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Literatura

«El humor de Delibes es de sonrisa, no de carcajada»

La profesora Amparo Medina-Bocos habla sobre las claves de la escritura del autor vallisoletano

A.S.R.
02/03/2018

 

El camino es una de las obras más conocidas de Miguel Delibes. Los escolares de los ochenta y los noventa acompañaron a Daniel El Mochuelo en su despertar, en sus aventuras y desventuras. Esta novela fue el hilo del que tiró la profesora Amparo Medina-Bocos, especialista en el escritor vallisoletano, ayer en una charla enmarcada en la exposición Miguel Delibes ilustrador. Los dibujos de El camino, que ocupa el Monasterio de San Agustín hasta el 11 de marzo.

Medina-Bocos llamó la atención sobre una serie de aspectos a tener en cuenta en la lectura «de una forma reflexiva» de cualquier novela, aunque ella lo ejemplificó en la que protagoniza esta muestra.

¿Cuáles son esos elementos? «El tratamiento del tiempo y del espacio, cómo se perfilan los personajes y cuáles son, los recursos estilísticos que utiliza, la estructura, los capítulos...», enumera y, en el caso de El camino, subraya especialmente la narración de la historia desde el punto de vista del protagonista, la riqueza léxica, el ritmo y la musicalidad de su prosa y el humor que destila.

«Uno de los primeros estudiosos de la obra de Delibes ya dijo que la clave de su narrativa es la perspectiva desde la que cuenta las novelas. Mucha gente, pasados los años, piensa que esta historia está escrita en primera persona, que es Daniel el que habla, y no es así. Está en tercera persona, pero Delibes lo hace con tal habilidad que el lector tiene esa sensación. Existen dos voces narrativas: la del protagonista y la de un narrador culto que da forma a los pensamientos del niño, crea estructuras musicales y rítmicas y dice palabras que él nunca utilizaría», señala y observa que este mismo recurso se ve en Las ratas o en Los santos inocentes.

El léxico que se despliega a lo largo de los capítulos es importante. Medina-Bocos así lo afirma. ¿Lo es más porque, además, al referirse al mundo rural, está en peligro de extinción? «La literatura sirve para dejar testimonio de una época», dice y agrega que, efectivamente, la mayoría de las «palabras difíciles» se refieren a objetos que han desaparecido, labores agrícolas que casi nadie conoce «y que justamente están documentadas en obras que tratan de reflejar un momento histórico y una zona concreta como en este caso es la montaña cántabra».

La profesora cataloga igualmente de muy importante, «y poco estudiado», el humor en la narrativa de Delibes. «Tiene una ironía muy fina que, por ejemplo, se refleja en la confusiones léxicas de Daniel o en los golpes de humor inesperados en algunos personajes», advierte y fija el éxito en su virtuosismo para reproducir la forma de hablar de la gente.

«Se pueden espigar momentos de humor en Delibes, que, por otra parte, era tremendamente pesimista y tiene novelas bastante tremendas, sobre todo cuando denuncia la vida de los campesinos. Pero en medio de esa dureza siempre aparece un rasgo que rebaja la tensión y hace más amable lo que se cuenta. Su humor es de sonrisa, de complicidad con el personaje, no de carcajada», desarrolla la profesora para quien, naciendo en la capital pucelana, era inevitable fijarse en el autor de El hereje.

Cinco horas con Mario fue una de las primeras novelas que le impresionó. Cayó bajo el hechizo de su paisano y en esas continúa.

La profesora cree que Miguel Delibes sí tiene el reconocimiento que merece. No podía ser de otra manera. «Es uno de los nombres fundamentales de la novelística de la segunda mitad del siglo XX. Es indiscutible. Por la cantidad de su obra y por su variedad, tanto de géneros como de estructuras narrativas, con novelas que son diálogos como Las guerras de nuestros antepasados; monólogos como Cinco horas con Mario; o epistolarios como Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso», anota como ejemplos.

Alude igualmente al talante moral y la postura ética del escritor. «Defiende la vida de la gente que es víctima de la historia, transmite unos valores humanos y denuncia los problemas, aunque nunca aporta soluciones», concluye.

 

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