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El medidor continuo de glucosa, adiós a los pinchazos en los dedos

Un niño con diabetes puede llegar a controlar su glucosa «entre 12 y 14 veces al día» / Sáez Aguado avanzó en febrero que, a lo largo de este año, los menores de 18 años contarán con el dispositivo gratis

V. MARTÍN
15/04/2018

 

La Organización Mundial de la Salud desarrollaba en 2016 el primer Informe Anual sobre la Diabetes. En el documento advertía del incremento progresivo del número de afectados por la enfermedad, que actualmente se sitúa en 1 de cada 11 personas a nivel mundial y es que en 2016, la enfermedad afectaba a 422 millones de personas, mientras que en 1980, la cifra de pacientes de diabetes era de 108 millones de personas.

Son muchos los factores que han contribuido al incremento de la diabetes. Algunos de ellos son la mejora en los protocolos de diagnóstico de la patología o una mayor esperanza de vida, que contribuye a que haya más pacientes que acaben desarrollándola. Además se suma el cambio de hábitos dietéticos desde la infancia, con un mayor consumo de refrescos y bollería industrial, y la falta de ejercicio.

El control de la glucosa es algo que las personas con diabetes debe realizar múltiples veces al día, un paso esencial y crítico para un manejo adecuado de la enfermedad, principalmente en quienes están bajo tratamiento con insulina. Y es que conocer los niveles de azúcar en sangre permitirá ajustar la dieta y determinar la dosis de insulina que se aplicará. Una persona con diabetes «puede medirse de media entre 8 y 10 veces», explica Cristina Llorente, presidenta de la Asociación de Diabéticos de Burgos (Asdibur) y madre de una niña con diabetes.Precisamente en el caso de los menores el número de pinchazos puede ser aún mayor. «Los niños, que tienen una diabetes más variable, pueden llegar a pincharse para controlar la glucosa entre 12 y 14 veces al día, lo que implica más de 4.000 pinchazos al año».

Esta realidad «puede llegar a ser abrumadora para ellos y tras años con la enfermedad se les forman callosidades en los dedos».A ello se suma el precio de las tiras de control, que tienen un coste de un euro por tira y se comercializan en botes de 50 tiras. «Es un dineral y si a eso le añadimos que en la mayoría de las familias con niños diabéticos uno de los progenitores deja de trabajar o reduce su jornada laboral para cuidar del menor, pueden darse situaciones muy complicadas», añade Llorente.

Precisamente con el objetivo de poner fin a los pinchazos, «hace unos tres años» salían a mercado los denominados medidores continuos de glucosa, una herramienta que permite medir las glucosa de forma continua y menos invasiva que una punción en el dedo y que es capaz de facilitar lecturas cada cinco minutos, durante las 24 horas del día. «Es un sensor que posee un filamento flexible que se inserta debajo de la piel- por norma general en la tripa o en el brazo- y un transmisor que envía la señal a un dispositivo receptor que informa de las lecturas. El aparato cuenta con una vida útil de entre 6 y 14 días dependiendo del modelo», explica la presidenta.

Existen dos modalidades de medición continua a tiempo real. La primera de ellas es el sistema de monitorización continua propiamente dicha que da una lectura directa a un transmisor con trazados de perfil en tiempo real y de 24 horas y permite insertar alarmas de límite de glucosa alta o baja. La segunda corresponde a los sistemas de monitorización flash, que dan una lectura continua en tiempo real y el trazado de las últimas 8 horas de glucosa siempre y cuando la persona acerque el receptor al sensor. No cuenta con la posibilidad de alarmas.

El problema reside en que el aparato de monitorización flash cuesta 60 euros (120 euros al mes porque dura 14 días), mientras que el dispositivo de medición continuo con sistema de alarmas «puede llegar a 5.000 euros anuales». Así las cosas, el pasado mes de febrero y tras varias semanas de campaña, distintas asociaciones de enfermos diabéticos de la Comunidad entregaban en la Consejería de Sanidad 70.000 firmas solicitando la financiación y prescripción de los sistemas de medición continua de glucosa.

«El propio consejero confirmó que en 2018 los diabéticos menores de 18 años contarán de forma gratuita con estos dispositivos», explica Llorente, quien apunta que «esto supondrá una mejora de vida inmediata y aunque no acaban con todos los pinchazos porque estos apartados en rango óptico son muy fiables pero en extremos se sigue aconsejando usar la tira porque no mide la glucosa en sangre sino en el líquido intersticial, permite una mejor toma de decisiones y un mejor ajuste de la pauta de insulina ya que no solo marca el dato de glucosa sino la tendencia».

En el caso de los niños, las ventajas son aún mayores. «A un niño hay que pincharle cada dos o tres horas cuando está dormido, puede despertarse y, por tanto, alterar su sueño. Sin embargo, con el dispositivo solo hay que escanear el parche y listo, no se va a despertar», apunta. Por otra parte, en el colegio «los docentes tendrán menos miedo a pasar el dispositivo por el brazo que a pincharle», añade. Precisamente a tenor de los centros escolares, desde la asociación apuntan que les gustaría «contar con un apoyo mayor de los colegios» y es que «sabemos que no entra dentro de sus labores, pero para nuestros hijos sería muy positivo».

En definitiva, los medidores continuos de glucosa resultan un elemento realmente útil para todos los afectado por diabetes de tipo 1 ‘insulinodependientes’ y los diabéticos de tipo 2 que quieran mejorar su control de la enfermedad.

Gran desconocida

A pesar de que en Castilla y León hay más de 300.000 personas diabéticas, de los cuales 15.000 son menores de 18 años, «la enfermedad sigue siendo una gran desconocida». La diabetes se describe como una elevación anormal de los niveles de glucosa en sangre. En el caso de la diabetes tipo 1, que generalmente aparece en la etapa infantil y adolescente, las células betapancreáticas dejan de producir insulina por lo que «se necesitan dosis de insulina que se inyectan a través del boli de insulina o de la bomba». Los diabéticos de tipo 2, «aunque su cuerpo si genera insulina, pero no es capaz de aprovecharla de forma eficaz y hay quien tiene un tratamiento con pastillas y quien acaba con insulina».

Una catarro, el ejercicio físico o un proceso gastrointestinal «pueden producir variaciones en el nivel de glucosa» por lo que «la prevención y el control son fundamentales para estar en un rango correcto», explica Cristina. En personas sin diabetes ese rango se sitúa «entre 70 y 80 el límite inferior y en el rango superior, 120 en ayunas y 140 después de comer, mientras que en un diabético el límite inferior se sitúa entre 80 y 120 y el superior, en 180».

Los tres pilares fundamentales en el control de la diabetes radican en la alimentación, el ejercicio físico y la medicación, insulina en el caso del tipo 1 y las pastillas en el tipo 2. «No podemos olvidar que la diabetes tipo 2 se pude prevenir con hábitos de vida saludables hasta en un 70% de los casos», asegura Llorente. En cuanto a la adherencia al tratamiento, la presidenta de la asociación arroja un dato descorazonador. «En el primer congreso de la Federación Nacional de Diabtes- en octubre de 2017- se dijo que un 56% de los diabéticos presenta una correcta adherencia al tratamiento». Sin embargo, cree que «hay que diferenciar a los pacientes de tipo 1 y de tipo 2» y es que «los primeros necesitan la insulina para vivir, pero a los segundos, como la diabetes no duele y los efectos se ven a largo plazo, les cuesta más concienciarse de las complicaciones que se pueden llegar a tener».

En sentido, la presidenta de Asdibur pone el foco en la formación. «En una enfermedad crónica como la diabetes hay que informar y formar al paciente, empoderarle porque el control de la enfermedad depende de él mismo, no de una visita médica cada tres meses».

La adolescencia, un momento crítico en la vida del diabético

Que la adolescencia es un periodo más difícil que el resto de etapas vitales tanto para los propios adolescentes como para los progenitores es un hecho, pero si a ese periodo se le añade la convivencia con una enfermedad crónica como la diabetes, «la realidad puede complicarse mucho», explica de María Suárez, trabajadora social de la Asociación Diabetes Burgos.

«Además de rebelarse contra su enfermedad muchos de ellos se rebelan contra sus progenitores, especialmente contra sus madres, las atacan y las culpan de su diabetes, explica Suárez. En esos momentos, «empiezan a aparecer envoltorios de dulces por la habitación o salen y no son conscientes de que tiene una enfermedad y beben sin control olvidando que el alcohol produce hipoglucemias severas que solo se tratan en el hospital».

Otros tantos «usan la enfermedad como excusa para salir de clase» y «no podemos olvidar que durante la adolescencia se presentan cambios físicos, psicológicos y hormonales que complican el control de la enfermedad». De ahí la importancia de la formación. «En la programación de 2018 haremos énfasis en el tratamiento de la enfermedad durante esa etapa», apunta Cristina Llorente, presidenta de la asociación.

Ya en etapas adultas, aunque con la enfermedad se puede llevar una vida normal, «sí es cierto que el diabético está todo el día pensando en su enfermedad porque no puede tomarse una pastilla y olvidarse», apunta Suárez, quien añade que «deben estar pendientes de lo que comen, del ejercicio que hacen, de los niveles de estrés, de las mediciones y de las noches en vela porque han tenido unos niveles altos y temen dormirse y que pase algo. Es un nivel de preocupación muy alto que desgasta y frustra mucho por lo que muchas personas no quieren saber nada de la asociación».

En este sentido, el papel de la familia y del entorno es clave cuando llegan esos momentos de frustración porque «la diabetes es una enfermedad muy desagradecida, has podido hacer lo mismo que el día anterior y tener un pico muy alto de glucosa. Desgasta mucho a nivel mental», asevera.

 

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