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En las profundidades de Atapuerca

El interior de los yacimientos se abre al turismo en Cueva Peluda, una espaciosa cavidad que conecta el corazón de los yacimientos con la Trinchera del Ferrocarril

MARTA CASADO MARTA CASADO
03/06/2017

 


Un pequeño agujero al inicio de la Trinchera del Ferrocarril que durante años ha permanecido casi oculto a la vista de los curiosos, pero del que sólo los investigadores conocían su secreto. Es la entrada antrópica al interior de una cueva que se conserva tal cuál se ‘vació’ de agua al bajar el nivel de la capa freática. Se trata de la visita pendiente en Atapuerca desde el año 1991. El interior de las cuevas que sólo dejaba intuir la Trinchera abierta en canal por The Sierra Company Limited se muestra de la misma forma que la visitaban las poblaciones del paleolítico. Un enorme tornillo oxidado recuerda en el interior de la cueva el antiguo trazado del ferrocarril. Una visita espeleológica para neófitos en viajar a las entrañas de la tierra, sencilla de completar (lo más difícil es la entrada) y que permite conocer cómo se formaron las cuevas y la conexión del subsuelo con el terreno que cada año se excava en la sierra.

«Trabajamos un concepto de paleoecología humana y de ecología humana unido, es decir, tener el pasado, presente y futuro fundido en una misma realidad para que la gente sienta que es una visita de Atapuerca no sólo desde la perspectiva científica sino entender que estamos en un lugar distinto», señaló Eudald Carbonell en la presentación a los medios de las visitas espeleológicas a Cueva Peluda y los paseos botánicos por la parte superior de la sierra. Dos nuevas experiencias cuyas reservas están casi completas porque se inician de forma experimental con grupos pequeños desde el próximo 17 de junio con fines de semana alternos entre la visita espeleológica y la botánica.

Robles y quejigos
Una pequeña boca artificial nos permite adentrarnos en la cueva. Tras pisar un cúmulo de cantos y sedimento se llega al fondo de la cueva. Allí se puede conocer bien cómo se forma el registro sedimentológico que está abierto en la parte superior en yacimientos como Sima del Elefante, Galería o Gran Dolina. «Si nos metiéramos en Dolina, Galería o Elefante hacia el interior veríamos como serían los conductos de entradas y cómo se forman los yacimientos que excavamos», destacó de la visita la coordinadora de la visita espeleológica y miembro del equipo de investigación de Atapuerca, del Grupo Espeleológico Edelweiss e investigadora del Cenieh, Ana Isabel Ortega.

En la visita los guías nos recordarán el pasado fluvial del complejo kárstico de Atapuerca y la razón de ser de las cavidades que en un inicio estaban cubiertas del agua que surtía el río Pico. La cavidad se formó al mismo tiempo que el Valle de Valondo, que rodea los yacimientos. Estos espacios tienen una antigüedad de un millón de años. No tienen gran registro fósil, aunque en un sondeo en un pequeño espacio aparecieron restos de presencia humana en forma de industria lítica con 200.000 años de antigüedad. Pero, como en el resto de las cuevas, una vez que se vació de agua, los seres humanos y los animales podían entrar y salir de ellas. A los restos de presencia humana localizados se unen evidencias del uso por animales como zarpas de oso o una cama donde, tras la lluvia del día anterior, aún había agua acumulada en el momento de la visita.

Esta cueva es muy completa y accesible porque ofrece una imagen tridimensional de las cavidades. Señala Ortega que « al estar dentro de la visita turística, al inicio de la Trinchera, no ha sido necesaria mucha infraestructura para tener una entrada y hay yacimientos muy puntuales con lo que se puede abrir sin dañar el patrimonio y además es la cueva más completa con variedad de fenómenos geológicos». Entre ellos las estalactitas y estalagmitas en constante formación. Desde pequeños picos que contienen la última gota de agua hasta grandes pilares que conectan el suelo y el techo de la cavidad. Y entre ellos matas de ‘pelo vegetal’. Son los restos de las raíces de robles y encinas que hay en la parte superior y que conforman el paseo botánico de la parte superior del yacimiento. Pero tan sorprendente como los finos ‘cabellos de raíz’ aún húmedos por el agua de las últimas tormentas lo son las pintadas. Las cuevas de Atapuerca fueron un lugar de recreo y el acceso a Cueva Peluda era claro. Hay pintadas de los años 20 del siglo pasado, un pez, un caballo que imita elementos prehistóricos pero sobretodo nombres de un rincón que era visitado por las escuelas de los pueblos de alrededor en muchas ocasiones. Ahora se abren al público para completar la visita al pasado más remoto.

Ruta botánica
Utilizando la estructura de la visita a los yacimientos por la parte superior, se han habilitado una serie de leyendas sobre la botánica presente durante todo el año en la sierra. Entorno a 22 especies diferentes de especies que, en muchos casos, están presentes en la Sierra desde hace un millón de años. La ruta de ‘Las últimas fuentes del Pico’.

«El objetivo del paseo es conocer las especies vegetales que han estado en el entorno», señala el coordinador de las rutas paleobotánicas, Miguel Ángel Pinto, quien señala que «aquí ha habido muchos cambios de clima, uso del territorio y la vegetación es el resultado de un clima, de un suelo condicionado por un complejo kárstico». Y la mejor forma de explicar que en la naturaleza todo está conectado. «En el sendero vamos a ver robles, encinas, y en la cueva veremos sus raíces y cómo estas tienen la capacidad de absorber la humedad de la cueva», explica Ana Isabel Ortega. El mejor ejemplo de que la sierra de Atapuerca esconde fósiles pero también es un entorno vivo y por ello las visitas serán espaciadas en el tiempo y con cupo específico porque «se trata de conocer la flora pero también la fauna y no de espantarla», señaló Pinto en referencia al carácter sostenible y de respeto de los sitios patrimoniales y arqueológicos del complejo pero, también, de los naturales.

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