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Un piso para dos quintas coetáneas

Cruz, de 83 años, y Alba, de 24, han compartido casa gracias al programa intergeneracional de la UBU. La iniciativa comenzó en el curso 2006. Este año han organizado 15 convivencias


07/07/2014

 

SAMANTA RIOSERAS / Burgos


Cruz nació con el recuerdo de los últimos coletazos de una dictadura militar que prometió ser efímera, pero acabó seducida por la erótica del poder hasta que éste se enamoró de la segunda república.
Los padres de Alba aún no se conocían cuando Cruz paseaba sus veinte primaveras, con la falda por debajo de la rodilla, al albor del régimen franquista. Alba ni siquiera entraba en los planes de esos dos jóvenes pozanos cuando el más insigne de sus vecinos falleció en los 80 en Alaska mientras grababa unas imágenes aéreas para uno de sus míticos documentales.


Diez años después, Cruz ya rozaba los 60 y Alba abrió por primera vez sus ojos al mundo. Ninguna sabía de la existencia de la otra hasta el inicio de este curso académico cuando se conocieron y emprendieron la aventura de la convivencia intergeneracional.
Un programa coordinado por la Universidad de Burgos y la Gerencia de Asuntos Sociales que ofrece la oportunidad de compartir piso a estudiantes y personas mayores. Ambas asumen a medias los gastos de agua y luz generados en la vivienda de la mayor. La alumna no paga alquiler aunque, a cambio, ofrece a esta su compañía.


Cruz y Alba se lanzaron a participar sin pensarlo, con confianza, sin miedos, dejando a un lado los prejuicios pero con los nervios típicos que preceden a afrontar una nueva experiencia con un extraño.
Para Alba era la primera vez, pero Cruz ya tenía tablas, pues este es su tercer año consecutivo como participante del alojamiento compartido que han disfrutado otras 15 parejas y que la UBU lleva impulsando desde el curso 2006/ 2007.


«Los jóvenes llegan con sus ideas, están empezando a vivir, y los mayores nos creemos que lo sabemos todo, pero en realidad no sabemos nada», comenta Cruz sentada en el sofá de su casa, aludiendo al único aspecto que le inquietaba antes de participar en este programa al que sus nietas le animaron a participar. «Para mi familia es una tranquilidad saber que aunque estoy bien de salud, hay alguien viviendo conmigo. Todas las personas de mi edad deberían hacerlo. No entiendo que haya gente sola existiendo esto. Mantienes tu autonomía, pero tienes compañía».


En el caso de Alba, estudiante del último curso de Historia y Patrimonio, su preocupación antes de comenzar la convivencia era cómo respondiese su futura compañera.
«Pensaba que una persona mayor tendría sus manías y que igual no iba a saber adaptarme a ella, aunque la verdad es que con Cruz no he tenido ningún problema», cuenta sonriente.
Enseguida Cruz vuelve a tomar la palabra. «No hemos tenido ninguna papeleta, nos hemos llevado estupendamente. Cuando no tenía mucha tarea comíamos juntas, pero a veces yo ya había terminado y ella no se había sentado».


Alegre, dicharachera, tremendamente activa a sus 83 años, explica su frenético ritmo diario que se divide entre visitas de familiares, voluntariado, viajes y clases de manualidades y pintura. Cruz habla hasta por los codos. «Lo difícil es interrumpir la conversación. No se cómo marcharme para que no parezca una falta de educación», dice Alba riendo. «Yo es que hablo muchísimo, pero cuando tiene faena la digo que no me escuche, que yo mi labor ya la tengo hecha», dice sin parar de reír.
Después de años compartiendo piso «con todo tipo de gente», Alba no duda en que volvería a repetir este tipo  de alojamiento. «Es que Cruz es tan alegre que te contagia. Cuando llegaba de clase de bajón, enseguida me levantaba el ánimo».


«¡Hemos hasta bailado! -le recuerda-. Cuando aprobó su último examen, aquí nos pusimos a saltar sin música ni nada, yo cantaba», dice Cruz levantando los brazos al compás de una musiquilla que solo ella escucha. «Y se ha echado novio. Un chiquillo muy majo de mi pueblo que conoció cuando la invité a las fiestas», se atreve a decir mientras Alba se sonroja. «Así que nos seguiremos viendo por el Páramo de Masa», asegura confiada.
«¿He contado de más?», le susurra con cariño y Alba resta importancia al asunto agarrándole la mano. Dos quintas unidas en una sola.

 

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