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Burgos baila en el Cabaret Voltaire

La muestra de Alberto Basconcillos en la Sala Código UBU y los estrenos de los grupos Stupid Feats y Ryoko en el FAT rinden la creación local al dadaísmo, próximo a su centenario

A.S.R.
25/11/2015

 

El 5 de febrero de 2016, farolillos y guirnaldas vestirán la calle Spiegelgasse de la ciudad de Zurich. Hace cien años, con el olor del gas pulverizando Europa en medio de la Primera Guerra Mundial, un grupo de artistas refugiados en Suiza habilitaron un pequeño espacio cultural. Dinamitaron los cánones artísticos del momento y fusilaron a la razón. El Cabaret Voltaire fue el escenario del alumbramiento del dadaísmo. «Sus autores buscaban derrocar las leyes de la lógica y del pensamiento inmóvil por medio de la libertad absoluta, de lo inmediato, la contradicción y la espontaneidad en sus acciones».

Burgos se imbuye de aquel espíritu y se anticipa a la celebración de ese centenario con la exposición Dudadá, de Alberto Basconcillos, en la Sala Código UBU de la Universidad de Burgos, y con la celebración del Festival Audio Tangente (FAT) entre el viernes y el domingo consagrado a dadá. Este programa incluye el estreno de las propuestas de los grupos locales Stupid Feats y Ryoko.

Un siglo después, el dadaísmo azota a Burgos con más intensidad que en su momento. La voz de Hugo Ball, Hans Richter o Tristan Tzara apenas cruzaron los Pirineos. El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Burgos René Jesús Payo asegura que el eco de aquel movimiento fue inexistente a orillas del Arlanzón.

Sí se atreve a dar un nombre propio, «un personaje de una relativa vanguardia». El de Félix Alonso González. Pero ni siquiera confirma que se le pueda enrocar en el dadaísmo. Fue este un escultor que participó en la Exposición Universal de París en 1937, en la que se mostró el Guernica, con Josep Renau. Alonso fue un artista poco convencional al que la Guerra Civil truncó sus sueños y obligó a reconvertirse con «una escultura de supervivencia absolutamente convencional». Los panteones más llamativos del cementerio burgalés llevan su firma.

Tampoco el director de arte de la Fundación Caja de Burgos, Javier del Campo, pillado in fraganti y a bote pronto, recuerda su huella. «El dadaísmo es muy complejo y sofisticado y fruto de un tiempo concreto. No me consta que en Burgos se recogiera nada deliberadamente dadá, con su carácter de juego y provocación, sin entrar en la posterior consecuencia surrealista, que ya es otra cosa», observa sin querer que sus palabras suenen definitivas. Ahí quedan.

‘Dudadá’, absurdo al cubo

A Alberto Basconcillos no le ha dado tiempo a planchar. Su cerebro está manga por hombro. Sabía que llegarían los invitados. No le importaba que se pusieran estupendos. Los artistas son así. Él es un cachondo. El arte ha muerto. Indiferencia es una palabra vetada en Dudadá. La instalación creada por el artista burgalés para la Sala Código UBU -abierta hasta el 4 de enero- busca provocar, divertir y jugar con el público. Guarda mil y una interpretaciones. El autor confiesa que él tiene la suya. Ave María purísima. Calla. «Decepcionaría a la gente». Habla. «El dadaísmo parece un arte absurdo pero no lo es. Al final todo tiene su contexto, aunque donde uno ve un elefante rosa otro ve mariposas y quizás alguno un ataque con gas en la Primera Guerra Mundial».

Dudadá es el retrato de su creador. ¿Un colgado? ¿Un iluminado tocado con la varita mágica de los genios? ¡A quién le importa! «Lo que se ve fuera es lo que ya está hecho, lo que está bien puesto, tiene buena luz... Y dentro está mi cerebro, lleno de ideas, con muchas obras amontonadas...».
Cerebro a-cómoda-do que se revuelve. Escupe ideas, se rebela contra los mercachifles, baila en el cajón... Cerebro inventor de arma-tostes. Máquina de descifrar sueños, o descodificar secretos de alto estado, sin patentar; el primer ordenador portátil de la historia con impresora incorporada... E s c u e l a S u p e r i o r del E j é r c i t o. Cerebro abandonado al placer. Dildoceronte, grifonético, alambradas para los momentos amargos con un sostén rojo enredado, «lo pasional duele», suena una caja de música, sueños a lapicero...

Dudadá es el rastro con sentido, un cajón de sastre para coser o descoser ideas. Cada pieza se contonea con mil y un significados: absurdo, divertido, reflexivo... Dios manipulando al mundo. El rey, el hijo y el espíritu santo. Ratones muertos en las trincheras. Chiste para una escultura. La lógica mató al artista. Mensaje interceptado. Paloma cazada. ¡Alto! ¿Qué pasa señor agente? ¿Y tanto 5 y el 3? «Si tuviera respuestas estaría dando clases de metafísica en la universidad».

Dudadá es una muesca más de la fascinación de Basconcillos por la Primera Guerra Mundial. Un documental «bastante cruel» visto en La Salle cuando era un inocente escolar le marcó hasta este punto. Las cámaras antigás, los fusilamientos y las trincheras le persiguen. Aquel trauma se refleja aún hoy en sus obras. Sobre todo desde hace seis años. Se fue a Alemania. Y allí empezó a vomitar arte. Una maravilla.

Su última locura ha sido dejar diez pinturas abandonadas en Beelitz, un hospital en ruinas de Berlín. En cuanto pueda volverá a ver si siguen ahí o alguien se las ha llevado. Cree que estarán todas. «Los alemanes son muy correctos. O están todas o ninguna. Si están todas sería un auténtico fracaso. No importa. No necesito que mi arte sea una estadística». El arte vive.

‘El futurismo ha muerto. ¿De qué? De dadá’
«Ryoko -viaje en japonés- es un proyecto conjunto de experimentación sonora y visual que encuentra el lugar más cómodo en la mezcla de ruido y la música electrónica contemporánea». Está integrado por dos creadores burgaleses. Rehúsan dar sus nombres. Prefieren mantenerse en el anonimato. No quieren que su recorrido individual interfiera en su futuro conjunto.

Estos días están trabajando en residencia en Espacio Tangente. Aceptaron el reto dadá porque creen que su proceso creativo tiene muchas semejanzas con lo que este movimiento comenzó a ser.

Su punto de partida es una frase encontrada en uno de sus manifiestos: El futurismo ha muerto. ¿De qué? De dadá. «Dadá sentó las bases del anti arte, el anti programa, lo anti bélico... Hay una serie de ítems aplicables a nuestras estructuras de sonido sin perder la identidad de Ryoko», señala la mitad de esta pareja. El espectáculo se completa con imágenes de los cineastas dadaístas Viking Eggeling y Hans Richter.

Los dos creadores coincidieron en una de las jornadas del Dual Club en Espacio Tangente. Tras un concierto desarrollado por cada uno, ambos debían orquestar una improvisación final. Salió bien. Y un año después ahí siguen.

«El proyecto está poco definido. Empezamos en el contexto del sonido y la experimentación y por una serie de casualidades nos hemos ido adaptando a las convocatorias que encontrábamos viendo hasta dónde podíamos llegar», añade. La distancia recorrida ha sido larga. En estos once meses, han producido obra, expuesto en galerías, realizado instalaciones e incluso participaron en el simposio Entre la escucha y el ruido, del grupo de investigación Ikersoinu de la Universidad de Bilbao, una referencia, con relevantes figuras de la escena contemporánea del sonido y la experimentación. «Nuestra presencia aquí fue decisiva para seguir adelante».

A pesar de su corta vida, se juntaron el pasado mes de enero, ya han presentado su proyecto en distintas ciudades -Bilbao, Vitoria, Barcelona, Burgos- y están cerca de hacerlo fuera, donde este tipo de música tiene más tradición -«no se ve tan raro como pasa aún aquí»-, aunque Ryoko considera que se está avanzando y ya se empieza a ver esta experimentación como música. Y es que eso es lo que es.

Stupid Feats, ‘Coro enmudecido’
Quince años avalan la trayectoria de Stupid Feats. Como Ball, Richten o Marcel Janco en su día, buscan la ruptura con el arte establecido y eso significa una manera anárquica de trabajo, que lo mismo les lleva a juntarse a medianoche que a robar la leche de la nevera de un colega, y una creación basada en el juego, la provocación y la innovación, sin ajustarse a ningún código de circulación ni a ninguna Constitución.

Al Festival Audio Tangente (FAT) llegan el domingo con Coro enmudecido. Y enmudecen cuándo se les pregunta por su contenido. «Si avanzamos algo perdería todo su sentido. Una acción dadá busca, entre otras cosas, la espontaneidad y la sorpresa. Si explicamos lo que hacemos deja de ser dadá...», advierten antes de enseñar un poco la patita. Muy poco.

«El dadaísmo surge contra la razón, la tradición, las formas literarias y artísticas del momento y en Coro enmudecido el público no se va a encontrar una pieza acabada. Va a depender mucho de lo que pase ese día. Utilizaremos recursos sonoros que no están previamente establecidos», destaca Álvaro Alonso de Armiño, miembro de este colectivo junto a Javier Basconcillos, Sergio Corral y Javier Mediavilla.

Cuando se juntaron en el año 2000, aunaban las sensibilidades de distintos colectivos ya existentes como El Afilador, Francotiradores del vídeo, Los payasos del ritmo y otras experiencias performativas. ¿Su objetivo? «Pasarlo bien y plantear un proceso creativo entre artistas procedentes de diferentes lugares y disciplinas».

Debutaron con una acción en el Bourbon, estrenaron El acelerador de partículas en el Festival Escena Abierta de 2003, con el que luego giraron por varios encuentros de la geografía española, han realizado instalaciones en Espacio Tangente -se consideran un grupo residente en este centro de creación-, participado en la primera edición del FAT... Y ahí vuelven.

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