos. Me sentí vacía, pero ¡qué gustazo!

P.- Y si dejamos las carreras a un lado...
R.- Eso es más triste. Me sentí muy vacía, y aún tengo un agujero, este verano cuando falleció mi hermano. Fue inesperado y, a día de hoy, inexplicable. Pero es parte de la vida y hay que seguir.

P.- ¿Cuándo echa más humo que una cafetera?
R.- Cuando tengo exceso de trabajo y en esos momentos hay que saber llevarme. El estrés a veces juega malas pasadas y por eso salgo a correr.

P.- ¿A quién le canta como si fuera Celia Cruz eso de ¡Azúúúúúúcar!?
R.- A todos los clientes que me vienen a encargar sus tartas, y a disfrutar, sobre todo cuando vienen indecisos y más si son niños. Vienen con mucha vida y hay que responder con mucho azúúúcar.

P.- ¿Se le ha olvidado alguna vez ponerla en los bizcochos?
R.- Sí, sí, alguna vez se olvida, y automáticamente va a la basura.

P.- ¿Y a la vida?
R.- Ha habido épocas más grises, pero al lado tengo un azucarero y un salero que se llama Raúl y lo anima todo.

P.- ¿Cuándo se le quedó sosa?
R.- Nunca, añadirle la puntita de sal a la vida depende de uno.

P.- ¿Cuándo quiso dar la vuelta a la tortilla?
R.- Cuando empecé esta aventura. Y hasta ahora hemos visto que la decisión fue acertada y ha salido bien, además con expectativas de crecer y añadir más puntos de venta. Han sido cuatro años muy positivos.

P.- ¿Qué fue harina de otro costal?
R.- Algunas personas con las que te cruzas, por las enseñanzas que te dan, positivas o negativas, son harina de otro costal (ríe).

P.- Dicen que el chocolate es afrodisíaco. ¿Qué personaje público lo necesitaría?
R.- Todos nuestros gobernantes necesitan chocolate, a ver si así alegran su vida... y la nuestra.

P.- Dicen también que zampa kilómetros que da gusto verla...
R.- No los hago rápido, pero sí de manera constante. Es cabezonería (ríe).

P.- ¿Y qué más le gusta zampar?
R.- Soy de gustos sencillos, con unos huevos fritos me vuelvo loca. Soy feliz. Y de lo mío, tengo debilidad por el brownie.

P.- ¿Cuánta tontería hay entre fogones?
R.- La gastronomía está muy bien y hay muchos cocineros, pero me llama la atención que no se hable de la parte menos amable de la profesión, que es trabajar cuando todo el mundo se divierte.

P.- Casi le da un empacho el día que...
R.- El día de mi boda, pero de felicidad.

P.- ¿Qué ingredientes lleva la receta del éxito?
R.- Trabajo, trabajo, trabajo (ríe), trabajo y cabezonería, trabajo y perseverancia, trabajo y formación, trabajo y espíritu de sacrificio, trabajo y no mirar el reloj, trabajo y tener los pies en la tierra y trabajo y más trabajo. No conozco otra receta.

P.- ¿Conoce la del fracaso?
R.- Gracias a Dios, no, pero, por lo que veo a mi alrededor, no sé si sabemos lo que es el espíritu de sacrificio y estamos esperando siempre un golpe de suerte. La clave es diferenciarse. Hoy en día hay muchos negocios iguales y debes hacer algo que lleve a la gente a buscarte, si repites lo de todo el mundo va a ser difícil.

P.- ¿Ha recibido algún golpe de suerte?
R.- Cada día, cada persona que entra es un golpe de suerte, aunque también es verdad que me pilla siempre trabajando. En la vida puedes tener un poquito de suerte, pero un golpe que digas ¡toma! no he tenido, no me ha tocado la lotería. Hay que currárselo.

P.- Su ingrediente comodín es...
R.- La sonrisa. Va bien con todo.

P.- ¿Después de qué plato cantó I love you ye, ye... (léase con la música de la canción de The Beatles)?
R.- (Ríe) De una musaka que hizo mi marido. ¡La hace brutal, muy rica!

P.- El pedido más insólito que ha recibido ha sido...
R.- Me llaman la atención los pedidos que piensas que son para niños y en realidad son para mayores, pero raro, raro, creo que no lo somos tanto.

P.- ¿Qué piedra filosofal busca la alquimista que lleva dentro?
R.- Mi filosofía de vida ya la he encontrado. Hay que disfrutar el día a día, intentar ser buena gente, ayudar a quien puedas... Cada día busco mi mejor versión y convencerme de que hay que tomarse menos en serio la vida.

P.- ¿Cuándo le sorprendieron cantando Oh, Carol, loco estoy por ti... (entónese con la música del tema del Dúo Dinámico)?
R.- Me la han cantado tantas veces que nunca me ha sorprendido, aunque cuando eras una chavalita siempre decías con alguno ‘ah, vaya, mira...’.

P.- ¿La ha bailado mucho?
R.- ¡Sí, sí!

P.- ¿Llora la nata cuando se corta?
R.- Sí (ríe). Llora y se pregunta por qué.

P.- ¿Sueña un pastelero con amasar dinero?
R.- Lo dudo, los que yo conozco, no. Habrá alguno, como en todas las profesiones, pero es un oficio muy vocacional, me extraña que alguno se meta aquí para amasar dinero.

P.- Horno o pista. ¿Qué la deja más fundida?
R.- El horno me deja extasiada, la pista me da vida, me aporta más de lo que me quita.

P.- ¿Ya tiene un perro que la ladre por las mañanas?
R.- Ni perro ni gato. No tengo mascota todavía (simula un lloriqueo), porque llevamos un ritmo imposible y no le podría dedicar ni la mitad de tiempo de cuidado, cariño y educación que necesita.

P.- ¿A quien madruga Dios le ayuda?
R.- No siempre (ríe). Cuando suena el despertador quiero creer que sí, pero luego me decepciona.

 

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