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Exposición

El cálido vuelo de Baltasar Lobo

Cultural Cordón reivindica al autor zamorano e invita a acercarse a su obra a partir de una colección de 70 esculturas y un puñado de dibujos que recogen sus temas más recurrentes como la maternidad, el cuerpo femenino o la evocación poética

A.S.R.
20/10/2017

 

«Siempre he soñado con una escultura de mármol que sea como un vuelo, que se eleve sobre el suelo para brillar en medio de la luz, que nos haga olvidar la pesadez, la penalidad de la tierra». Estas palabras de Baltasar Lobo (Cerecinos de Campos, Zamora, 1910 - París, 1993) iluminan las esculturas que cincelan la exposición con la que Cultural Cordón redescubre al autor zamorano y le brinda el reconocimiento y la divulgación que, en palabras del responsable de Cultura de la Fundación Caja de Burgos, Óscar Martínez, le han escatimado en su tierra a pesar de que Europa siempre lo ha tenido como «uno de los grandes de la vanguardia española».

La felicidad de la madre que juega con su niño, el risueño gesto de Balta, la coquetería de la mujer que se mira al espejo, la ternura de la madre acunando a su bebé, la candidez del abrazo envolvente de un pequeño con quien le ha dado la vida, la sensualidad de las curvas del cuerpo femenino, la serenidad de una mujer que piensa o la paloma como símbolo de la paz contagian al espectador «una suerte de alegría, de positivismo y de pasión por la belleza» que caracterizan la obra del autor zamorano que tras la Guerra Civil se exilió en Francia, donde vivió hasta su muerte.

70 piezas de los fondos del Ayuntamiento de Zamora y de la Fundación Baltasar Lobo componen Baltasar Lobo. Escultura en plenitud, que traza la trayectoria del artista a través de esculturas de bronce y mármol y un conjunto de dibujos representativos del escaso material que se conserva del trabajo realizado en España antes de partir a tierras francesas.

La muestra permite además acercarse al trabajo del escultor a partir de algunos de los modelos de yeso previos a la fundición y material inconcluso presente en su taller «con sus marcas, su pulso, el pálpito del artista», anota el director de Arte de la Fundación Caja de Burgos, Javier del Campo.

La maternidad, el cuerpo femenino y la evocación poética son temas recurrentes en la producción creativa de «uno de los grandes artistas de la vanguardia europea». Se inició en el cubismo y transitó por el surrealismo y la abstracción sin dejar de dibujar su propio camino.

«Su obra se caracteriza por esa sensación de abrazo, morbidez y fluidez, una sinuosidad que casi nos obliga a detenernos amorosamente en cada detalle, pero a la vez, inmediatamente, nos damos cuenta de que es absolutamente pétrea, maciza, construida con unos volúmenes plenos», define Del Campo al tiempo que advierte como estas obras hablan de los retos de la escultura de todos los tiempos. «Cómo se enfrenta al volumen, a la plenitud, a la frontalidad, cómo resuelve la horizontalidad, cómo convierte algo tan cotidiano como puede ser un cuerpo, una figura o una forma en algo totalmente distinto, algo que nos supera, que está más allá del límite de ese cuerpo, esa figura o esa forma», se explaya acompañado por los concejales de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Zamora, María Eugenia Cabezas y Christoph Strieder, que agradecían la recuperación de uno de sus artistas más importantes.

El retrato que perfila de él Baltasar Lobo. Escultura en plenitud se completa con un catálogo que incluye textos del propio Javier del Campo, el profesor de la Uned José Luis Hernando y el investigador del Instituto de Historia del CSIC Miguel Cabañas Bravo.

Cuatro capítulos para redescubrir a un artista
Baltasar Lobo. Escultura en plenitud aborda la trayectoria del autor zamorano desde sus trabajos antes de la Guerra Civil hasta sus últimos días en cuatro capítulos.

Ecos de un mundo apenas entrevisto. Un puñado de dibujos e ilustraciones, del poco material que se conserva de su trabajo en España, desvela las preocupaciones sociales y artísticas de Baltasar Lobo, que en 1939 huye a Francia, donde se topa con la ocupación nazi que le obligará a realizar obras en pequeño formato de yeso que recrean situaciones cotidianas, ocupadas en momentos íntimos, un tanto ausentes de cuanto las rodea.

Lo real soñado. Una breve estancia en la ciudad costera de La Ciotat en 1946, adonde llegó junto a su esposa en busca de reposo, acabó siendo determinante en su obra. El reencuentro con la luz, con no pocos españoles exiliados, con los cuerpos en la arena y el agua, con el juego y el desenfado permiten a Lobo explorar hasta el límite las posibilidades escultóricas de un tema que le acompañará durante largo tiempo como es la maternidad.

Buscar lo primordial, sugerir el cuerpo. Cuando la influencia de artistas como Pablo Picasso y Henri Laurens se queda atrás, su creación se torna más esencial, depurada y personal. Los cuerpos que esculpe exploran hasta el extremo, sin necesidad de torsiones ni gestos superfluos y grandilocuentes, asuntos propios de la escultura desde su origen: el volumen, el modo de resolver la frontalidad, el ritmo, la composición, la seducción de lo táctil, la sensualidad y la gracia.

Volúmenes plenos. Anatomías incompletas. El desnudo femenino marca el compás de su último trabajo. Lo fugaz y lo temporal convertido en eterno en unos desnudos hipnóticos, de volúmenes ondulados, imaginariamente mórbidos, maleables, pero absolutamente macizos e impenetrables.

 

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