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Exposiciones

Artistas sin torres de marfil

Paloma Navares, con su bella reivindicación de la fortaleza de la mujer, Rubén Martín de Lucas, contra la obsesión del hombre por levantar fronteras, y David Palacín, con su denuncia de la esclavitud del siglo XXI, habitan el CAB más comprometido

A.S.R.
07/10/2017

 

La aún necesaria visibilización de la fortaleza de la mujer tanto en el mundo de la creación como en otros ámbitos de la sociedad, que evidencia Paloma Navares en Te pregunto, ¿son mariposas? La obsesión del hombre por creerse el centro del universo y por levantar fronteras a pesar de su efímera presencia en la Tierra, que critica Rubén Martín de Lucas en Geometrías de una presencia efímera. La denuncia de los nuevos modos de esclavitud que hace David Palacín en Retorno a África. Estas tres miradas desatan el debate en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) con un nuevo bloque expositivo que se alargará hasta el 28 de enero (la última hasta el 17 de diciembre).

La actualidad irrumpe con fuerza en el espacio de la calle Saldaña con tres conflictos sociales que, más que nunca, buscan la complicidad del público, pero también su compromiso.

Lo dice el director de Arte de la Fundación Caja de Burgos, Javier del Campo: «Estos tres artistas -que hoy realizarán la ya tradicional visita con el público a las 12 horas- nos ayudan a profundizar en algunas de las líneas de trabajo que queremos explorar en el CAB: arte comprometido socialmente, atento a los debates de la contemporaneidad, alejado de lo meramente cosmético y también de la superficialidad, lo inmediato y lo casual».

PALOMA NAVARES «No se dejen llevar por la primera imagen, sensación...»
Los poderosos pétalos rojos de un puñado de amapolas seducen al espectador. Se deja envolver por su belleza y, hechizado, se acerca para observar su perfección. Y entonces advierte que hay algo más. Que, sin perturbar su delicadeza, unos nombres de mujer atraviesan esas flores. Else Lasker-Schüler (escritora alemana perseguida por los nazis), Selma Lagerlöf (primera mujer en conseguir el Nobel de Literatura que ayudó a muchos intelectuales a huir del yugo fascista), Gertrud Kolmar (poeta alemana muerta en Auschwitz)...

He ahí la pretensión de Paloma Navares (Burgos, 1947). La artista, que culmina 43 años de trayectoria con Te pregunto, ¿son mariposas?, pide al público que no se deje deslumbrar por la belleza y hurgue en todo lo que esconde detrás.

«No se dejen llevar por la primera imagen, la primera sensación, composición, color e ideología que presenta el trabajo, excesivamente estético, pero excesivamente doloroso, suicida, mortuorio, como es la vida que han llevado las mujeres que están aquí representadas», observa la autora que rescata de la oscuridad a creadoras apartadas tanto en su época como en la actualidad, visibiliza a aquellas que encontraron en el suicidio la única vía para sostenerse emocionalmente, da voz a artistas silenciadas, recupera a mujeres perseguidas por la sinrazón de las guerras, aplaude a las que deciden vivir al margen de los hombres y de los sistemas sociales...

Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Ingeborg Bachmann, Ono no Komachi... Aparecen sus nombres, sus historias, sus rostros... y como alegoría de su fortaleza a pesar de su aparente fragilidad elige la mariposa, elemento que aparece en la serie Casas de placer. Mujeres de solaz, centrado en las mujeres asiáticas usadas como mercancía sexual, asesinadas o infectadas por enfermedades por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

«¿Son mariposas? Sí, lo son. Estas mariposas están representando el alma de un colectivo social que no está escuchado en la historia, ni a través de sus ritos ni de sus culturas, donde la superstición, el abandono social, la explotación, la falta de libertad y de consenso social las ha llevado a situaciones límites», expone y advierte que, aunque en estos momentos, parece que el campo empieza a florecer, «se ha segado el dolor», queda mucho por hacer: «La mujer sigue siendo una discapacitada dentro de la sociedad la mayoría de la veces, es la última en emanciparse en los estados menos sociales y económicos del mundo entero».

Navares está convencida de que el artista incide poco en la sociedad, pero también orgullosa de, por lo menos, procurarlo. «Debería ser una vocación de todos intentarlo cada día, preguntarnos en qué mundo vivimos y qué sociedad estamos construyendo, de dónde venimos y adónde vamos, si es que existe proyecto de humanidad», valora la burgalesa que vuelve al CAB quince años después de haberlo estrenado con su obra.

RUBÉN MARTÍN DE LUCAS «Las fronteras muestran nuestra inmadurez como especie»
Si los políticos se sentaran en la sala oscura del nivel -1 del CAB se mirarían y acabarían soltando una carcajada, cómplice incluso, después de percatarse de lo absurdo de su obsesión por levantar fronteras tras ver el vídeo La traza vacía, una de las tres partes en las que se articula Geometrías de una presencia efímera, la exposición de Rubén Martín de Lucas (Madrid, 1977), que no puede estar más de actualidad.

Repúblicas mínimas y Génesis 1:28 son los otros dos capítulos de esta propuesta que, como toda la obra del autor, obedece «a un fuerte compromiso sobre todo hacia la mirada que el hombre tiene de manera tradicional hacia la tierra».

Martín de Lucas se rebela hacia la visión más extendida del mundo, la de un varón anglosajón, de unos 40-50 años, una mirada hegemónica, poco plural, que, en su opinión, aunque se intente solucionar siempre tendrá un error de base que es que el foco siempre estará en el hombre. «Nos hemos dibujado en la cúspide de una pirámide y creemos que el resto de seres vivos, el resto del planeta, está a nuestro servicio», lamenta e insta a cuestionarse y replantearse esta realidad de una manera urgente. «Tenemos que empezar a vernos como algo más real, un nudo dentro de una red compleja, que es un ecosistema, que es la tierra, dentro de la cual solo suponemos un pequeño espacio de tiempo, ridículo, y a pesar de todo afirmamos que la tierra es nuestra».

El artista madrileño, que empezó a trabajar en solitario hace dos años tras pertenecer al colectivo Boa Mistura y entregarse al street art, se afana en ridiculizar esta visión antropocéntrica con tres proyectos.
El citado La traza vacía, realizado exprofeso para el CAB, se compone de parte plástica y videográfica. Al azar, a través de algoritmos informáticos, elige las coordenadas de unos territorios, los coge vía satélite, los imprime y con pintura negra marca la huella del hombre. Ocupa un 70% del territorio.

Repúblicas mínimas, compuesto por vídeo y fotografías, es un trabajo en proceso que empezó en 2015 y tiene el firme propósito de prolongarlo de por vida, «hasta que las fronteras o yo dejemos de existir». Estas piezas son el resultado de la apropiación de 100 metros cuadrados en los que constituye una república absurda habitada por una sola persona durante 24 horas. De momento, tiene nueve. En ellas se ve a una persona que levanta su muro y planta su tienda de campaña en un rastrojo, en medio del mar, en un aparcamiento vacío... en las que ese único habitante se dedica a correr, nadar, dormir la siesta en una hamaca... «Las fronteras son la muestra de nuestra inmadurez como especie, incapaz todavía de vivir sin ellas», denuncia.

‘Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla’. Este versículo aviva Génesis 1:28. «Son palabras del hombre puestas en boca de Dios que hablan de esa óptica antropocentrista y de cómo la multiplicación de nuestra especie en un territorio finito como es la Tierra está ejerciendo una presión brutal sobre el planeta y el resto de seres vivos», ahonda el autor que materializa esta idea en unos bloques de piedra con marcas que reflejan la densidad de varias ciudades del planeta y dos láminas de papel que comparan la población del año 1900 con la de 2000. La diferencia es impactante.

DAVID PALACÍN «No hemos evolucionado. Hoy hay 47 millones de esclavos»
Retorno a África recoge el trabajo que David Palacín (León, 1975) lleva haciendo en el llamado continente negro desde que en 2011 conoció Gorée, esa puerta de no retorno del esclavismo, símbolo de esos viajes de ida sin vuelta. El público reconocerá la serie de retratos, con los que el fotógrafo afincado en Burgos inició este proyecto que pretende completar esa vuelta a casa que los esclavos que partieron hacia América no pudieron recorrer. Ahora da un paso más y muestra cómo viven sus descendientes, cómo es esa isla que a él le sedujo sin remedio. Lo hace con una serie de fotografías y un vídeo, con guion del periodista Rodrigo Pérez Barredo, la voz del actor Martin Sheen y la música de Carlos Rincón, Jag Stone y Diego Galaz.

«Retorno a África es un viaje doble, un reencuentro con la memoria de millones de seres humanos arrancados de su tierra y un encuentro con sus descendientes, forzados por los nuevos métodos de esclavitud, la pobreza, la guerra, el aprovechamiento y la usurpación de sus derechos», afirma Javier del Campo, que llama la atención sobre el eco de la tradición española del retrato.

Y, como colofón, Palacín da una hostia en la cara: «No hemos evolucionado. Se calcula que a día de hoy en todo el mundo hay 47 millones de personas sumidas en la esclavitud».

 

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