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LA ESPUELA / Roberto Alonso, titiritero

«Me pongo rojo de ira con el cuñadismo imperante y la incultura dominante»

Gamonal cinceló su infancia y su adolescencia y Zaskatimba alumbró su pasión por el teatro. Un bicho le picó y estudió Biología en el País Vasco. Se encaminó por la investigación y, tras pasar por Madrid, Valladolid o Londres, trabajó en un laboratorio en Barcelona hasta que la crisis le obligó a colgar la bata. Rescató su nariz roja, descubrió el mundo de los títeres y, tras unos pinitos en Granada y recorrer Centroamérica con un autobús reconvertido en taller de marionetas, volvió a su ciudad para crear su compañía.

ALMUDENA SANZ
18/03/2018

 

Pregunta- ¿Usted es Titiriqué?
Respuesta- Titiritero.

P.- ¿Quién mueve los hilos de su vida?
R.- Ahora mismo, la incertidumbre.

P.- ¿De quién se ha sentido marioneta?
R.- Del sistema científico y del social. Soy un poco antisistema.

P.- ¿Un poco?
R.- Bastante.

P.- Y eso se refleja en...
R.- En la forma de vivir, en sacrificar dinero por tiempo. Los títeres me han enseñado que menos es más.

P.- ¿Siempre?
R.- Sí, trabajaba muy bien de investigador, tenía buen sueldo, pero poco tiempo y no me cundía, ni para estar con mi familia y amigos ni para vivir la vida. No quiero estar en la vorágine de casa, hipoteca, coche grande, dinero y no tener tiempo para vivir. Me niego a morir con 70 años y no haber aprovechado la vida.

P.- No deja títere con cabeza cuando se trata de...
R.- Cultura, política y costumbres sociales.

P.- ¿De aldea en aldea, por qué sendero le lleva el viento?
R.- Por el del decrecimiento y la vida rural.

P.- Explíquese.
R.- Menos es más, decrecimiento significa decrecer en unas cosas para crecer en otras, y siempre he tenido la ilusión de ir a vivir a un pueblo, estar en contacto con la naturaleza, escapar del ámbito de la ciudad, del agobio, la contaminación, el capitalismo...

P.- ¿Y qué dice al fantasma de la despoblación?
R.- Que no me asusta y que la solución para el presente y el futuro es irse a los pueblos.El colapso que se nos viene provocará un éxodo rural que será la solución al sistema.

P.- ¿Qué miserias y qué sueños canta siempre risueño, señor titiritero?
R.- ¿Miserias? En lo que se está convirtiendo la sociedad y las relaciones humanas. ¿Sueños? Que hay gente que está cambiando la sociedad o aportando su granito de arena para hacerlo.

P.- ¿Qué viejos chismes guarda en el coche al caer la noche?
R.- El anhelo del amor por la ciencia (piensa) y chismes rotos con muchas tiritas mágicas.

P.- ¿Su maleta está llena de cacharros y en el bolsillo qué lleva?
R.- Algunas piedras pequeñas e ilusiones grandes.

P.- Se volvería a poner la bata blanca si le llaman de...
R.- ¡Muy difícil! De una investigación sobre enfermedades raras que nadie puede curar y donde no hay beneficio económico.

P.- ¿En manos de quién y cuándo se sintió un pelele?
R.- Duele cuando trabajas en el mayor proyecto de investigación que hay en este país (se emociona), sacrificas quince horas diarias de tu vida y te echan por la mediocridad que hay en la ciencia. Luego cuando te das cuenta de que el sistema cultural y teatral también está manejado por mediocres donde no triunfa lo bueno ni lo que gusta al público sino lo que sirve a intereses espurios y comerciales, tanto en el Ayuntamiento de mi ciudad como en otros estamentos culturales.

P.- Se pone la nariz de payaso cada vez que...
R.- Me levanto y estoy con mis sobrinas, Vega y Daniela.

P.- ¿Y cuándo se pone rojo?
R.- En muchas ocasiones porque soy muy tímido. En cualquier acto público que requiera hablar.

P.- ¿Y rojo de ira?
R.- Ante el cuñadismo imperante y la incultura dominante.

P.- ¿Qué máscara se pone a diario?
R.- La de ‘aunque sea difícil hay que intentarlo’.

P.- ¿El teatro gana a la ciencia?
R.- Están empatados porque andan a la par en mediocridad y falta de recursos. Y, además, para nada son incompatibles.

P.- ¿Dónde encuentra el hilo cuando lo pierde?
R.- En mi familia y en la sonrisa de la gente.

P.- ¿A qué político sacaría a escena?
R.- (Ríe). La mayoría ya son títeres de las altas esferas y no necesitan que los saquen al escenario porque ya hacen teatro a diario. La gran mayoría, otros, no.

P.- ¿A quién salvamos?
R.- A los que hacen política en la calle sin buscar la foto, que trabajan sin dar discursos baratos y a los que no se les ve.

P.- ¿Hay alguno de esos?
R.- Pocos, pero yo creo que sí. Ahora más que antes. Y mi mayor respeto hacia ellos.

P.- ¿La fórmula del éxito?
R.- Cuando la encuentre te digo... (Ríe y se pone serio). Ser uno mismo.

P.- ¿Y la del fracaso?
R.- Seguir tus principios (ríe).

P.- ¿Qué debe tener un zasca para ser Zaskatimba?
R.- Estar hecho con amor y fuera del sistema.

P.- ¿La Parrala sí, La Parrala no, La Parrala madre que la baila quién?
R.- Ufff. Una orquesta desafinada en medio de una verbena, llena de farolillos y con algún pisotón patoso.

P.- La primavera trompetera suena cuando...
R.- Hace mucho que no escucho a Los Delinqüentes, pero mis neuronas seguro que tienen reservas de primavera.

P.- ¿Qué echa en cara el bioquímico al titiritero?
R.- Que no tiene constancia y disciplina de protocolo.

P.- ¿Y al revés?
R.- Que no puede ser todo tan cerrado, hay que dejar a las alas volar y dar paso a la improvisación. Es una lucha, entre la disciplina y la improvisación.

P.- ¿Quién gana?
R.- Ninguna. ¡Pierdo yo! (Ríe). Esa lucha tiene un coste energético a nivel personal y profesional.

P.- ¿Cuándo deja de ser la vida puro teatro?
R.- Cuando hay que pagar facturas, impuestos, deudas... y chocas con la dura realidad de la sociedad.

P.- ¿Por qué el espectáculo siempre ha de continuar?
R.- Porque siempre hay gente que aprecia las pequeñas cosas y se lo merece. Hay que alimentar las emociones de la sociedad.

P.- ¿Qué diría Errabundo Pelele a Roberto Alonso después de leer esta entrevista?
R.- (Se emociona). ¡Vuelve a llenar las maletas!

 

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