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Entrevista a Amaya Iglesias, directora de la Escuela de Danza

«Crear público de danza es un reto»

Se enamoró del baile con cuatro años, fue discípula de María de Ávila y primera bailarina en compañías de Alemania, Gran Bretaña o Estados Unidos. Licenciada en Clásica por el Centro Nacional de la Danza de París, desde hace siete años da clases en Burgos

A.S.R.
27/04/2017

 

Un calendario desplegable a la vista, tutús colgados en el perchero, papeles encima de la mesa... El despacho de Amaya Iglesias es el de una directora con el mono puesto. Mientras sube las escaleras hacia el aula donde se fotografiará intercambia unas palabras sobre la gala de hoy con un profesor y cuando baja de nuevo resuelve una duda de agenda a una alumna. La directora de la Escuela Profesional de Danza se mueve debajo del escenario con la misma decisión y delicadeza que encima y, aunque aún se excusa por las pocas tablas como entrevistada, tiene las cosas claras.

Pregunta- ¿Con qué pie festejan el Día de la Danza?
Respuesta- Para nosotros es el día más importante y significativo. Festejamos nuestro día desde el disfrute y desde la reivindicación de lo que la danza significa para la vida. Es un día de celebración, de juntarnos todos y de fomentar lo que aporta esta enseñanza.

P.- ¿Y qué significa la danza para la vida?
R.- Es difícil de contestar. La música y la danza son intrínsecas al ser humano. Una cosa es tener ritmo y actitudes para desempeñarlas profesionalmente y otra es que estas artes son la conexión con uno mismo, con lo que uno es y con su parte creativa, con la expresión de la emoción, el sentimiento y el alma.

P.- Pero si la cultura en general está denostada en esta sociedad, la danza...
R.- Siempre decimos lo mismo. Puede sonar a disco rayado pero es una realidad. La danza en la sociedad no está tan presente en España y, sin embargo, cruzas la frontera y es algo normal y habitual. Y no hablo de dedicarse a ella o convertirte en bailarín. Una compañera se ha ido a Praga esta Semana Santa y venía maravillada porque en la cartelera tenía varias propuestas de danza en teatros diferentes donde elegir. ¿Y aquí? No es que no guste, pero es que hay que educar en ello y cuando esto se haga existirá demanda. A un niño le tienes que enseñar a apreciar la danza como aprende con la lectura, el fútbol o comer verduras. Y sí, queda mucho por hacer dentro de la artes escénicas y más en la danza, que va por detrás.

P.- ¿Hace falta más sensibilidad por parte de los políticos?
R.- La danza es útil para el ser humano. Y es verdad que las instituciones no deberían ver si es o no rentable. La educación y la cultura van más allá de un debate económico. Pero es que además sabemos que en otros países sí funciona económicamente. Tenemos que trabajar entre todos, los de arriba y los de abajo.

P.- Habla del proyecto del Taller Larreal del Conservatorio Mariemma de Madrid. ¿Puede ser el germen de esa futura compañía de Castilla y León que tanto se ha reclamado como el siguiente paso de esta Escuela?
R.- Ese taller es diferente a una compañía, se trata de que los alumnos adquieran una experiencia previa, se plantea para cursos de 5º y 6º, que están más cerca de esa salida laboral, pero también en 3º y 4º porque cuanto antes vayan aprendiendo, mejor. La compañía sería el paso siguiente, pero el perfil de sus componentes es distinto, sería ya un trabajo.

P.- ¿Ve factible esa futura compañía? ¿Que la administración impulse esa formación?
R.- Totalmente. Nos resolvería muchas cosas. Ahora, además de las clases propiamente dichas, tenemos muchas actividades que suponen un trabajo extra y un sobreesfuerzo tanto para los alumnos como para los profesores. Dos ejemplos son el taller Emocionarte, que acerca la Escuela de Danza a los colegios igual que lo hacen al parque de bomberos, y la gala con Síndrome de Down que preparamos con el Conservatorio de Música para el 12 de mayo en el Fórum.

P.- Una de las reivindicaciones que hacía en la apertura de curso era una mayor coordinación con los centros escolares de enseñanza reglada y la creación de un horario vespertino. ¿Han conseguido algo?
R.- Tuvimos la respuesta por parte de la Dirección Provincial de que se necesita un ratio mínimo, que entendemos y respetamos, pero vamos a seguir trabajando en ello porque aunque sea una minoría hay una necesidad. Nuestra principal prioridad es facilitar al alumnado la simultaneidad y no podemos ponernos de acuerdo con todos los centros en horarios, por mucho que lo intentamos, es imposible. Hacemos virguerías. Nuestros niños se levantan a las ocho de la mañana y terminan a las nueve de la noche. Aunque seamos una minoría, unos alumnos que hacen tantos sacrificios, tan disciplinados y tan responsables son especiales y la sociedad debe valorar ese esfuerzo. Sirven de ejemplo.

P.- Con tanta intensidad parece un milagro que tengan alumnos...
R.- ¡Y comen en veinte minutos! Parece mentira como que haya pintores, escritores... Volvemos a la importancia de la cultura. Sí se puede vivir de la cultura. Aquí en España cuesta, pero se puede hacer.

P.- ¿Los bailarines que salen de esta escuela, y de otras, se siguen teniendo que ir fuera de España por obligación?
R.- Lamentablemente, la mayoría sí. A día de hoy sigue siendo así. Digo a día de hoy porque mi realidad fue esa, con 16 años me fui de España. Y ahora también faltan salidas.

P.- ¿La situación mejora?
R.- Mejora, pero no como debería. Es muy complicado. Sí que es verdad, especialmente en contemporáneo, que cada vez hay más compañías, pero también que no son estables, trabajan por proyectos y contratan a esos bailarines por un tiempo muy determinado por lo que no están viviendo de la danza. Algunos enlazarán un proyecto detrás de otro, pero otros no. Ahí está el lado bueno. La crisis te obliga a sacar tu punto creativo, la capacidad de reinventarse. La creatividad es el futuro. La adaptabilidad es necesaria. Esa es la realidad de estas pequeñas compañías que hacen trabajos muy buenos pero no pueden tener un mínimo de estabilidad.

P.- ¿La crisis ha provocado un retroceso?
R.- Pues sí.

P.- Otra de las viejas metas es conseguir que la danza se entienda como cualquier otra carrera profesional. ¿Los padres cada vez entienden más que esto es así?
R.- Los padres ven una sociedad y si la danza no está en ella es normal que muchos no entiendan que es así. Esta profesión no está normalizada y a ellos no los culpo. La mayoría de los padres que traen a sus hijos a danza la apoyan. De ahí a que se planteen que su hijo se dedique profesionalmente a ello son muchos años de proceso, para el alumno y para el padre. Y hay mucho desconocimiento.

P.- ¿Siguen viniendo alumnos de fuera que los eligen para seguir sus estudios? ¿Cuál es el atractivo de este centro?
R.- Tenemos bastantes, a veces pensamos que nos gustaría que vinieran más de aquí como señal de esa normalización. Y una de las claves es el programa de profesores invitados. Es nuestra joya de la corona, sin quitar valor a los profesores de plantilla, que forman al alumno en el día a día, pero esos profesores invitados son gente que está en activo, trabaja en Europa y está actualizada y aporta al alumno una experiencia previa a estar en una compañía que tiene mucho valor.

P.- Después de once cursos. ¿Han hecho público?
R.- Creo que sí, pero no tanto como debería. De hecho, en algunos colegios nos encontramos que no saben que hay una escuela oficial en Castilla y León. La respuesta no es muy positiva. Hemos hecho mucho, si no, no habría estado Burgos en Lausanne.

P.- ¿Pero en el día a día?
R.- En el día a día sigue siendo un reto. Tener todavía más presencia en la ciudad lo es. Trabajamos en ello. No es suficiente.

P.- ¿Conseguir que se incremente la programación de danza es otro desafío?
R.- Totalmente.

P.- ¿Se programa poco?
R.- Muy poco, a nuestros alumnos hay que mandarlos a Madrid, Bilbao, Valladolid... Y tienen que pagar un dinero extra por algo que podrían ver en su ciudad.

Juan Carlos Santamaría, en la memoria y en las tablas
El Día de la Danza en la Escuela de Burgos tiene un nombre propio: Juan Carlos Santamaría. El director del centro hasta el curso pasado, fallecido en octubre, será el gran protagonista de la gala que se celebra hoy en el auditorio del número 27 de la calle Gonzalo de Berceo. «No hemos encontrado un día más significativo que mejor ponga en valor la labor que él realizó aquí», apunta su sucesora, Amaya Iglesias, que antes de tomar las riendas trabajó con el coreógrafo y bailarín como su jefa de estudios.

Y para ese homenaje han contado con la complicidad del Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma de Madrid, donde Santamaría puso en marcha el proyecto Taller Larreal, algo que existe en muchos conservatorios de España, que el exdirector soñaba con iniciar en Castilla y León y que se mantiene en los desvelos de la actual dirección. Es un proyecto que impulsa desde dentro una suerte de compañía que prepara una propuesta escénica desde el inicio hasta el fin.

«Es algo que la escuela está luchando por sacar adelante. Es su legado. Estamos dando continuidad a lo que él dejó», añade Iglesias al tiempo que advierte la importancia de esta iniciativa para las familias, la sociedad y, sobre todo, para los alumnos. «Tenemos que igualarnos con otras comunidades autonómicas porque el derecho del alumno es estar en igualdad de condiciones y la propuesta escénica es importante en la formación del alumnado, le da tablas para luego profesionalmente empezar a trabajar en compañías. Le aporta versatilidad y la experiencia de estar en el escenario», enfatiza la responsable al tiempo que espera que la presencia de Larreal abra una ventana e impulse esta idea.

Este espectáculo comenzará a las 18.30 horas y estará abierto al público. Pero el programa del Día de la Danza comenzará con un flashmob en la entrada (17.30 horas) y el montaje Perymetro (18 horas), una improvisación de danza contemporánea con música en directo gracias a la colaboración con el Conservatorio Rafael Frühbeck.

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