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FIESTAS

La Patrulla Águila conquista Burgos

Millares de personas se concentran en el aeropuerto y sus alrededores, generando un notable colapso circulatorio

J.A. LÓPEZ
01/07/2018

 

Habían avisado el concejal de Festejos, José Antonio Antón, y el subdelegado de Defensa, el coronel Javier Martínez de Lagos, de la necesidad de acudir con tiempo al aeródromo de Villafría para acceder a su interior. No fue suficiente.

Las previsiones seguramente se desbordaron y los millares de vehículos que trataron de acceder al recinto o a sus alrededores generaron un colapso considerable. Más de 40 minutos se tardaba en llegar desde Gamonal a la rotonda que une la BU-30 y la N-120, lugar en el que las fuerzas de seguridad informaban de que el acceso estaba cerrado al tráfico. Por ello, tanto la nacional de Logroño como la autovía se llenaron de coches en las cunetas y personas en los arcenes para vislumbrar un espectáculo dignos que, a pesar de que la niebla le restó visibilidad en algunas de las figuras, dejó satisfechos a los entregados espectadores.

Resulta complicado contabilizar el número de personas que se dieron cita. Si el aforo de vehículos se acercaba al millar, y sumando la gran cantidad de personas que accedieron al recinto del aeródromo a pie, fácilmente dentro habría 5.000 personas. Y otro tanto en las inmediaciones. Muchos ya decidieron en La Ventilla, en vista del colapso circulatorio, buscar un lugar despejado de árboles que imposibilitaran la visión. Cientos de coches aparcados entre el aparcamiento de Asebutra y la rotonda. Miles de personas completando los metros finales a pie tras aparcar donde buenamente pudieron, ya fuera una finca o un camino rural. Otros, directamente, optaron por aposentarse en puentes cercanos. Abarrotado estaba el que atraviesa el Camino del Cementerio. Ni los arcenes de la BU-30 se libraron. Las Policías Local y Nacional tuvieron que intervenir en una situación de difícil control que solventaron sin incidentes de ningún tipo, lo cual tampoco resultaba sencillo.

A la hora prevista para el inicio del espectáculo, las 13.00 horas, no lucía el Sol, precisamente. Y encima la lluvia amenazaba con hacer acto de presencia, con unas pequeñas gotas. También a las 13.20, cuando finalmente los siete cazas C-101 de la Patrulla Águila, en formación mirlo, se aproximaban al lugar para iniciar la exhibición. Por suerte el tiempo respetó y, ante un público entregado, las piruetas comenzaron, demostrando los siete pilotos titulares una coordinación y compenetración sublimes.

Las nubes impidieron que dos de las acrobacias estrellas, el corazón y el caracolum, lucieran, pero sí que lo hizó el sacacorchos, que arrancó los ‘oooohhh’ de los asistentes al completarse con los colores de la bandera española. Y por suerte no restaron interés ni espectacularidad a los loopings, toneles, cruces, descensos y roturas de formación de todo tipo. Las indicaciones del narrador ayudaban a comprender los tipos de formación (mirlo, cuña, águila, póker...) y la función de cada piloto en las acrobacias. El líder, Rubén Pérez o águila 1. Los puntas o águilas 2 y 3, Rosa María García-Malea y Daniel Zambrano. Al perro o águila 4, Guillermo Ruiz Iváñez. A los pares o águilas 6 y 7, José Joaquín Sánchez Martín y Francisco Javier Pérez Valderas. Y a quien se llevó la ovación individual más sonada, el solo (águila 5) Francisco Marín Núñez, que completó un looping invertido. Algo que, aclararon, es el único piloto en el mundo capaz de completar debido a su enorme exigencia no solo técnica sino también física.

El colofón fue una pasada final dejando tras de sí una bandera española al cielo burgalés, tras lo que se dirigieron al casco urbano de la ciudad, que sobrevolaron a baja altura para, en el momento del Canto del Himno a Burgos, volver a mostrar el rojo y gualda. En resumen, un espectáculo que, a pesar de las dificultades organizativas y la amenaza climatológica, dejó un muy buen sabor de boca.

 

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