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Mañueco se convierte en el séptimo presidente y promete un gobierno «innovador y de acción»

El candidato ‘popular’ recibe 41 votos de PP y Cs y la abstención de Vox y Por Ávila L Ofrece «gobernar para todos» con «moderación y diálogo» / «Quiero representar la renovación», asegura tras elogiar a Herrera


10/07/2019

 

RAQUEL SASTRE / VALLADOLID

Alfonso Fernández Mañueco se convirtió en torno a las 20 horas de ayer, a la primera, en el séptimo presidente de la historia autonómica de Castilla y León con el apoyo de la mayoría absoluta de las Cortes –cosechada gracias a los 29 síes de su grupo, el PP, y los 12 de Ciudadanos, partido con el que conformará un Ejecutivo de coalición –, con dos abstenciones –las de Vox y Por Ávila– y 38 votos en contra –los 35 de PSOE, dos de Podemos y uno de la UPL–.

El candidato popular a la Presidencia de la Junta ofreció en su discurso de investidura un programa de gestión para la «transformación» de Castilla y León, construido desde el «diálogo» y la «moderación» y asentado, como ejes esenciales, en el crecimiento económico, el empleo, la calidad de los servicios públicos, el desarrollo del mundo rural, la lucha contra la despoblación y la regeneración.

Ante un nutrido grupo de representantes políticos, de organizaciones económicas y sociales y de la sociedad civil, Mañueco comprometió un gobierno «innovador, moderado y liberal»; también «honesto y sincero» y, sobre todo, ejecutivo. «No se trata de hablar, sino de actuar. Vamos a ser un gobierno de acción», insistió en dos ocasiones.

Hilvanó una intervención muy medida en los tiempos –de apenas 70 minutos de duración– y en el contenido –milimétricamente ajustado a la letra y el espíritu del acuerdo sellado con los naranjas–. También continuista –así sonaron muchas de sus propuestas y medidas, descritas en la siguiente página–, pese a su empeño por escenificar que la Comunidad inaugura un cambio de ciclo en la forma de hacer política.

«Hoy iniciamos una nueva etapa y lo hacemos desde un buen punto de partida», afirmó en una fase de su discurso. «Reformar es poner el cambio en cada decisión y que las personas sean las protagonistas de nuestra gestión. Tenemos que estar a la altura de la gente», enfatizó.

No significa esto que el líder del PPCyL renunciara a reivindicar el «éxito» de las políticas de su antecesor en la Junta, Juan Vicente Herrera. «Sería desleal, descortés e incluso injusto que no hubiera un reconocimiento de los avances que Castilla y León ha experimentado durante estos años», aseguró. «Se ha puesto el listón muy alto», agregó.

De hecho, al inicio de su intervención, tuvo unas palabras de afecto para el todavía presidente en funciones, testigo de la sesión de investidura: «Gracias por tu trabajo, tu tiempo y tu dedicación. Te puedes ir con la cabeza bien alta, la conciencia tranquila y orgulloso de este periodo», afirmó dirigiendo la mirada a Herrera.

Pese a ello, y a que de la gestión herreriana volvería a sacar pecho después al desgranar algunas de sus propuestas– particularmente las centradas en los servicios públicos esenciales–, Mañueco quiso marcar su impronta personal.

Asumo esta responsabilidad [dirigir la Junta] desde la experiencia, moderación y diálogo, pero también desde la lógica evolución y necesaria renovación que quiero representar en Castilla y León», dijo al inicio de su intervención.

«Procuraremos ser más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado», afirmaría para cerrar su discurso, parafraseando a Unamuno.

Mañueco se presentó como un presidente que quiere ser «reformista, moderado, centrado en la gente, que practique políticas de centro y liberales, y dialogante»; que «estará en la calle, con sus problemas y necesidades, dando la cara, pero también donde se toman las grandes decisiones, en Madrid y en Bruselas».

Elevó a la categoría de «compromiso personal» el hecho de anteponer la defensa de Castilla y León a otros intereses, sin citar expresamente los del partido. Y prometió «gobernar para todos» y dar «hasta el último aliento» por esta tierra.

Desde un punto de vista más humano y sentimental, el candidato popular agradeció el apoyo de su familia y rindió tributo –aunque sin nombrarle– a su padre, Marcelo Fernández Nieto –alcalde de Salamanca entre 1969 y 1971–, quien le inculcó «la importancia de ser una buena persona, trabajadora» y el «legado de la honestidad».

Mañueco ofreció un discurso de mano tendida. «Quiero ser el presidente del diálogo, el presidente de la transformación que garantice el impulso definitivo de nuestra región», reiteró.

Mano tendida, en primer lugar, a quien ya se la ha estrechado para conformar un Gobierno de coalición, Francisco Igea, líder de Ciudadanos, para quien tuvo palabras de gratitud por ser un «hábil y duro negociador»; por poner los intereses de Castilla y León «por encima de los personales», y por ser un «socio leal y comprometido con la etapa que comienza», dijo.

El candidato popular hizo extensiva su oferta de diálogo «sincero y abierto» a todos los grupos de la oposición, aunque no hubo en su discurso propuestas para cerrar acuerdos concretos de Comunidad –como solía hacer su predecesor–, más allá de solicitar al PSOE su respaldo para continuar peleando la reforma de la financiación autonómica.

También a los agentes económicos y sociales del Diálogo Social, a quienes llamará al Colegio de la Asunción para una primera reunión de trabajo en los primeros días de Gobierno.

Por último, ofreció diálogo institucional, tanto con las administraciones locales, como con las autonómicas, la estatal y la europea, desde la «lealtad pero con exigencia», afirmó.

DEBERES PARA SÁNCHEZ

El Gobierno central estuvo muy presente en la intervención del candidato, que ya tiene la lista de deberes para Pedro Sánchez, entre las que citó la implantación de una única EBAU; el desatasco de las infraestructuras viarias y ferroviarias, o la revisión del modelo de financiación.

«Ningún castellano y leonés con más derechos que cualquier otro español, pero ningún otro español con más derechos que ningún castellano y leonés», dijo el popular. Lo hizo tras anunciar que ejercerá un papel reivindicativo en la defensa de los intereses de Castilla y León. Y que batallará por otorgarle «el papel que merece» en España, afirmación con la que parecía tomar distancia de la posición de perfil bajo adoptada por su antecesor.

Mañueco fue aplaudido en 15 ocasiones durante su intervención. No sólo por los de su bancada; también por los procuradores naranjas.

 

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