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Mauricia apela al Constitucional para recuperar a su primogénita

Si no admite su recurso de amparo, acudirá al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo / Su abogado quiere «verificar las condiciones en las que se llevaron a la niña»

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
10/08/2017

 

Ha perdido la tutela de sus tres hijos, pero no la esperanza de recuperarlos a pesar de que los tribunales y los Servicios Sociales hayan determinado por el momento lo contrario. Mauricia Ibáñez, la sexagenaria que el pasado mes de febrero dio a luz a mellizos en el hospital Recoletas después de someterse a un tratamiento de fertilidad en Estados Unidos, sigue confiando en la justicia y está dispuesta a agotar todas las vías posibles. Lo que más le urge es que su primogénita Blanca, de siete años, regrese a España. Para ello, ha interpuesto un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Es su penúltima opción para conseguir que la niña vuelva de Canadá, donde reside bajo la tutela de una sobrina con la que apenas mantiene relación. De cerrarse esa puerta, se plantea acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Mientras espera que el recurso se admita a trámite, su abogado, Juan Carlos Saiz, ha solicitado la entrega del expediente para «verificar las condiciones en las que se llevaron a la niña», ya que por aquel entonces «no había una resolución firme», que era «susceptible de revocación». Por otro lado, asegura que basará el recurso en la «no ejecución real del auto que en su momento dictó la Audiencia Provincial», que en 2015 dictaminó el retorno de Blanca.

El abogado esgrimirá estos argumentos en la próxima vista, fijada para el mes que viene. Entretanto, subraya que «no se podía maniobrar el desplazamiento» porque la sentencia no era firme. Sin embargo, asegura que la Junta de Castilla y León planteó una «solicitud de autorización al juez» de la que no tuvieron constancia. Partiendo de esta base, y a fin de «valorar si el desplazamiento forzoso de la menor ha sido legal», pedirá su «nulidad» y el acceso a dicho documento.

Saiz prefiere no abordar por ahora la opción de Estrasburgo si el Constitucional da carpetazo al asunto. Descarta los escenarios «futuribles» para centrarse en los pasos a corto plazo. «Regresará tarde o temprano», sostiene Mauricia convencida de que en su argumentario «no hay ningún cabo suelto» a pesar de las «zancadillas» que a su juicio le está poniendo la Gerencia Territorial de Servicios Sociales.

No ha sido una semana fácil para la mujer. En tan solo dos días ha recibido una de cal y otra de arena. El lunes salió «muy desmoralizada» y sin «ninguna ilusión» de la vista de medidas cautelares porque en su opinión fue «más de lo mismo». Pero le cambió la cara al día siguiente cuando se reencontró con Blanca -ver despiece- por segunda vez desde que se trasladó a Canadá.

A los mellizos les ve mucho más a menudo. Una hora los viernes y siempre acompañada muy a su pesar. Afronta la separación de sus pequeños como una «tortura» mientras observa cómo «van creciendo». No le queda otra y se conforma, aunque le duele percibir los «ojitos asustados» de Gabriel y María de la Cruz. Lo que no olvida son sus visitas clandestinas al Hospital Universitario de Burgos (HUBU) cuando la pequeña estuvo ingresada. Cada vez que trataba de verla, las enfermeras se lo impedían.

También recuerda con amargura las despedidas de sus hijos por imperativo judicial. La primera, en Palacios de la Sierra hace tres años, con la Guardia Civil de Burgos y de Quintanar. La segunda, este año en la capital, con la Policía «haciendo un cerco para que no viera cómo se llevaban a mis niños». En ambos casos, considera que las órdenes se ejecutaron «a degüello» y sin que los tribunales valorasen que «mis niños han nacido contra viento y marea».

El letrado de la sexagenaria esgrime que la resolución de principios de abril que alertaba de un posible desamparo «no se puede ejecutar sin haberla notificado». Además, precisa que los agentes «requerían una orden judicial para entrar al domicilio». Según su versión, no solo entraron en la casa sin la autorización pertinente, sino que además la Junta argumentaba que «Mauricia consintió que entraran y se llevaran a los niños». Por ello, decidió recurrir la resolución a través de un procedimiento de oposición a la declaración de desamparo.

Más allá de la «razón jurídica» de su clienta, Saiz cree que la adopción de estas medidas cautelares tiene por objeto «quebrar la voluntad y la conciencia de la madre», que «no va a desistir de su empeño» hasta que no agote todas las posibilidades. Mauricia, por su parte, parece haberse acostumbrado a las idas y venidas a los juzgados. Ocho años lleva pisando los tribunales desde que decidió ser madre con 58 años. La primera vez en Salas de los Infantes porque «no querían que mi hija naciera». También se ha sometido a programas de intervención familiar para adquirir destrezas en el cuidado de los menores. Recalca además que los mejores psiquiatras han avalado su capacidad para ser madre, sobre todo «profesionales de fuera (de España) que han creído en mí».

El reencuentro con Blanca un año después

Hubiese preferido cualquier sitio en vez de un «frío punto de encuentro». Pero el lugar, en el fondo, es lo de menos. Mauricia Ibáñez se reencontró el martes con su hija Blanca. Era la segunda vez que la veía desde que la niña se mudó a Canadá. Llegó nerviosa, con una muñeca de regalo y dispuesta a abrazarla con todas sus fuerzas. «Mi vida, mi cielo, mi tesoro...». La mujer se deshacía en elogios hacia su pequeña, que en un principio se mostró bloqueada.

«Mi niña está triste, no tiene nada que ver su semblante con el que tenía conmigo», aseguraba ayer Mauricia con cierta preocupación al considerar que Blanca ya no demuestra «la alegría que tenía, lo contenta que estaba siempre». Tampoco le animó el hecho de comprobar que «ya no tiene el apego que tenía».

La hora se le hizo corta, pero menos es nada. El año pasado contó con el doble de tiempo y se fue con mejor sabor de boca. De este cambio de actitud no solo culpa al paso del tiempo, sino a la actitud de su hermana y de su sobrina al «alejarla de mí». Por ello, desconoce si ahora mismo Blanca estaría dispuesta a regresar. Cree que sí, aunque al mismo tiempo remarca que es muy pequeña para adoptar una decisión de este calado, más aún si se ve condicionada por sus familiares.

Juan Carlos Saiz, por su parte, opina que «a la niña se le están forzando unos vínculos para luego obligarla a la elegir», de tal manera que la reagrupación familiar se irá complicando cuanto más se dilate el procedimiento en el tiempo.

Volviendo al reencuentro, lo que no soporta la sexagenaria es la falta de intimidad a pesar de que el protocolo, por razones de seguridad, así lo establezca. «No te dejan ni a sol ni a sombra», lamenta.

 

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