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Objetivo: Una semana en el corazón del Pozo Azul

La meta de la expedición es hacer la topografía de las últimas galerías descubiertas y continuar la exploración a partir del sexto sifón

V. MARTÍN / BURGOS
28/08/2017

 

Con catorce kilómetros de recorrido conocido, el Pozo Azul es la cueva subacuática más larga de España. Ubicada en la localidad burgalesa de Covanera, el ‘Everest’ del espeleobuceo se ha convertido en un espacio de investigación y exploración desde hace décadas. Precisamente el pasado sábado 19 se iniciaba una nueva campaña de exploración en las profundidades del pozo. La última expedición en el Pozo Azul tuvo lugar en 2015 y fue desarrollada por Jason Mallison en solitario. En esta ocasión, lo hace acompañado por dos espeleobuceadores más, René Houben- quien ya le acompañó en años anteriores- y Pedro Balordi. A los buceadores, les acompaña además un equipo de apoyo compuesto por doce personas que llegan de diversos puntos de España y de Europa.

«Preparar una expedición como esta requiere un enorme esfuerzo y un trabajo previo muy arduo», comenta Adrián González, miembro del equipo de apoyo. Los primeros días en Covanera se destinaron a la ‘preparación’ de la cueva. «Hemos estado revisando que la línea de seguridad esté bien instalada, se ha metido material en distintos puntos, hemos tendido el hilo telefónico durante un kilómetro e incluso se ha ido hasta Tipperary para instalar botes secos, etc, se trata de preparar el camino».

Toda preparación es poca para que el objetivo final se logre con éxito. Un objetivo que, en esta ocasión, pasa por «desarrollar la topografía de las galerías descubiertas por Mallison hace 3 años y tomar constancia de ellas con fotografías y vídeos» y «continuar con la exploración de la galería ascendente seca que hay en Tipperary y del sexto sifón- que investigó Jason en 2015- para saber dónde termina y saber qué hay tras él». Para ello, este equipo internacional pasará una semana en el interior de Pozo Azul.

De momento, se ha montado un primer campamento en Tipperary (a seis kilómetros de la entrada) y un segundo en la galería Razor (a 8-9 km de la entrada). Así, este sábado, Mallison y Balordi entraron y llegaron hasta Tipperary y el domingo, entró Houben, para desde allí «continuar los tres juntos». La salida- si todo va según lo previsto- «se producirá el próximo sábado». Y es que «si la visibilidad en el agua es mala, por ejemplo, tendrían que volver».

Ese es el objetivo inicial y si las condiciones naturales son favorables «todo dependerá del estado de ánimo, del cansancio», comenta González. Por eso, la planificación de la expedición es fundamental «especialmente por parte de cada buceador» y es que «cada uno de ellos debe pensar qué material va a llevar, qué comida, etc, y preparlo». Todo está medido al milímetro, «incluso al gramo» porque también es fundamental «tener en cuenta que todo el material hay que ‘arrastrarlo’ por la cueva y, además, no es lo mismo el material con el que se entra que con el que se sale en cuestiones de peso, por ejemplo con el caso de la comida».

Seguridad

El hecho de contar con tres buceadores para esta nueva expedición supone «el triple de esfuerzo porque conlleva el triple de material, el triple de riesgos y de peligros», explica González. Sin embargo, por otro lado, contar con un equipo de tres personas puede ser crucial en un caso de emergencia o ante cualquier infortunio. «A esas distancias, en caso de ocurrir algo, no sería posible un rescate con personal del exterior y siendo tres, si uno tiene un problema es más fácil que los otros dos le ayuden a solucionarlo».

Además, los sifones cuarto, quinto y sexto- conocidos como galerías Razor (cuchillas en inglés) por su superficie cortante- «es una zona donde hay que caminar mucho, trepar y destrepar paredes». En esta zona, «no es lo mismo pasar el material uno solo que entre tres, se facilita el traslado».

La expedición se lleva a cabo con equipo de buceo con circuito cerrado, rebreathers. A diferencia del buceo con botellas convencionales donde la mayor parte del gas que se inspira es expulsado por la segunda etapa al expirar, los sistemas de rebreather regresan los gases expirados al sistema donde son aprovechados de nuevo. Además el equipo del Pozo Azul, «los lleva por duplicado», es decir, «llevan rebreathers a la espalda que es la pieza fundamental, y unos más pequeños, llamado rebreathers laterales que les servirían en caso de tener algún problema con el primero y, a mayores, una serie de botellas de oxígeno, por si fallaran los dos sistemas anteriores».

También los scooters que usan para desplazarse por la cavidad, «están diseñados expresamente modificados y probados por ellos», comenta el miembro del equipo de apoyo, quien recuerda que «también llevan varios».

Y es que no se debe olvidar que esta es una expedición al límite «como en su momento fue la exploración de los Polos sobre todo en aspectos técnicos, de compromiso y riesgo», comenta González, «ellos corren muchos riesgo entrando en Pozo Azul y tratan de minimizarlos al máximo».

Las expectativas a la hora de cumplir los objetivos «son positivas y es que yendo tres hay más posibilidades de éxito» y aunque «hasta ahora se han encontrado con sifones de corto recorrido y poca profundidad- el cuarto y el quinto tienen entre 200 y 140 metros de largo cada uno- esperamos que el sexto sifón tenga las mismas características, pero nunca se sabe, podemos llevarnos una sorpresa, algo que supondría cambiar la planificación o incluso cancelar la exploración», asevera González.

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