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ECONOMÍA

La patronal teme que el diésel suba aún más

Pizarro considera que les van a «obligar» a elevar el precio, lo que repercutirá en una «caída de las ventas»

JORGE A. LÓPEZ
06/07/2018

 

El precio de los carburantes se ha disparado en Burgos en el último año, especialmente en lo que respecta al diésel. Y, aún así, desde la patronal del sector, la Agrupación de Vendedores al por menor de carburantes y combustibles de Castilla y León (Avecal), temen que las subidas sean aún mayores en los próximos meses ante el anunciado incremento de los impuestos indirectos a los hidrocarburos.

Como asegura el vicepresidente y portavoz de Avecal, Rafael Pizarro, un incremento aún mayor de los precios de los carburantes, especialmente el diésel, supondrá «castigar el bolsillo de los consumidores», además de retrotraer la economía con un «encarecimiento de los costes productivos», así como con una notable inflación. Recuerda Pizarro que la experiencia de Castilla y León no aconseja tomar estas medidas, ya que «no funcionan. Subir los impuestos no generan, como pretenden, una mayor recaudación sino una reducción del consumo del artículo afectado por ese incremento. En nuestra región, con el céntimo sanitario, se pretendía ingresar más y lo que pasó fue que se potenciaron las ventas en provincias limítrofes a la vez que se agravaba la caída del consumo interno», lamenta Pizarro.

El portavoz de Avecal recuerda que, en aquellos años, mientras en el conjunto del país se producían reducciones en el consumo de hidrocarburos cercanas al 3 por ciento, en Burgos «eran del 25 por ciento y por contra en Álava subían las ventas en un porcentaje similar», explica. Esta reducción del consumo de combustibles fósiles se ha mantenido en los últimos años y, de seguir adelante las medidas anunciadas por el Gobierno, «se agigantarán, porque cuando sube tanto el precio, la gente busca alternativas», utilizando menos el vehículo para desplazamientos urbanos y manejando otras opciones de transporte para los viajes interurbanos.

Los daños para la economía van más allá, porque los propios empresarios de las estaciones de servicios verían limitado su margen de beneficio hasta el límite, lo que les obligará a «subir los precios de manera irremediable», lo que conlleva, por puro círculo vicioso, a reducir igualmente la demanda por parte de los clientes. «Lo que quiero es que los políticos administren mejor lo público. Que, como las amas de casa, si recaudan 4 gasten 3», añade.

Subidas notables
El crecimiento de los costes del carburante para los conductores está siendo constante en los últimos meses, pero amenaza con agudizarse en breve. El coste de llenar el depósito se eleva de manera importante y se acerca peligrosamente a los precios que se alcanzaron en el invierno de 2012, cuando tocaron sus máximos históricos: 1,44 la gasolina, 1,35 el diésel en el conjunto de España, siempre un poco por debajo en la provincia burgalesa.

El precio del litro de gasóleo A es en estos momentos de 1,225 euros de media en las estaciones de servicio de la provincia, lo que contrasta con el 1,019 de hace un año por estas mismas fechas e incluso con los 1,188 de media con los que se cerró el mes de mayo. En resumen, un incremento en el precio del litro del 20,2 por ciento, superior al registrado en la gasolina, donde es de ‘solo’ un 15,6%, pasando de 1,136 a 1,314.

Los datos son significativos y hablan a las claras del encarecimiento de los combustibles fósiles en la provincia burgalesa. Hace un año llenar el depósito (50 litros) de un vehículo con gasolina de 95 octanos tenía un coste aproximado de 56,80 euros, el pasado mayo ya era de 63,90 y en estos momentos, 65,70 al haber pasado el precio del litro de 1,136 a 1,314. Más se agudiza aún la subida para el gasóleo A, evolucionando el precio del depósito de 50,95 euros a los 61,25: 10,30 euros más por vehículo.

En este incremento previo al temido aumento de los impuestos indirectos tiene una notable influencia la inflación del precio del barril de petróleo, que se ha «triplicado» en apenas cuatro años. «El coste estaba por debajo de los 30 euros y en la actualidad se ha elevado hasta superar los 70, lo que es una salvajada. Los cambios geopolíticos que se han producido en los principales países productores y las mayores impuestos implican un mayor coste y una limitación del beneficio para las estaciones de servicio que obliga a subir los precios», recuerda Rafael Pizarro.

 

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