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Música

«A las cantautoras nos veían solo como coristas»

La malagueña María Peláe gana la vigésimo primera edición del certamen de la Diputación

A.S.R.
14/03/2016

 

A las mujeres que tienen las manos callosas de lavar en el río, que se burlaron de la tristeza y bailaron con la pobreza, que daban puntadas de noche por bulerías, a esa artista que es su madre y que fue su abuela, artista no es cualquiera, pero tampoco lo es al que más se le venera, canta la malagueña María Peláe en La costurera -«un venirse arriba como el del anuncio en versión costumbrista»-, la canción que la llevó el sábado por la noche al escenario del Centro Cultural de Fresnillo de las Dueñas a recoger el primer premio del Certamen Internacional de Jóvenes Cantautores de la Diputación, acompañada en el podio por el zaragozano Kiko Bullón y el burgalés Daniel Guantes.

Por segundo año consecutivo y por segunda vez en su historia lo gana una mujer -el año pasado lo hizo Neus Ferri-.

«En este mundo ocurre como en el resto de profesiones, que una tiene que echarse más palante de la cuenta. Lo noto desde el principio, desde los primeros certámenes a los que me presenté y yo era la única chica, a pesar de que sí sabía de compañeras buenas que lo intentaban. Me sorprende que la gente se asombre de que hay muchas mujeres cantautoras. Siempre las ha habido, muchas y muy buenas, pero durante mucho tiempo solo éramos las coristas. Ahora somos más visibles, pero seguimos en la lucha», observa María Peláe que, además, en sus temas ahonda en el universo femenino, sobre todo en el de esas mujeres mayores de moral indomable y férrea voluntad. Ante ellas se quita el sombrero en La costurera o en Señoras del Bitter Kas.

Sus canciones también reflejan sus propias vivencias, las de una joven veinteañera como ella. «Suelo cantar muy enfadada, soy muy coplera en ese sentido», ilustra desde el tren en el que vuelve a Madrid, donde reside desde octubre y donde, curiosamente, está estudiando Flamenco.

Reconoce que en la villa y corte, donde ella ya vivió antes durante tres años, las oportunidades se multiplican. «Aquí está todo. Aquí aprendes y te empapas. Igual me muevo en los círculos de cantautores que me voy sola a un tablao. Tiene más vida», confiesa esta artista de provincias y apostilla que igual que hay más escenarios en los que tocar, también más gente en busca de ese mismo sueño.

María Peláe tiene los pies en el suelo. Habla de la ilusión de vencer en un concurso en el que quedó segunda en su primera participación (año 2011), pero insiste en la tranquilidad que da a alguien que vive en el incierto mundo de la música el cheque de 1.500 euros ligado a la corona de laureles. «Ganar es un gusto, pero económicamente cuando te dedicas solo a esto se pasa regular», señala al tiempo que aplaude el ambiente y la ocasión de tocar en una sala con buen sonido «acostumbrados a cantar en sitios en los que nos dejamos la voz en la segunda canción».

El desparpajo y la fuerza de María Peláe en el escenario enmascaran a una joven que se subió a las tablas por primera vez por «pura timidez». «O lo cantaba o no lo decía», cuenta entre risas y explica que por eso siempre escribe sus propias canciones y nunca hasta ahora, en esa exploración suya del flamenco, había hecho versiones.

«Siempre he cantado cosas mías. Lo usaba como terapia. Luego, con el tiempo, aprendes a generalizar más las cosas, a intentar que se identifique el mayor número de personas...», agrega sabedora de que la música de autor requiere un esfuerzo por parte del público, «la tienes que buscar, no te la ponen, debes indagar, no es para escuchar de fondo, te tienes que sentar», y de que, a pesar de ello, vive un momento dulce con cantautores tan distintos como personas.
Ella, con su inseparable guitarra, transita por los senderos del flamenco con el único plan de currar y, puntada a puntada, con hilo fino, sus deseos se cumplen. No tiene ni un fin de semana libre hasta junio.

 

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